martes, 3 de noviembre de 2015

La pastilla de jabón de lavanda.

En la niñez con mi soledad habitada
solía sentarme en los bordillos,
con la calma de espiga
alborotando al jilguero curioso de las manos.

Los vecinos de las caracolas en la garganta
miraban a ese cuerpo de minúscula que esperaba
algo, alguien,
un meteoro de algodón de vestido
tejido por mi abuela con los besos.

En la coz de la noche
mis ojos en la penumbra
aguardando la frase hecha 
de retales de mudas,
aposentada en nido de cemento
retina creyente que un día vendría
la fragua que acariciara las yemas de mis dedos,
que rondara el flequillo
lacio de cobre.

Espera amarga de lo que no regresa
si nunca ha llegado.

Y levanté haciendo honores
con unas cuantas décadas de excedencia
a las mariposas del yeso,
a las polillas de Primark
que ahora en acto revolucionario
amadas moscas del vinagre son.

Y desdije todas las promesas
y miré a Polonia, el destino sin preguntas,
y susurré "maleta" al viento, con la sierra 
de las montañas 
en pantalla panorámica.

¿Y por qué no?

El viaje ha empezado.

Conmigo me basto.





2 comentarios:

  1. Como siempre, tus letras me hacen pensar y a la vez esbozar una sonrisa, con ese estilo tuyo tan particular e inconfundible que a nadie deja indiferente.
    Tan genial como siempre Llüisa.
    Abrazo.

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