martes, 25 de julio de 2017

Deshoras y respiras.

A las tres de la mañana
pueden ocurrir vidas paralelas,
mientras unos concilian el abismo
otros como llamas de gas
nos consolamos con las redes,
las redes metafóricas
en luna menguante.

El insomnio nos une en carnaza
de luceros que nombran al sueño
en conjuros. Apretamos fuertes
las mandíbulas para que no huya
la transición de las horas. Con la boca
en cepo devoramos a todos los rebaños
en cautividad. Y entre los que parece
que la cafeína hizo trance
existe el diálogo poético
de los que leen, escriben y piensan.

En Barcelona truena. Y un despertador
ha sonado inoportuno.
Musitamos a regañadientes
la nana de los que despertó
de golpe una mágica frecuencia. O
fue un vómito carmesí
que ha mojado mi camiseta
con olor a polilla y los senos
mojados por el pantano
de mi estómago.
Son la cuatro de la mañana.
Y me siento una hoja bajo la tierra
 y el estiércol.


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