jueves, 25 de septiembre de 2014

Las primeras ramas deshilachadas de otoño.

Para él, un árbol.

Sí, esa es la definición
apropiada.

Ignoro si un manzano,
peral o poste de luz.

Pero, no un árbol
para arañas de gato
ni orines de perros.

Un árbol corcho.
Un árbol caucho.

En mi espalda
escribió dos iniciales,

un corazón
de polígono abierto

y una flecha falo.

II


De lo que si estoy segura
que sauce llorón no soy,
no hay lágrima de resina
en las piedras
de mis ojos de gata.

Tal vez, el peor, de toda la arboleda.

La palmera.

Refugio del viajero.
Obelisco del oasis.

III

Simiente, raíz y sombra.

IV

Si por un momento sintieras
la salvia abocada
sobre mi cuerpo
como ese árbol que exhausto que lucha contra el viento,
y las humedades que sobre mi tierra germinas.

Cuando tus manos sobre mis muslos.
Cuando la arada de tu lengua sobre mis pezones lunas.
Cuando tu virilidad es rama de mi tronco.
Si tú sintieras el milagro del Amazonas...

Crea usted, naúfrago.

Con el corazón y no con el bosque.

De esta isla, 
usted, salir no quisiera.








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