martes, 10 de diciembre de 2013

LA LLAVE DE LAS MARAVILLAS:

La llave maestra
siempre a la cerradura le aconseja,
el mismo aceite de la vida,
traspasado de generación en generación.

Leed,leed clásicos,
no olvidéis la memoria histriónica
de los aconteceres.

Un libro es una arma arrojadiza
hagamos,pues,la revolución lanzando tomos,
a los parques,a las autopistas,
a los novios henchidos de deseo
recién salidos de la Seu.

Mis manos son dos hojas abiertas
con el camino cebra
escribiente de un punto indeterminado
a equis distancias
de tantos corazones,

tanto tiempo mortificándome
quizás esa sea la redención,
empezar a sacarlos de las estanterías
y empezar a crear alcázares 
que nos guarden de la herejía,
y la censura vestida de Drag Queen.

Leed,al romanticismo,
a la Edad media,
glosarios y sonetos,
y niña pequeña del mar,
no seas Tomasiana
metiendo los dedos nasos en la política ulcerada.

Las llaves con sus tornos
con aroma a óxido
que abren baúles mentales
y son chocolate.

Maestros cerrajeros,
candado mi compromiso,
leo,sí,
leo al orín del contenedor
que luego un pensionista
abre sigiloso para coger una bandeja,

leo cada fila de gente en el paro,
leo la tele que me vende plantillas anatómicas,
leo en el ambulatorio los abuelos
que hacinados mueren de pena.

leo la factura de un curso escolar,
leo mi lengua de trapo,
leo la resignación en nuestros ojos,
la cultura hedonista de vivir con campanillas
para no frenar la barbarie.

Por eso en las luchas
los poetas son los leones de la selva
y organizan safari por sus cabezas.

Leo, leo, leo y aprendo hasta de un bote de guisantes.

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