sábado, 7 de noviembre de 2015

Papel, boli en un vagón (Carta)

No sé aún muy bien lo acaecido, un zarpazo me tumbó de la silla, y al levantar mi cabeza...tú, tú, tú, ya no estabas.
 En esos menesteres siempre has sido más fuerte que yo, y que conste que no es una actitud de infravalorar mi persona, pues, mi especie es el diamante, y mis hijos lo llevan tatuado.
 Has cortado la comunicación, y sabes que es una tortura  para el animal que mora dentro de mi cuerpo humano...
Y ahora, borracha de noche en Cabañal, perdida gata vieja, pululando entre contenedores y semáforos miopes. Observando cabinas que igual que molinos quijotescos se transforman en fulanas que me incitan al pecado de tocar sus pezones para llamarte a esta deshora, notando la humedad de la Malvarrosa y el hueco de un estómago hambriento de respuesta.
 Te hubiese llamado por teléfono mil veces, pero mi sensatez me lleva a un andén destartalado, con huecos de túnel, entre lombrices mecánicas. 

 En ningún momento pensé en lanzarme a la vía, porque si he de morir de amor será a pié de guerra para muchas personas: mujeres, niños, ancianos, animales.
 Mi universalidad poética me impide morir por un solo hombre.

 Sabes nunca entendí que si entre nosotros hubiese sólo amistad, por qué ni siquiera podía escribir en el muro de tu Facebook. Nunca, lo entendí dentro del mismo idioma de la RAE si no era nada, qué cuando tuviste pareja oficial fuiste más mío que nunca, y esa belleza compartida a tres bandas, fue la época más dichosa de mi vida, más que la última donde eres de todas y todas no son de ti.
 Por eso no me enervaba en aquel período, cuando las zapatillas femeninas de casa de otra mujer, eran un saludo de entrada a un coto con dueña. Porque ella te hizo feliz, y yo deseo tu felicidad.
 Pero nosotros somos monos de feria, nos gusta la dificultad, porque de niños aprendimos a luchar con monstruos que llevaban nuestra propia sangre, desde la isla de niña violada y cuerpo lleno de golpes, escuché tu aullido, la ducha que limpiaba la sorna, la sarna, el rechazo, la purga como yo vi la mía penetrar sobre mis piernas forzadas en rotura, en intentos de suicidio y autodestrucción, también me estigmatizaron en demonio cuando era sacra.
 Fui una mal querida, ansiosa de aprender de ti, todos los ecosistemas, y en ese aula, me enamoré de ti perdida y encontrada, me enseñaste la aurora boreal, el sexo, el poema, el amor de los animales, el masaje, el incienso, el poder de la risa irónica, el abrazo, la mirada muda y esa parte que vive escondida como un cachorro abandonado, recuerdo cómo lo expresabas: Un día me abandonaron en la carretera, los gatos están nerviosos porque tienen miedo al abandono como todos...
 YO NUNCA LO HUBIESE HECHO.
 Convertiste mi vivienda en un clon de tu vida, gatos, bueno uno más que tú, el mío, en esa aritmética errónea de que siempre estaba compitiendo contigo.
 Dos gatos más uno y una Roomba, un ufo que rodaba horizontal devorando las epiteliales y cabellos que tanta filia te inducían junto a un fetichismo de reflejo compartido, por eso, te regalé una toalla y una funda nórdica de tono chocolate, pues, es el color de la tierra mojada de la Tramuntana. Y sabía que en ellas otros cuerpos, sombras y pesos, serían nuestros. 

 Siempre me decías que quería casarme, y después de que nuestro lío fuese un río y después un océano, optaste en plan mezquino bombardear mi corazón  con palabrería de manual. Ese acto se lo creerá tu espejo y los espectadores de nuestro vodevil, cuando con tu máquina afeitadora rasuras la vida en un intento de extraer de raíz el pasado, pero servidora no traga.

 Y empezó la hecatombe...No, no quería casarme, ni nunca te hubiese impedido viajar, somos hierba de campo, garabato, estaba dispuesta a una relación de puertas abiertas, no creo en los vínculos cerrados: Sartre y Beauvoir, Rivera y Khalo y tantos otros que hacían de la poesía la métrica de una propiedad sin dueños.

Pero esta carta es una divagación de resaca en cabeza, para qué, si tú no me amas...es hablar por hablar.

 Cuántas veces iba hacia tu casa, como una chiquilla, y esperé que expresaras lo contrario de lo que tus acciones demostraban y dijeras: Luisa, quema tus libros, ven a la montaña donde el rocío crea las más bellas metáforas y escribir la letra con la corteza de pino es volver a nacer, deja que el musgo crezca sobre la piel; escucharás el recital de las hojas en bruma anochecida, contemplarás el sol respirando el aliento del mar fósil que en un ayer vivió en el monte, cultivaremos calabazas y beberemos agua de lluvia; vive en mí como yo viviré en ti.

 (Por ello, cuando muera deseo ser incinerada y que mi cuerpo sea esparcido por  Lluc, el mar Mediterráneo y  Espadán)

Lo hubiese dejado todo, por ti, te hubiese seguido hasta los inviernos, mas ante la evidencia de tu rechazo, me acercaba a lo que más odiabas, el espectáculo, la vorágine, el aplauso, lo rancio.


Hubiera desnudado el alma.

Y hubiese sido sólo para ti.

Maldito sueño de Dalí, ahora, que me has echado de tu existencia,

Pero, tú no me amas, y todo ésto, es la verborrea de una ida inventa-cuentos en un tren sentada. 

Me he caído de una silla, y al levantarme, ya no estás, tú, tú, tú.
Fin.


2 comentarios:

  1. Parece un corto trayecto, aunque suena a intenso.
    Lo que no compro es lo del Fin. Me da que sigue.

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