miércoles, 15 de marzo de 2017

Yonquis

Este trozo de carne
en que me he trastocado
con la inercia
de un elástico

haciendo de tu poema
rayas
"cebriles"
y necesarias para que el "oroficio"
de nariz esnife
tu verso de verso
en descolamientos de apéndices.

La incertidumbre
el desvarío de la brújula
los cometas
haciendo cola
de ganchillo
en el éxtasis que supone
el releer cada golpe.

La comisura blanca
con las pupilas en dilatación
con las estrofas del poema.

Regulación del pulsómetro
trabado a la víscera
de un ostracismo
dando hedor al trozo necrófilo
que flota
que irradia
todo el venidero mayo.

La suerte mudadora de piel.
El dedal en cada yema.
El caos.
Y la drogadicción más asesina
la que no llora ni una mísera gota
de sangre.

De leer y morir de poemosis.

Y ya no saber del amor o de las culebras.



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