martes, 11 de septiembre de 2012

EL AMANECER DE LA NEVERA.

Foto: oropéndolas, han invadido la higuera, me gusta que estén ahí, a pesar de que se comen los deliciosos higos. me ha costado saber cómo se llaman: "pájaro bonito y amarillo que come higos"; buscar, y así, hasta que he dado con ellas.
Una vez en un tarde poética
hubo una diva que en do menor
ensalzó la tableta de chocolate de su legítimo.

                  (Dedicado a Amelia)

               xxxxxx

Y aquí desfalleciendo de amor
no entiendo de pasteles,
ni del cacao amargo de tu torso.

 Solo que de tu cuerpo de atleta
me dejaste un pié viudo.

  Amo con donosura
los macarrones con tomate
que estamos en crisis
de existencias
en la alhacena del olvido.

Y tus besos son gasolina
de la fuente seca
de un pueblo que descansa bajo el pantano.

Me muerdo los labios pensando tu nombre
y sabe dulce.

Abrazo el respiro
que escapó de tu risa
con un caza mariposas,
cuando como siempre
con tu oratoria me hechizabas
siendo una garrafa y una bombilla de bajo consumo
testigos
de un amor con "h" de humilde.

Acaricio el plato
que fue el espejo,
y en ese combate
de juegos malabares
descubrimos el cuerpo
y no entregamos el alma,
disco duro de una foto
que parece
la de dos locos:
la  enredadera
y la parra.

Y siento que estoy viva
y divago con la conjugación
falsa
y me dejo arrastrar por el piso
atadas tus manos
a mis tobillos.

Yo no entiendo de pastillas de chocolate
sino únicamente de momentos de felicidad.

Y con el pronombre de un tenedor
devorar instante más gozosos
que entregarse a un desconocido
y no poder conquistar tu sexo,
firmar un contrato hipotecario
de vivir de pastas y hortalizas
con yogur de fresa
y no ser más que otra
en tu lista de la compra.

                                                       LLuïsa Lladó.








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