martes, 31 de enero de 2017

La ligereza.

Él era mi amigo, porque yo quería
que fuese mi amigo,
y el tiempo lo había transformado en un mago.

Su luz era prodigiosa y muchos meses
de polillas habían dado lugar
a una faz de chamanismo que le envolvía entero
mientras encendía velas blancas
 hablábamos, o mejor dicho,
sólo la verborrea de la que testifica.

Cuando tengo tiempo, y en los últimos meses no tengo.

Acudo a su sanación adquirida: reiki, y su seguridad
convence, y eso, que siempre he sido
una cafre incrédula..

La verdad que fue terrible la sensación
que invadió el pecho
y un alarido de pena
salió libre de entre las costillas.

Entonces mi amigo que ahora era mago,
con su haz budista
y las tenazas que te sujetan del abismo
me abrazo muy fuerte,
y dijo, saca lo que apresado yace en tu pecho,
llora, saco todo lo malo,
esta condena no se va ni escribiendo.

Las palabras no la pueden liberar por mucho que escribas.

Llora y no tengas miedo.




Carnet de manipulación

Enamorarse de la vida en esta
o en otra, convertir en espejo
el poso del cuerpo sobre el colchón de lana.

Puede o no puede en la demagogia
del limpiachimeneas como la estrella del supermercado,
recién destilada, 
en ámbito, en circunferencias,
en rancio y desdén,
en cometa y oso,
en cobaya y premio en este andén de misiones
de monedas y monólogos.

Puede, poder se puede
y es lo que anhelan los todopoderosos
amar sin ser amados,
querer sin ápice tocando lo imposible
de dormir etéreo a la vera del infierno
besando con los ojos los labios,
morir en vida,
vivir muerto,
para-rayos, papayas y escafandras.

Poder o no poder,
en cadena, perpetua sucesión de 
bares asolados, furcias vestidas de etiqueta,
cadáveres con pastillas,
anhelar en la distancia,
acoplar en desesperación albina,
meter y maldecir,
puede, sí, se puede,
o por lo menos en cada pausa

televisiva 
lo intentamos.

viernes, 27 de enero de 2017

Marejadas

Me quedo con las ganas
del sabor de la confitura en el filo de lengua
con las ganas de que tu boca-bahía
al amparo de la barcaza,
sea pedazo descorche de rompeolas
que siente la mar anegar por todas partes;
sé que nuestro encuentro,
hubiese sido, temerosa conquista de ciudad,
y sorber tu solo, y adorar la quimera,  el esdrujular de tu fortaleza.

Al Malabi, dijo, que en almena dactilar mi corazón quedó prensado.

Las espirales de fuego rompiendo la olla
y en la hoguera de tú, tú, tú, de tú,
de todas la verjas que abren tu piel,
poro a poro que he lamido, que he sentido
y con las manos quemadas escribo este poema,
la renuncia de mi amor, por ti,
porque eres esa luz que se enciende en todas las casas
a la hora del silencio.
Hubiese sido tu amante, al abrigo de tus libros colocados como alfombras,
voladoras manzanas de tu huerto escarchado
pero, me quedo con las ganas,
de la miel pegada a los dedos, las ganas,
de ser poema bajo lumbre en sábanas mirando al estrecho,
con las ganas de haber perdido nuestra oportunidad.

Me costó, crea,
toda mi fragata hecha trozos
en su ducha
con el mismo jabón que lava su cuerpo
todos los días del año.
                                                  Lluïsa Lladó.

lunes, 23 de enero de 2017

El Amor.

I

El amor.

II

El amor, qué gran invención a manos de las pastelerías.

III

El amor, lo que siento acurrucada en el hueco de tu letra.
La paciencia de las cerraduras
que se cierran a nuestra espalda
para que en el regreso la palabra de un salto
se acomode entre las bocas.

Mi amor, de vertientes del río,
que hace piruetas 
como un carpa que traviesa
limpia las manos.

Porque tú, mi amor, el hombre que me cuida,
que ha soportado
los cauces en rebeldía,
mis ojos blancos, el verso maldito.

Eres tú, lo deseado en sequía
para lluvia de mi lunes
de enseñarme lo que significa
la paz de los pájaros,
la mañana sin nubes,
la acrobacia de los estorninos
viendo llegar los faros de los coches
que se cruzan en nuestro oráculo.

Los vicios insanos, las costumbres
en la convivencia de los pies descalzos, 
la manía de escribir cuando duermes
con el camaleón que muerde de color tu orden
cuando derrotada un día
lancé mi arsenal, y abrí los brazos al nido,
y me dejé querer,
como las hojas embarcadas
en los afluentes.

