miércoles, 5 de noviembre de 2014

Romper el omamori

Un sueño
he sido para ti un sueño de luna de taxi,
una silueta recortada
entre tu cama y el foco.

No, no he sido yo
la hembra que sacrificado el músculo,
la tez,
la navaja que abre en canal
la sutura de grapas,
ese martillo
que te ha colgado en la pared

Mi boca no era mi boca
ni la tuya era la tuya,
las manos raíces
en movimiento 
que conducen al averno

He sido tu alucinación esta noche
y sólo tus dedos colocados sobre mi libro
en retrato de esquela
para decir después 
que la casa olía a mí,
pero no, emanaba la fragancia 
de una asesina
que crees amar.

II

Eres el hombre de las piedras,
tienes un templo a tu alcance,
me hablas de la Cábala
y no te gusta la poesía


mientras el humo opiáceo
nubla mi vista
para no ver mi cuerpo denudo de hambre.

III

Me has regalado un saco de terciopelo,
menudo y bien empaquetado,
yo, mi tiempo; el reloj de mis senos,
los quejidos de aguja,
el tic tac de mi desesperación.

La culpa la tiene 
la luna demagogia...
ahora lo comprendo.

IV


He vuelto como una sombra aletargada,
la primera y la última.

¿Qué tendrán que ver los planetas,
en este asunto?

Sus conexiones, sus confrontaciones,
bolas de petanca huecas
encima de arena de gato.

Diez amuletos para mí, cada vez que veo el reflejo de los pensamientos
en cada uno de tus prismas.
Yo hoy, mi doble, mi fotocopia,
mi impostora ha venido a borrar la saliva del hombre
que verdadera mente amo.

Acoge la noche, pues, 
tengo las alas
rotas.

V

Turquesa, 
ónix, 
lapislázuli, 
rosa-cuarzo-blanco, 
jade, 
amatista, 
ojo de tigre,
pirita. 

Todo tú en mí.

Y avergozado me dijiste qué suerte él tiene,
y respondí al romero que brotaba de tus labios.

¿Cómo es posible qué nunca hayas cogido un avión?








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