miércoles, 5 de febrero de 2014

LIDIA

Cantar riachuelos limpios
de topos verdes sobre la acera.

Cantar de sonrisas de ecos nacientes entre las ramas,
de los primeros dientes de leche,
del amor.

Cuando el olivo centenario
con noventa raíces a la vera de su nieta,

cuece tiernas canciones de arrullo,
donde el terciopelo se vuelve la piel de la sabiduría,
todo,
es leña que acalora la estancia de un rincón del siglo XXI.

De vez en cuando existe un milagro,
la niña del paraguas de vainilla
es cobijada por el lecho de su bisabuela,
son esos encuentros fugaces de eternidad absoluta
del padre cuando besó la frente al hijo,
de recién nacido sobre el pecho latente,
del Amor.

Lidia de ojos azules del gen paterno,
del llanto que canta aria como su madre Diva,
que se mece entre lunas Chopin de música
y el acertijo de que la belleza es silencio,
tregua,paz,generación arboleda,
chocolate humeante
y cielos que por primera vez son oídos
al amparo de un cascabel de enlaces rítmicos.

Porque lunes y domingo se abrazan,
muros e hiedras se abrazan,
Lidia gota y mar Bisabuela se abrazan

del Amor.



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