martes, 21 de noviembre de 2017

La observación de los cuerpos celestes.

Y te quedas pasmada
en una hilaridad de segundos,
observando en el punto impreciso
el movimiento de los cuerpos
detrás de la persiana; sombras
a contraluz, en un baile sereno.

Parecen llamas alicaídas
de vela de sagrario.
Que no huele a cera.
Ni siquiera a incienso.
Del olor de aceite sofrito, expiatorio que
engalana la cocina.

Me quedo atrapada en el voyeurismo,
y sé que probablemente observada,
por los ojos-alimañas de la noche.

La noche cruzada. Y cromos porteadores
de historias. Y en el testimonio
de agitar a la cortina, como un ala
nacida de la espalda.

La gente vive.
En esta red social
de cuerpos de sombras
y del ojo-aniquila.


3 comentarios:

  1. Hay ojos que leen tus versos con interes!
    Escribes de maravilla.
    Saludos cordiales.

    ResponderEliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar