lunes, 10 de julio de 2017

Gas

El bautizar con nombre de ciudad
al sufrimiento, palpar
un bulto feo a la luz.
La apatía perdida y silenciada
en cada órgano
sin el mapa que pueda indicar el
regreso a casa.
Sal mona que aunque contracorriente
escriba, tose alfabetos
en el torno de la página.

Por qué esconder tras la frase
la certeza, el arañazo.
Y soltar y liberar
el dolor engendrado en estos años
con la inestabilidad, con las mudanzas acróbatas. Con litigios y abandono.
Alguien puede decirme
la causa de enmascarar la herrumbre,
no ser consecuente,
y vociferar este llanto interno
que no cesa. Lejos de la arcilla
de la osamenta de mis antepasados.
De mi madre batalla.
De la raíz supina
de todo un universo
del hilo de una cometa.
Una cometa que soy yo
con el lastre,
el peso, de vivir muerta
sin el abrazo hijo,
con el hígado, la negociación
de volver o quedarse
en la estaca volando
hasta estrellarse y vaciar
la tristeza en un inodoro de alas.

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