miércoles, 11 de junio de 2014

Akane y Arale.

Tiempo que Akane no sabía nada de Arale,
esa chica robótica con alas en las gafas.

Esta tarde con el acercamiento
del ecuador calorífico,
Arale y Akane hablaron.

II

Queda pendiente 
otro almuerzo como el último,
que compartimos entre risas
con dedos maquillados
por esmalte y coloretes rubor guerra.

Nos van bien las cosas
y eso es como el tulipán
que ha nacido de una maceta olvidada
en el cobertizo.

Arale es más realista
y ética que Akane.

Pues, conocedora es
de su deporte favorito,

llenarse los pulmones
de Mar Capasos
y aterrizar en el fondo,
con una terrible apnea
que la convierte en una pez mantaquilla


Por eso la coge por el pelo rubio 
con esa brutalidad dulce
de decir las cosas claras,
típicas de una niña de metal
a su tocaya de punto.

Para que escupa
el agua tragada,
y tome aire
como el de un trienio
de hélices de barco.

-Respira Akane.
 Respira.

 No te ahogues.

 No seas el tapiz de arenillas
 del Mar Casposo.

Me decía a través de su escafandra
ambas prendidas a la red del pescador.
  
III

Estoy bien, a pesar de las yagas
con todos, las anguilas,
de las aristas estrellas
que se clavan escaleras
en mi columna.

Camino en una fosa abisal de luz.

Viví Arale en un submarino mucho tiempo
y el astro aún ciega.

Vuelve a sacar mi cabeza de debajo del océano,
me gusta respirar jazmín.

Que fortuna tener poderes
y un tórax de acero.

Sabes hoy ha nacido una pizza
en un fábrica de ultracongelados
con extra de mozzarella y pepperoni
y unas birras de amistad entrelazada
para nosotras.

Vinculante
tejidas.

IV

Akane da las gracias a Arale.
Arigato gozaimasshta.

Besitos de gatitos con sabor a gominolas.









2 comentarios:

  1. Suena bien tener amistades e intimar aunque las mantaquillas lo acaben poniendo todo perdido.
    Felicidades

    ResponderEliminar