Reventón
El amor y sus estandartes.
Contra viento y marea.
Mistral dentro de una caja de ritmos,
el viento que traquetea cada falange
en la enajenación transitoria.
El amor emérito, el que sale de las entrañas
de la meteorología. Arranque
de ramas desprovistas,
celoso y exacerbado, que descoloca
todo a su paso: contenedores, señales de tráfico, peluquines y faldas;
con la ráfaga amatoria de la voladura de dinamita.
Ventanal trémulo. Sesgo de flores.
Desperdicios anarquistas.
El desplome de Cupido
en ese bar de copas
y la desnudez de la cardiología.
Esta bocanada que imposibilita el viaje
del pájaro, que anima al fuego
a la persecución inminente.
Mar embravecido, anhelo de barco,
el éxtasis de los árboles y de los postes,
un eco de imágenes
donde la festividad
se desnuca. La rosa decaída,
la parálisis de caminar
hacia el ayer, empuje
entre portales del tiempo
y los cristales desdentados.
Esta intangibilidad
que impide lo inevitable:
el desencadenante de un siniestro,
un coche en la autopista que tiembla.
Sí, el amor de San Valentín,
la alerta roja como una ciclogénesis comercial
que te abraza como si fueras una mujer de papel entre hojarascas
y te estampa contra los ángulos de los edificios.
Feliz jornada de reflexión
en una vida que pertenece
a la naturaleza salvaje.
Comentarios
Publicar un comentario