El amor, de tantas ganas de ganas de ti,
de cristalina ágata, de mar azucarado,
el amor
que me enseñó a decir te quiero,

con las manos limpias.



domingo, 22 de enero de 2017

El maullido de los ultravioletas.

I

No es un gato negro, pero, es un gato.

II

En la consulta, el médico cumplía su labor de espeleólogo,
con su casco de minero iluminaba
cachos de piel 
como el pintador de mares en una cartulina.

Desnuda, cerré los ojos, ante la inspección rutinaria, y me convertí
en un planetario lleno de manchas celestes.

Cada peca, era una casa.

Una casa con una historia,
con los rastros del beso
y el grito silencioso por el golpe.

El cielo que se parece a una familia.

El buen hacedor de astrónomas
en el silencio de los curiosos de las galaxias
leía los posos del café degradado
de cada una de mis constelaciones
marcadas a sol 
en mi cuerpo de soldadura.

Algunas parecen lunares que abren bocas funestas,
otras, calladas duermen a la espera de su turno.

Les gusta expandirse
igual que las estrellas,
igual que los volcanes supurando lava.

Ellas saben que soy su universo.

Y el hombre de ciencia las interroga
para que no me coman la vida.

Ser helio, y ser consumida por helio.
No soy un astro, pero soy naranja.

Ardo en casa, en gato, en melodía.
Del frío que quema en paradoja.

Una mujer con las secuelas de aquellos veranos locos.

Ya no soy joven, pero, me siento niña.

.


sábado, 21 de enero de 2017

Zarzaparrilla

Acaso la mora se siente libre
entre las zarzas, los matorrales sintéticos, los cables
del belén diario de los porteadores de coches,
del viento que no cesa al rayo.

En esta plegaria de un mundo que no entiende
que se ha iniciado una era climática de destrucción;
similar al cataclismo que supura mi pozo
a través de las rendijas en que
sobresalen llamas de averno
como brazos esperanzados
en oración de muerte.

Exigiendo al destino sus atrocidades,
el por qué de ser planetas
en órbitas que se unen y se disipan,
en la gran explosión, en la pausa bendita
justa antes que la rama siente la patilla del pájaro.

Ésto es un desguace de sentimientos
que florece en pecas malignas. Ni la crioterapia duele
con su brasa nórdica con los legionarios 
que se atrincheran al auxilio,
de la vez que usted me echó de su vida, como el arrancar de una garrapata
y se quedaron las extremidades inertes, en juncos
que disparan hacia el vientre
que es donde yace el alma
y dejemos los corazones
para los que no vean más allá que lo que tocan.

Morir, escribiendo, hasta el epitafio.
Hasta la memoria metida en píldora.

No sé...adiestrada
a su cometido, no me muevo,
salí del paraíso de su corpulencia,
y cada día hilo las mallas
que me cosen más a la tierra, a los vivos. Pero, el poema no deja de latir.

Y no puedo olvidar.
No.
Y eso, es mi castigo.
La libertad de una polilla metida en una bolsa de plástico.
Qué alejan las circunstancias de la bombilla
de su dios, de su propia materia de estrella.

Que los elegidos distinguen para nuestros castigos.

lunes, 16 de enero de 2017

Flecha de manzanas.

En el uso del florete, usted, siempre
ganó la vez, la vez de todas o de ninguna. 

Ya puede pintarse de nieve la urraca, 
y poner al poema el velo de novia. 
Que en los silencios
los árboles más altos crecen,
dando letras a los nombres
de sin sentido cosas algunas
como un bazar de mente
en callejones estrechos,
con el aliento de las ballenas, en los bochornos que lloran
en lavadoras que como cíclopes
ignoran que allí se quedó aparcado
el "Renault 21" de todos los sábados penitentes,
el olor de tu piel
metido en el folio,
el poema que cabrito
inviste su cornamenta a la retina,
y atraviesa paredes, y córneas,
y vaginas, y hace preguntas del tipo alga,
de la fórmula de los detergentes, de las viseras que 
anhelan al sol, de la caspa sin melena,
del bien por el bien, la nata con las nueces,
y la cáscara al abandono.
de si quiere o no quiere;
que en este ostracismo
haga el favor de joder a sus enemigos
y no se rinda.

Escribir como una metralleta 
gana adeptos para la posteridad.

Y eso es la única felicidad que me queda de su mudez
de boca sin lengua.

El tejado.

Te prometo que una se acostumbra
a las estocadas,
al calambre con los pies mojados,
al martillo del miedo,
a las garrapatas que negras
pinchan en los ojos.

