jueves, 14 de septiembre de 2017

Trapoestético

Un poeta nunca debe
confeccionar poemas a medida.
Debe ser crudo carne
y combustionar con el aliento
de los días de la semana.
En ocasiones, se nubla la propia estrella,
y se abre en canal.
Con su negrez perforada.

Los poetas, mendigos.
Los poetas, lápidas.
Los poetas en carbono.
En tila. En arcadas.
En vestigio. En bomba de racimo.

Oficio sin sustento
cayendo en los diques
de un mar de ríos,
ríos de salamandras.
De ahogadillas a las conversaciones.
Y remar para resolver
la aritmética de cada una
de las treguas.
Después del yeso fuera de la rotura.
Del vino de olor en vaso.
La humareda.
El tanque.
La fragua.
Un refresco, una hogaza y una mujer
nueva como tantas lunas
caben en la centrífuga  y otra sed de espermatozoides.

2 comentarios:

  1. De acuerdo con lo de los poemas, pero ¿y el charcutero cómo debe hacer los entremeses?

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  2. Jajajaja, con amor. Con mucho amor. Por eso es CharcutEROS. Gracias Julio por tu comentario.

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