Cuadrículas cuadriculadas
Cuando te conviertes en la pieza de un tablero, la sensación es vertiginosa. Fue un inicio de partida donde yo, como buena reina, tomé las mejores posiciones. No obstante descuidé los flancos y mis peones fueron cayendo en una maniobra estratégica digna de un experto soviético. Yo aún seguía confiada por el arrojo de mi guardia pretoriana: la distancia era inalcanzable y mis torres eran altos obeliscos. Los ladrillos de sus cimientos fueron birlados con destreza y cayeron del modo más estrepitoso. Ya los caballos, inquietos, presentían la tragedia ante la horquilla de un peón que realmente era un rey aventajado. Y, a pesar de mis esfuerzos, la voracidad del contrincante me dejó tan expuesta como un rótulo en un casino. Los alfiles aconsejan el abandono inminente: un taxi Uber y no mirar atrás durante el trayecto que dure salir de esta tómbola que me mortifica y entretiene. Jaque mate, piensan los q...