Te prometo que no fue fácil
dejarse en remojo
con el aguafuerte,
y limar los besos más dulces,
que de tan azucarados
la diabetes apostaba en el patíbulo.

Te prometo que bajo el paraguas,
cavilo en sus tragaluces.
Que se añora
la pantera que habita
en su morada.

Te prometo, que le dije que jamás le olvidaría,
y así ha ocurrido y sucederá eternamente,
las velas de los barcos ardieron
y entre huesos de madera
desembarcó el caos
a la normalidad de las asonantes.

Te prometo que la enfermedad me persigue,
y que le he abierto la puerta.

Pienso a la hora de Morfeo
que quizás las cabañas
serán asoladas por la marea.

Pero, eso, no es promesa.
Es la historia de una nueva vida,
donde vivo con todo lo malo
que supuso lo bueno de haberle conocido.


Irradiadores de aceite.

Mirando las flores de tela
y sentada sobre la alforja que supone un parón en la existencia
puedo tejer cada palabra como la herida
de la muerta después de la autopsia.

Si conocedor de los avellanedos y la pirata
que nada entre las sangres
que este nudo que me ata
supone mayor losa que ventaja
en desesperación de lo vivido
que ahora queda como una caricatura
de plumas de ruiseñor.

En este hueco de página,
con la piel que muerde por la cortisona,
por todas las veces
que mis pies anidaron
y mi sueño fue pájaro
en la ducha de los elefantes.

Morir debe ser esto.
Lo más parecido a la secuencia.

Con los brazos en amalgama
pidiendo lo que no puede ser.

La súbita.
La intolerante.
La cruzada.
El infierno.

miércoles, 11 de enero de 2017

Una pulgada de vida.

La medida exacta del sentimiento,
en ocasiones, contradice a los cánones.

Con una gota pueden matarte, crear vida.

En la incongruencia de que lo más diminuto,
en esencia, puede salvar y entonces, 
se vuelve gigante, como una ola
astronómica, un punto lejano en el oasis,
la palmera que nos dispensa la sombra,
y es de este modo como algo único
puede, convertirse en rascacielos.

Una moneda en la cabina
para llamar a los seres queridos, las mayor fortuna,
la gota de metal, que muchos piensan
que oposita para limosna.

La mesura créeme, se mide con la acciones,
y he aprendido que a pesar de las luces que nos deslumbran,
siempre habrá gotas que juntas serán lluvia,
y barrerán lo negativo,
y con las botas húmedas, en la sencillez abandonada
tiritando en la tormenta.

Te darás cuenta que una gota vale más que mil palabras.

lunes, 9 de enero de 2017

Tránsitos nocturnos.

Me he acostumbrado a dormir contigo,
y ahora, la cama grande,
me parece una balsa en el océano.

El hielo de esta casa popular 
me conduce a la habitación cápsula,
dónde la estufa y su poligonal armonía
me dan cobijo y sobre todo seguridad.

Cuando te explico que contigo duermo sin miedo,
tú jocoso me miras con la incomprensión,
de los que no han dormido con el corazón
en un vaso ahogado.

Apenas un sueño
despiertas rota en pedazos de memoria,
sudorosa, con ganas de salir con la huida de las estrellas.

Como un bicho bola, con los pies gélidos,
añoro el otro lado del río, donde duermes plácido con los ángeles
que siempre yacerán a tu vera.

En cambio, dormir con los demonios del pasado,
una asiente y pacta con ellos,
para que te miren y no te molesten en el trance diario
de olvidar la consciencia.

La almohada arrima y los ojos en pétalos cerrados.

Pensando que mañana
será 
otro despertar, pero, no otra vida.



Oiseau XI

Qu'est-ce que vous vous sentez petit oiseau
avant le chasseur?

Rien.

Les attaques de mort
et nous sommes leur nourriture.

Oiseau X

Nous sommes
dans un monde fou d'oiseaux,
nous sommes des oiseaux,
axe différent.

La nourriture sera faible du fort.
Certains vont voler loin, d'autres vivent sous terre.

Vous avez pas remarqué.
Quels sont les oiseaux nous.

domingo, 8 de enero de 2017

Rojo tirando a terciopelo.

Nuestro paraíso se sitúa
en una lavandería de la avenida.

Con máquinas de efectos múltiples
que contemplan intrigadas.

A los amantes industriales.

Resacosos de la marea,
los únicos peones fuera de órbita,
en una sala de electrodomésticos
que mudos apuestan
la caída de las almas.

