lunes, 12 de marzo de 2018

Incidencias

Me quiere. Igual que un puño cerrado
asfixiando a una moneda, y eso no.
Y eso.
Y eso.
No es querer.
Un anillo metido en una caja
una caja forrada de polipiel
insertado cadáver metálico
engullido por la espuma.
Eso, eso.
Un objeto que juega al escondite.
El quiste de una relación.
Ahora. El ahora.
Con los ojos cedros por el insomnio.
Los sueños con alucinación acústica.
El frío sierpe.
Y la soledad de una cama.
No, no es ser amado. Ni que te quieran.
Eso no es eso. No es eso.
La periferia de las sábanas.
El crujido en el tímpano
con acordes lineales.
El dolor de espalda
por pasear a un muerto
día y noche, alforja de pieles
y retorcido.
No, eso no. No es
Eso. Eso.
Qué le pasa.
Porque no desea ir después de la calle 13.
La falta de empatía.
Las relaciones con un muro de por medio.
Neurosis de la castración.
Son las seis de la mañana.
Y estoy aparcada en una cama.
Me devoré a mi misma.
No soporto la maldad que encierra al ser humano.
La fragilidad del egoísta.
La usura.
Tengo miedo.
Será eso?
O aquella caída de bola.
Debo dormir, mañana los pinzones azules
comerán frutos del madroño.
Me pondré el perfume preferido de mi madre.
Arrancarré los clavos que me sujetan a tu pecera.
Con padecimientos.
Porque a mí ya nada, ni nunca
me ha retenido más que mi mente bastarda.
Su manipulación.
Su juego.
Será eso, creo, supongo. Será o no será.

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