domingo, 21 de enero de 2018

Tú también pati-todo

Quedamos el viernes por la tarde.
Y aunque su lenguaje
corporal, se asemejaba a la danza
en celo de un dálmata.
Intenté lidiar los malabares
y al final, cedió a la pacificación
del encuentro.
Era mi amigo pato
Es mi amigo pato.
Siempre, lo será.

Compartimos diálogo
y el rocío húmedo de los coches.
Me arrojó gasolina
sin miramientos con la palabrería.
Cuando me habló de su novia
multiorgásmica.
Multifunción.
Múltiple.
Y muchas cosas más.
Pero no prendió
ni un desnudo sentimiento.

Me alegré por él.
Nos alegramos todos por él.

Las relaciones a distancia
siempre fueron su horma.
Y que conste que al besar
en los labios, el amor mudo
que desprendía se secó
en una piel de gusano.

No me escandalicé.
Pero, yo estaba vacía por dentro.
Los golpes te practican
una histerectomía
que al cerrar la puerta del coche.

Caen igual que las hojas
de los arrecifes.
Un árbol.

Te amé con la inmadurez consagrada
que quedó dentro del auto.

Con tu sonrisa forzada.
Con tus ojos de cuervo.
Se quedó mutilado fantasma.

Y yo, coralina, volví
a mi atrofia diaria.

Como una piel seca de gusano.

Gracias pato, te quiero como amiga.

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