Me siento tan afín a tu ganglio,
a la intemperie de las cajas en montones
y basura que cuenta bajito historias 
de cenas
y desaliños.

Que nos miramos bajo el fluorescente
y rescato de mi memoria
un juego de letras.

En el tiempo que nos centrifuga.

Y por si acaso se acorta la luz 
de la noche, rodeados de los metales embudos,
que en el ayer habitaban como un ruido solitario
 en mi cocina. Decir, que te quiero.

Como un diamante que se guarda
dentro del silencio.




sábado, 7 de enero de 2017

Ave VIII

El ganso es pulcro,
en la_________ charca
se sumerge
y asea su autoestima.

Con la bufanda guinda, abrigado de orgullo
de captar con su hora de limpieza
la atención de los terrícolas

Qué brillante
después del rito,
con su plumaje que parece
un campo después de la lluvia.

Ganso.
No hay espejos en las verdades.
Y cuando sacudimos las alas
escupimos
a nuestra propia naturaleza.

Ganso.
por favor.
deje de hacer el
Ganso.


Ave VII

Con una casulla de cuero,
ciego a la progresión,
la oscuridad
da paz.

Regio enfilado a la presunta cetrería
o en uralita,
o en rama,
o en canaleta.

El halcón.
De su mano
c
o
m
e

y sobrevive a la 
falsa paz.

Mientras el mundo gira
y rebota consigo mismo.


jueves, 5 de enero de 2017

Bunbury - Lady blue

Ave VI

La jaula.

tiene una puerta   abie_________rta.

Y el hilo musical con su retórica
intenta convencer a los pavos.

Me quedo con los ojos de búho
mirando la salida,
es tarde, el reloj similar al de Alícia,
no corre, se arrastra como las serpentinas.

Y si la cruzara.

Soy una rapaz
puedo alimentarme de los animales muertos,
puedo sobrevivir fuera de la jaula de ópalo.

Pero, el amor, a veces, nos convierte en musarañas.

Canarios de amplio espectro.
Con cantos de cisne-más-copa.



Ave V

Existen palabras tan hermosas

que ganas dan
de prenderlas fuego.

El amor colibrí
rauda alimaña
que inquieta acentúa.

Los pájaros de fuego
mal llamados de Fénix.

No quememos sus plumajes
atrincherados en nórdicos,
demos cielo a los que
luchan
por un pedazo de piedras.

Pájarillos desprovistos de la madre.

Expuestos al zoo de las lamentaciones.


Ave IV

Me dijo que no era más que una rata,
pero, no entendía el apelativo
si tenía dos alas carbonizadas en lugar de paletillas.

Yo era un pájaro.

Un mamífero avícola terrestre.

Tal vez un murciélago
colgado del techo como una araña de 220 voltios.
Una hoja a punto de morir.

Ciega-topo-sorda, capataz de leer
el lenguaje del océano.

Demasiadas esdrújulas
para un roedor.

Era un bicho raro,
sin nombre.

Qué volaba en un gallinero
con los pies en la tierra.

Ave III

La urraca se asea en el charco
y este sol preludio de,
enciende la semilla almendra.

Creerá  calorífica en las cimas nevadas
llorando hacia el mar
con los nidos, deshechos de espinos del frente,
con la burbuja en expansión dentro de un cazo salino.
De.

Volar.
Disecada y lustrosa.
Misión imposible.

miércoles, 4 de enero de 2017

Ave II

En el estanque
parada al frescor tardío
con pajarería de distintos linajes.

El agua estaba quieta,
ahuyentando las enfermedades futuras,
quieta, desafiando al parkinson,
de las muñecas que oscilan los hilos de pesca.

Y me fijé en los balcones, en los firmamentos
que reflejados en la ventana revivían naranjas y azules,
luces que interrogaban a los
muñecos vestidos de reyes,
o al señor de rojo barlovento.

Y pensé que ellos no entraban en las casas
para entregar regalos de año bisiesto.

 También huían
de sus madrigueras
sin importar la caída posible.

Ave I

Estoy encaramada a un palo
en una jaula de canarios, con el cuello en torno
porque las águilas no caben en celdas
de aluminio.

Necesidad de volar, de remontar el pico.
De subir al avión.

Con el plumaje que llora, con los músculos atrofiados
por no caber en el corazón de las cerillas,
para morir en la migración y notar la carpa exultante
dentro de mi concha por los cielos que quiero pintar
y anegada dentro de  la lluvia
al desplomo sin el amparo de la nubes,
con la raspadura del moho
y de la nada.

