I Estoy sentada en la cocina y observo el temporizador de un horno acústico. Levante de brazo: el murmullo eólico por la canción de las rocas. La cuenta de cien jarrones chinos, de un enjambre de avispas, de miles de chinchetas en mi espalda. He abierto el cajón y he tomado las tijeras del pescado. Voy a cortarme la lengua. II Voy a cortarme la lengua. El impedimento de un susurro que serpentea, pródiga tu nombre malherido. III Vueltas alrededor de la mesa, entre las sillas malhumoradas. Un pájaro carpintero que construye un árbol de nidos adyacentes. No tengo lengua, he privado de libertad a la palabra. IV Tambores de guerra se han cobijado en este molde de mujer autoestopista. Golpes, tragicomedia del sentimiento, que evocan alaridos. V El amor es una pamplina, y este pecho se ha convertido en un edén de música animal. Cupido borracho ha bajado de la cantina y con un arpón ha perforado mis vísceras de poeta, mi vientre cetáceo, la paz que habitaba en la morgue, un silencio huérf...
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Mostrando entradas de enero, 2026
La pequeña Susana
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De niña siempre tuve un sueño recurrente y, la verdad, con el tiempo se volvió insufrible. Oía ladridos junto a la imagen de unas linternas, como luciérnagas que iluminaban la noche mientras huía a campo a través. La maldad me perseguía sin piedad. Fue una temporada larga, hasta que un día descubrí que si abría la puerta de un mueble de la casa de mi abuela, la ansiedad se desvanecía por completo. Tenía nueve años cuando bebí mi primer trago y, a escondidas, empecé un ritual que me despedía del miedo. Por eso, los alcohólicos insertados tenemos algo de la melancolía del fragmento de los cristales. Aspiramos el alcohol en las friegas de nuestras heridas y pensamos las veces que cualquier objeto nos servía para guardar con celo el elixir sagrado que nos vencía del pánico. Ahora bebo del agua del mar cuando necesito ahogar una pena. He roto el camino de la persecución de aquellos que con saña me señalan con sus luces, y los perros son mis amigos. Perder la inocencia fue f...
THE MAGICAL NIGHT OF THE THREE KINGS
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Mientras escucho en la radio el enésimo parte de metereología, van cayendo pseudocopos que tienen el sobrenombre de gotas de lluvia. En Onda, la niebla parece espuma de poliuretano y, créeme, no puedo evitar a King en su odisea de supermercado, comprando a doquier obsequios con papel de caramelo. He oído un par de bocinas y el relincho de un par de viejos caballos. Los camellos no se aclimatan fácilmente en tierras sin costa. Y el costo es muy caro. Yo sé que he sido una chica muy mala, en otra vida; me lo aseguró una vidente de La Vall, y me quedé tan estupefacta con mi legión de barbitúricos lanzándose al aire cuando las carrozas han bajado por las cuestas. No espero nada debajo del árbol, porque aprendí a talar con un hacha demasiado poderosa. Quizá sea infantil la poda de creer que, si la hierba florece y añado un vaso de agua, voy a recibir el contrato de mi vida con la mejor editorial de Montana. Apenas el año ha arrancado su desmembramiento, ya tengo varios círc...