sábado, 3 de diciembre de 2016

Los crisantemos naranjas.

1. La soledad.

Colmar de vaho los cristales 
del consumo rápido donde los grillos han muerto de silencio
y la intemperie de los andenes se abriga.

2. El enigma.

Que de mi vida, tú, eres el desorbitado,
el tumulto, el colosal enjambre
que hurga mi sexo en escuadra 
para sed y viento, pero en ganas y molino,
de desaparecer dentro tuyo
buscando el recodo inscrito de lo que uno no planea y vuela, 
vuela lejos con la salamandra.

3. La fe.

Que me has llenado el vacío.
Que en mecanografía viertes sendero.
Que tu mano mece y yo caigo a los abismos
del grito poético entre tus carnes.

4. El nido.

Anacoreta de ojos de mares de Lorca,
de pecho alféizar en la casa de tu casa,
abre las alimañas y deja que esta hiedra, que este geranio roto, que esta mujer de vendas, 
de avatares y de pasillos 
con tacto, con risa, contigo por siempre
como un tatuaje de inicio
abra las ventanas de la torre.

5. La verdad.

Para que la piel desprenda el olor de tu tierra.

Después de la lluvia de los cuerpos.



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