sábado, 28 de noviembre de 2015

Los elegidos van a la arena.

Cuando era niña pasé el calvario,
no porque fuese a un colegio de hábito,
sino por mi manera de asir el lapicero, que
era, considerada una anarquía a tantos siglos 
de ignorancia.

Lo prendía como un garrote, y sin embargo, mi caligrafía
"pluscuamperfecta" coronaba al milímetro
las cuartillas. 

Dos imágenes de lo bueno y lo malo,
expuesta propaganda extremista
de la corrección y del revolucionario.

Supongo que decir mierda en un poema
no es correcto,
no es viscosa la palabra,
es simplemente unas vocales o consonantes
que reorganizadas en sindicatos
toman la forma de una geografía: Mérida.

Benditos apóstoles
que nos enseñan la duplicidad.
Escribía con una maestría inaudita,
pero, no cogía bien el útil.

Condenada a transcribir en lápiz,
el bolígrafo se inventó para los sumisos
de origen.

La sarna, y las broncas del estilo
de esta niña con pose de hija del diablo,
no sabe hacer las cosas como el resto,
rara,
extraña,
peculiar,
limitada,
exclusiva,
marciana,
insurrecta,
maleducada
y boliche.


Aprendí, no os quepa duda, luego en la calle
volví a ser un oso panda expuesto
contra las normas.

Ayer me sentí como esa petarda vapuleada
en público, soy consciente de mis carencias
e hice trampa, un lindo vaso de agua en un microondas
explotando delante del hocico.

Las listillas siempre serán diana de recriminación;
las cojas que usan palos de naranjo
para correr a la meta, exterminadas.

Aprenderé aunque me cueste una tendinitis en el codo,
ayer ya supe que el atajo conduce al pozo de los cocodrilos
que no pían la melodía de Chopin.

Otra vez esta maldición de no ser estadística,
de ser ese 1% que se va a la mierda.

Visión de poeta con temporalidad de siglos,
pero, que para dibujar mesas, no sirve.

Kk...

2 comentarios:

  1. No funciona la ironía en las entradas del blog.

    Se leen como confesiones verdaderas
    y lo que es peor se entienden como gritos.

    Pero ¿Quién soy yo para decir nada?
    Ruego a usted su perdón. Y diga Mierda
    tantas veces como se lo pida el cuerpo.

    Un abrazo en la indigencia.

    ResponderEliminar