martes, 25 de julio de 2017

Deshoras y respiras.

A las tres de la mañana
pueden ocurrir vidas paralelas,
mientras unos concilian el abismo
otros como llamas de gas
nos consolamos con las redes,
las redes metafóricas
en luna menguante.

El insomnio nos une en carnaza
de luceros que nombran al sueño
en conjuros. Apretamos fuertes
las mandíbulas para que no huya
la transición de las horas. Con la boca
en cepo devoramos a todos los rebaños
en cautividad. Y entre los que parece
que la cafeína hizo trance
existe el diálogo poético
de los que leen, escriben y piensan.

En Barcelona truena. Y un despertador
ha sonado inoportuno.
Musitamos a regañadientes
la nana de los que despertó
de golpe una mágica frecuencia. O
fue un vómito carmesí
que ha mojado mi camiseta
con olor a polilla y los senos
mojados por el pantano
de mi estómago.
Son la cuatro de la mañana.
Y me siento una hoja bajo la tierra
 y el estiércol.


Sabina tenía razón

Cómo un perro abandonado en la calle
deambulando por la gasolinera
con la cola extraviada y la lengua
igual que un fleco desprendido
y doy coces de burro
y estiro las piernas y me convierto
en un semáforo absurdo. Y en las aberturas
se cuelan papel de impresora
con la galería pletórica de bolsas
y trozos de cartón lastimado,
como un gran panteón familiar de restos
y botijos. Mi abuela me enseñó una cosa,
o quizás me lo contara en sueños
mientras dormía en una puta noche de estío.
Cuando te lanzan al vertedero, y es testigo
la noche cruzada de las almas,
y el cansancio se viste de chaleco mata-vidas, la bolsa cae en picado, y eres carne picada, tus últimos ahorros
eran cuatro besos y una caricia de pago.
Y los zapatos se ausentan, y lo que más amas, de repente, está ocupado depilándose
el vello de las cejas. Y no tiene tiempo
para el can lastimado, si la vida
no es una película de Walt Disney; la botella
de oxígeno aguarda, sabe a ginebra
y a madrugada de perro abandonado en una ciudad que no conoce.

Y cree que morir será demasiado bello
para una noche de estrellas caídas.

Caos

Cuando estemos muertos
y nadie hable de nosotros
y las páginas giren por si solas
por la ruleta lúdica del viento
de más de tres mil ventiladores;
y los besos sean muecas
de bocas trasvestidas
y los ascensores cuelguen de los edificios
como fruta de un árbol
y ladeen su música, y los libros:
solteras con olor a vinagre
y me mires y parezca una extraña foto de anuncio, y las ballenas sean huesos balísticos, y los gatos ladren, y tú me mandes por la cuerda floja, dentro de esa maldita cabina, ascensor-cohete de cinco dedos, manos y trozos de carne florecida,
y me ponga la rosa por mechero a encender
hogueras de pena, y los bolsillos de serrín haciendo de reloj sin agujas. Crea compañero, maniquí, cero estático, tocho de mugre y apariencia entre sadismo y veleta, que estaremos muertos y nadie nos salvará de la paranoia, ni a ti, ni a mi persona,
cuando caigamos como manzanas de feria.

Y estemos podridos por la audiencia.



sábado, 22 de julio de 2017

Trombosis

Si sólo disparo en defensa
puedo administrar la palabra de asesina

trotamundos con la lluvia del palmeral
que entre ráfagas cita poemas.

Descifrar el código abierto
y leer en los ojos la sentencia previa,
las líneas de las manos reverberadas
igual que en la nieve
caen las huellas.

Ser un muerto antes de nacer,
tener los días contados por decreto
igual que al suicida, su noche sin estrellas,
el orgasmo teatral, las uñas,
el bordillo del barranco,
el azul en el pez.

Un decapitado
luciendo su cabeza como un trofeo.
Caminando entre las zarzas,
y hablando con el corazón
porque la boca se llenó de gusanos,
de las malas artes del verde.

Una cabeza, entre el brazo y la cintura.
Y lanzarla a la jauría
por un billete de cinco euros.
Para sentir la pena, la decepción canalla
y escuchar la burla de los mirlos.

domingo, 16 de julio de 2017

Tocapelotas

Existen personas
que son águilas, vuelan alto
y desde su lejanía
planean su sombra sobre otras personas.

En algunas ocasiones
en forma de recuerdo, fotografía,
cicatriz cercana al hueso.

Pero, a veces la sombra proyectada
desde el rascacielos, es fantasmal
y larguísima, un matasanos
que cura con cianuro. Impide
el crecimiento del ser
porque crea la dependencia de las aves.

Águila bajo ratón.

Suelta el hilo de lo que fue
y no pudo haber sido.

Y deja que el roedor ame
como si fuese el último tigre
de la selva.
Suelta su mano
y deja que descubra el bosque.