La cautividad de los hechos,

Ave

Paloma esquizofrénica
te han cortado la punta de las alas con un alicate,
no pensabas, que sucediera de nuevo,
que te anudaran con la garra en anilla de propiedad
añorando el único árbol de una isla.

Te sientes, paloma-urraca, fatigada
de batir contra el cristal de Bohemia,

lo absurdo de las moscas tragadas por los reptiles
y el pulgón en galería subterránea.

Quieres volar, pero, no eres libre,
te mancharon de alquitrán sus
besos,
la libertad cuadriculada del ser.


lunes, 2 de enero de 2017

carta egipcia

Estimado Percival:

  Las alondras sin pico perecerán de inanición y en el pecho, un clavo, va haciendo cabida con la gota, que en tortura cava silenciosa a pesar de los bailes y de las azaleas. Los perros famélicos ladran en las cocheras soñando el despiece del jabalí entre sus fauces, y los cueros al sol tímido se secan como la esperanza de que un ayer hubiese sido posible. Mi tez amarillea de la bilis que bebo con gusto para no demorar mi marcha, acaso, usted cree, que llevar calzas de cuarzo, alegran el alma, puede, mi corazón remontar la distancia de sabernos tan cerca y que la sensatez cortó con el bisturí en mano, para evitar desastres mayores.

 Las alondras que sabrán ellas de mi desdicha, que sopesará la tierra húmeda con bestias de colores, sierpes, piedras y caracolas, que Ofelia vestida de Reina no es más que una mendiga, y que implora el perdón por arrojar la sal en la hebra, cortar su nunca cuando dormía y a navajazos destripar su melena,
para en  los momentos en que la botica no hace efecto, ser el alimento de los males.

 Las alondras Percival, pitonisas de un sino adverso, que nos ha mutilado, que han hecho caer las estrellas dentro de una vida de papel de envoltorio. Yo no sé si usted piensa en mi persona, en esta brújula loca que da vueltas ignorando sus lunes. No sé y sí lo saben las alondras, del estupor de mis ojos que le miran en otro cuerpo, en la desfachatez de las guerras, el brillo de las cucharas en los comedores sociales, la guillotina aguardando mi vena. De qué sirve el mar en calma si una yace en una nao en llamas, esperando verle aunque sea un minuto de minuto, un gallo de espuela, una tos de nuez, un suspiro de pan con leche. Verle para que usted, Don Percival y sus marionetas, naden una vez hacia el olvido.
 
   Ilegible para la eternidad.

2017


I

Este mobiliario de árboles desvaríos
que guarda el mantel
con aquellas manchas que amorfas, inventan cuentos
de tan disparatadas que son.

II

Si viniera con el último regurgitar
y en la ojera hallara el reposo,
podrían bien las manos ser colas de pavos
y alumbrar el este de la medianía de la noche
bajos los plumajes de las palmeras-máscaras.

III

En la calle, el silencio más vestido de negro,
con las urracas haciendo sombreros de paje,
y llueve, dentro del horno,
cada uno de los espécimenes
que serán devorados
como el tiempo que nos tritura a nosotros.

IV

Pero, no acude a la llamada
se arrincona en el eje del calendario
y hace trances en una espiritualidad
inexistente.

V

Anaranjar las paredes.
Subir al corcel del sexo.
Lidiar con las hojas en blanco.
Sentir que se apaga en el quinqué, la fe.

VI

No poder borrar del párpado
el arañazo de este trozo de mesa
que sostengo a cuatro patas
como una estación climática
como un surtidor de gasolina
que parece agua del oasis.

VII

Si hubiera roto el silencio,
y asesinado las dudas de arena,
comería el sin dientes los dátiles de la literatura
para engrasar estas tuercas
de coche que se estrella una y otra vez
con las olas amigas.

VIII

El abrazo, hubiera supuesto un homicidio
y ambos lo sabemos,
ahora se trata de morir
con la salpicadura del veneno, y hacer hogueras del ayer
en la mudanza de un piso destartalado
y los muebles sobrantes, que no caben en la medida
de las manos.

IX

Peces son sus manos
en el océano, con la montaña de los crisantemos
hallo el ojal a tanto viaje, se arma con la montura del cazador
y noto como el poema languidece
a la mortalidad de las cafeteras,
de los duendes en los fregaderos,
al son del hipo de la ducha,
y el desconcierto de la tele puesta en escena
erótica.

Porque sus manos son peces
que arremolinan las anémonas.

Y yo lector de esta losa, alacena, vivero,
dejo que el coral saque raíces
como el arañazo de un gato
de puro amor.


Lluisa Lladó.