martes, 18 de abril de 2017

Vellotero.

I

La metamorfosis líada dentro del poro,
estira su tallo hollín para romper la piel.
Del camino minero hacia la luz de la raíz origen
no siendo árbol
ni flor.

Vello enquistado
buscando nacer
en la epidermis planeta
que lleva varias lunas
porque él no entiende de alegrías
y deja poblarse cuando la tristeza
se siente desnuda en su cara.

Del frío de la caricia
y la barba anárquica
acampando junto a una boca que se atrinchera
y unos ojos como dos gotas de pupila,
escribientes del bote conjuro de la tinta.

Él, llora, pelo.

II

Lleva tres días sin afeitar.

III

En la cocina, un pastel da paso
a la gula, y el hombre de aspecto gris
le recrimina su gusto por fotografíar el ágape,
y le aconseja poner la dulce instantánea
a la vera mortuoria de los versos de su blogspot.

IV

Todos los forínculos pilosos tuvieron un espasmo.

V


Ante la indirecta, levanté los toldos
y respondí, con la seguridad de un médico
que diagnostica sarna; no me disculpé ni me avergoncé, en este paraje reside un mundo, mi mundo, es una reserva indígena, la suciedad tapada, el llanto que se estancó dentro de una área de masa. Mi mundo y tú debes explorarlo con la inocencia de las hojas, de los insectos, de las suertes y las lianas despeinadas.

Convivir y acceder.

Un nylon que nace en poema.

Un maligno gen que necesita ser expulsado, una bestia sagrada que a través del poema rebuzna, ladra, escribe. Deja que supure, sino reventaría y crea que debe salir de algún modo, como un microondas con papel de plata. Y no, no le gustaría ver como la podedumbre me comería. Mi mundo, y todos sus desperdicios.





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