jueves, 8 de marzo de 2018

Re-cuerdo, re-cuerda.

Soy loba.
Soy tigre

He amamantado con mi leche.
A los niños de las incubadoras de azúcar.

Y mi sangre en bolsas
calmó la sed de la vena
para tomar fuerzas hasta el camino de los valles. Cavando las zanjas para rellenarlas con los muertos que he sobrevivido.

Soy escorpión.
Soy cuervo.

Han asesinado mis ovarios.

Y mi nariz fue rota sin permiso,
el día de la cicatriz que se halla
bajo el seno izquierdo.

Que impide olvidar el incendio devastador en
la noche de las casas de las muñecas.

He visto a mi madre caer como un sol
y correr la gente despavorida por la alarma.

Soy delfín.
Soy ballena.

Guardar el llanto tras la renuncia.
Construir chozas con el barro y la orina.

Acunar los huérfanos del poema.
Y sanar con gasas las pus de los abandonados y de los leprosos.

Soy la madre del mundo.
La hija que cruzó un mar igual
que pierde humo la alameda en llamas.
Una madre con sus hijos lejos
como una gata que le han cortado sus pezones.

La chica en una clínica de abortos clandestinos
sentada en una silla plegable.
Detrás de una cortina de ducha.

La crucificada.
La apaleada
de injurias y piedras del color negro.

Soy mujer.
Soy mujer.

Y he derribado los comentarios de hedor y sarna.
He donado la córnea, la médula.
La vida hipotecaria para huir del demonio.

Soy mujer loba, tigre, escorpión, cuervo, delfín y ballena.
Nací por la inflexión de un hombre y una mujer.
Y con este teorema. No resuelvo nada.

He vivido cada una de mis muertes
como una victoria frente al enemigo.
Sanadora e insolente.
Purificadora y letal.

Soy lo que ves.
Trabajo, heridas y salinidad.

Mira al espejo, cierra lo ojos y reconoce
la luz de los estigmatizados.


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