Porque tú tienes una vida.
Y no es la suya.

sábado, 15 de julio de 2017

Ducados

Este sábado, es de esas noches
que fumaría un cigarro,
dejando que los ojos en la oscuridad
abordasen mi intimidad desde la distancia
de este ático gris.

Fumaría y entre calada y calada,
leería recetas de cocina en alto
como si declamara un gran poema.

Etílica con carcajadas
invitaría a un marinero hospedado
tres manzanas más abajo y un portero
para explicarle la teoría
de las sirenas disfrazadas
bajo la piel madura del engaño.

Soltaría el humo descaradamente
escupiendo los besos falsos,
las palabrotas, los gritos del miedo.

Una neblina opaca
cegadora e ilusa, desnuda
y calzada sólo con zapatos rojos
y dos gotas de ginebra.

Pero, estoy a salvo.
El peligro no es la nicotina
es la paciencia con que amputo las cosas.

viernes, 14 de julio de 2017

Pétalos en el viento

Extenuado sobre la cama,
con la crucifixión del calor, corrosivo en la altiva desnudez
que colmaba al silencio sudado
con el paisaje.

Paisaje volcánico
con tu presencia desnuda, cual nardo nacido
entre la arcilla. Estampa urbana de una imagen
de Lucian Freud, y el susurro dormido
de tu pecho compitiendo a una canción sin letra:
Un ronco fino, y la pesadez de los músculos.

Hubiese dibujado su cuerpo
con las yemas, guardando la imagen
como un pequeño tesoro de caricias.

Dormitando, y en la calle
el termómetro orgiástico que cubría de sal
a las aceras. Pero, sigilosa como un animal herido y
abrumado por la virilidad muda,
abandoné a los ojos diabéticos en su mundo del sexo.

Para no despertar al sopor que
le mantenía las manos abiertas, símbolo de alas que volaban.

Y salí por el portal con el vestido de la poesía, sin saber si los ángeles caídos
pueden
amar
despiertos.

ll.ll.
Cuadro de Lucian Freud.

jueves, 13 de julio de 2017

Hastio

El sol se ha ido al otro hemisferio, a tomar un trago. Y en la noche
se adornan los ruidos que volátiles
escapan por el ventanal.
Los perros ladran el calor
acumulado en la jornada;
mientras la gente en sillas plegables
vive la calle de la búsqueda.
De un canal de aire sin Góngora.
Del canalillo de adolescentes
arrimándose a la oscuridad del beso.

El grillo con su trastorno convulso,
el intento frustrado de la primavera
con el olor del verano, en ascensores
que transportan bolsas de basura, cucarachas libres, abanicos mellados y el viaje
a la niñez de la isla,
con la humedad apretando las sienes
y los gatos escondidos tras los muros.
De un julio que quiso ser febrero

El foso

Cerrar una puerta.
Significa cerrar una puerta.
Si la dejas entreabierta
el aire puede convertirse en viento
y los portazos son dañinos....
Pero, peor es
que nos impidan crecer,
evolucionar, iniciar el cambio sin mirar atrás.

Cerrar una puerta.
Significa cerrar una puerta.
La puerta entreabierta
no es más que un conflicto, una relación
sin término.
Mis puertas del pasado están tapiadas.
Y tu puerta, Sísifo, cómo está aún
a estas alturas de la vida.

lunes, 10 de julio de 2017

Nunca es tarde para aprender.

He aprendido a querer sin estar enamorada.
A estar lejos con la mirada cerca,
a derribar la cerca.
A estudiar cuando la pérdida
evidenciaba el olvido.
A creer y no crecer.
A viajar en trance.
A amar sin cuerpo.
A gozar con la falsedad.
He aprendido que el regreso
es una penitencia. Y que el cerebro
come datos en forma de foto.
Y cierro los ojos
y recuerda la voz sonora,
la amplitud de sus muslos
como columnas de un templo.

He aprendido a contar al revés.
A descifrar el inmenso puñal que
habita mi silencio.

He aprendido a no escuchar boleros
que canten <si tú me dices ven>.

He aprendido a vivir sin ti.
A leer con mayor frecuencia.
Y a escribir menos
A dibujar un mundo
donde tú y yo hubiésemos sido amigos
y nunca besado
A perdonar. A descansar. A esperarte.




Gas

El bautizar con nombre de ciudad
al sufrimiento, palpar
un bulto feo a la luz.
La apatía perdida y silenciada
en cada órgano
sin el mapa que pueda indicar el
regreso a casa.
Sal mona que aunque contracorriente
escriba, tose alfabetos
en el torno de la página.

Por qué esconder tras la frase
la certeza, el arañazo.
Y soltar y liberar
el dolor engendrado en estos años
con la inestabilidad, con las mudanzas acróbatas. Con litigios y abandono.
Alguien puede decirme
la causa de enmascarar la herrumbre,
no ser consecuente,
y vociferar este llanto interno
que no cesa. Lejos de la arcilla
de la osamenta de mis antepasados.
De mi madre batalla.
De la raíz supina
de todo un universo
del hilo de una cometa.
Una cometa que soy yo
con el lastre,
el peso, de vivir muerta
sin el abrazo hijo,
con el hígado, la negociación
de volver o quedarse
en la estaca volando
hasta estrellarse y vaciar
la tristeza en un inodoro de alas.

domingo, 9 de julio de 2017

Burbuja

La lluvia, al fin al cabo, es azul,
azul para el periplo en que cada uno hemos sido expulsados
de esta muerte engarzada con los días
que como balas de un fusil de asalto, atraviesan lo  impenetrable.

Y en la fugacidad, el hoyo, de amedrentar al espíritu.
Quizás Manrique no entendiera más que de ríos plañideros,
y los de ayer ante la famélica inspiración atrincheraran
sus retaguardias de pájaros, de flores y de lepidópteros

Cómo reprochar a un lazarillo su función
de silla de ruedas. Seguimos delatados en nuestra perspectiva.

La fibra óptica,
el plástico nauseabundo,
los contenedores en su grasa, las ratas
que suelen cortejar en horas intempestivas. El amor y el odio
en un damero sin coartadas.
En que es hora de lanzar botes de humo
con el calor que nos mata,
el agua que se vende en botellas, el aire lascivo,
la tierra con su radioactividad
y las malformaciones fetales.

Pues, sí, la lluvia es azul,
entre móviles y pantallas de esternón.
¿Qué sabía el poeta ciego
o el ciego poeta que no quería ver?
En mi caso: Nada.

Ll.Ll.


fe

No existe hora, ni minuto ni hora
en que no piense en mis hijos,
la costumbre de su ausencia
no se supera, tal vez los lobos del alma
se hayan colmado con el tiempo, y sin embargo más duele
esta herida de parto, que hemorrágica aniquila
al ombligo. Podrá la cara coser una sonrisa con dientes,
fingir ser azul cuando la oscuridad más absoluta
navega en un bote salvavidas
por las calles, en los entuertos,
en las colas del cine,
con mi tropiezo en el espejo de sentir los dedos separados de las manos.
No existe hora, ni minuto ni hora,
que no estén en el portazo, en el abrochar
del abrigo, en la limpieza diaria
de encimeras y en el deambular al trabajo
bajo los árboles o el rayo fulminante
del estio. No existe paz, ni felicidad
oportuna para la gran actriz, la mímesis
del destierro, el cadáver que habla,
la mujer regadera,
la lombriz parlanchina, la yaga, el pus, la halitosis,
corrupto mal que se trastorna en garrapata
para llorar el vacío de madre, el cordón alborotado
en el motor, en el ancla,
en un reloj que no existe,
por la hora, del minuto
en que un día podré una vez superado el trance,
el alcohol, los medicamentos sin prescripción médica,
dormir, sin miedo.

jueves, 6 de julio de 2017

Estructura social

Una cubeta del roble
que como un junco, creció a la vez de
la rama, una rama igual que el naranjo
de árbol, con la verde hierba,
ruda, en resumen
vida de tallo
que parece arbusto, pero,
desempeña labores distintas
pues mece el viento,
en la solana y bajo la lluvia.

Césped por aromática,
alga fuera de la tierra,
vegetales, de grande a
diminuta espora,
semilla, polen y otras
en escasa cantidad,
moho, musgo
y desgraciadamente veneno.

lunes, 3 de julio de 2017

K

Se nos mueren los poetas de corazón comprometido. Los elefantes,
los extraños virus.
Las casas pierden sus sombreros. Y a la salida del juzgado el arroz no tiene novios.

Las conchas sin sus seres vivos.
Las uñas entre los dientes.
El final de un filme francés.
La arbitrariedad del sistema.
El álgebra del porcentaje de que las llaves
caigan metálicas por el hueco del ascensor.
La todopoderosa melancolía
de imanes hipnóticos
a clavos que sostienen el eco.
La arenisca, el metano
inflamable de aquellos deseos
con sabor a chicle. Di cosmos
en qué logaritmo habitamos,
cuánta espera yace con la paciencia planetaria.
Giramos, rotamos. Nos desintegramos.
Ya ni Walt con su oda
puede hacer absolutamente nada.
La poesía tiene los días con dados.


Farol

Necio propósito el que sostiene
la voz del náufrago en un canto
que subyugue al mandamiento
de manifestar el dolor, cuando los ministerios apenas se sostienen.

Pero iluso vive en un burdel de esperanza, de quién plañe a un amor que fue abandono. Porque no creía que los aviones fueran un buen hogar para el futuro. Y otro que ingenuo lee sus estropicios, los restos del huracán. Y engarza en un collar, las palabras, las gemas que esbeltas, exhalación reinan en otra garganta, para otro nido pelo, para la piel de estuco de un juego sección de piernas, de brazos, de sexos en el laboratorio de la vida.

Cada uno amarrado a un árbol.
Dejando caer sus hojas.
Remar en círculo. Sueña
y en incisiva, los colmillos amuletos
son de quién amó de verdad o
trató de esconder sus cartas.