jueves, 30 de marzo de 2017

Añoranza

I

La luna creciente en el mar 
con alguna soledad
que flota, en un mecer de penumbra con el brillo de los edificios,
dentro de la nada, donde entraremos en el viernes de las etiquetas,

Un pie de mes, que anunció primaveras
que aligeró el reloj a la noche.

Un final de meta, a tantos envases
y platos que llenos aparecieron desnudos,
mañana con la culminación  del alpinista 
de su cúspide, y las alondras que vestirán de lluvia los abriles.

II

De lo que se trata es de volar,
de cambiar la ropa de los armarios,
de saber que tu madre nació en Marzo,
y que tu abuela también murió en Marzo.

Signo de aire apaciguado por la guerra de las amapolas,
por un viento que ha arreciado con la boca pequeña.

Un mes, que termina, con la publicación de mi cuarto libro.
Siempre pensé que su número igualaría eterno
al de mis hijos biológicos, paridos con amor y amor querido en melancolía
de la maquinaria de una combatiente.

III

Wislawa siempre está conmigo, se convirtió en un faro antiniebla
a tanta isla sin puentes. Ahora toca lanzar los dados,
y con calma cerciorarse
de que un libro sea, o por lo menos creo en la intención de ello,
un potro recién nacido que debe aprender
a caminar solo.


A caminar solo, para su supervivencia.

El resto son 
vinos y rosas.



martes, 28 de marzo de 2017

Una ciudad cualquiera.

I

I
En Valencia la humedad bailaba con ese viento malévolo,
de las conversaciones lidiando
con el zumbido de coches y de motos
que en comparsa llenan sus avenidas.

Las latas volcadas emulaban
a los cisnes en su charca ocre,
junto  a los parques con mendigos
disfrazados de estatuas por la contaminada erosión.

Valencia, que bella cabruna, con sus portales
poseedores de tesoros, y esos museos preñados
de presupuestos.

Camino, y en la agonía metropolitana
llego al evento, número... ¿qué más da ya su número?

El mayor parásito
del ecosistema es el hombre.

II

Si en cada mano he de sostener la herejía,
la calamidad, 
calibrar el rumbo del poema,
entre las aguas fecales, y las palomas en los abrevaderos
con la suciedad de las uñas de las aceras.

Calibrar la asonancia de viajes en paraísos.
En árboles con lazos, y frutos con la mancha inodora
de la realidad. El poema exorcizado,
amamantamiento del líquido gaseoso,
con la palabra en manos del funambulista
y abajo todos esperando a que caiga.



Libertad por ambas alas.

En tonalidad grave, conversa de la unidad del ser o del sarmiento,
de que no somos animales en simbiosis
ni por algún raro gen, o fallo de producción: un gato siamés.
Para nada nos asemejamos en lo físico,
así que, tampoco nos parieron gemelos del mismo útero.

Cuando te cortas el dedo yo no siento la herida.
Cuando  toso, no es tu pecho el que se descompasa
en el jardín de los bronquios.

Pero al dirigir el objetivo,
y macerar todo ese dogma del soltero de oro,
me visto de aire
para comentar la inesperada visita a Valencia.

Y tus ojos se caen
rebotando con el suelo y la nevera,
asumiendo que el trato es por ambos cometidos.

¿Y eso?

Lo único que sabe decir la boca,
porque ni tú te crees la religión propuesta
con sus enmiendas.

Dormir en la entraña de la tierra.

En casa un nuevo colchón aparecerá por la puerta,
asfixiado por un plástico,
sediento de mimos, de vaivenes, de sueños.

Recuerdo el día de la compra
como filetes empanados
retozábamos sobre múltiples oportunidades de muerte,
mirando al techo de establecimientos
que parecían museos de cera
acicalados en algún rincón con fundas y mega pancartas
que hacían bizquear la vista.

Te dije, bésame, agárrame fuerte,
pero, eres demasiado íntegro,
te apuraron los ojos de una vendedora
y el silencio de todo un despliegue de telas obesas

y de tapiz.

Los dos somos de muelles, pasando reverendo-mente
de lo que llaman vicoelástico
que no deja de ser el nombre pijo
a la espuma de toda la vida.

No te atreviste, y me quedé con las ganas de saber
si una vez adquirido
ese beso valdría la pena
porque la experiencia ostenta el grado
que mide la curva de dónde va nuestra relación.

Y sentada en una silla de oficina, aguardo el timbre
que traerá como el mesías,
un trozo de materiales en prensa.

No olvides, cariño, que me gusta dormir en el suelo,
Sentir la arena y retozar en ella.

Ensuciarse, significa vivir.


Los botes que ocuparon las tazas.

Abres el armario de la cocina, Y percatas
que has ido colonizando pacíficamente su espacio.

A este hombre de astenia a la cafeína, a los polvos de cacao.
Al azúcar. Que en vacíos ostentaba
la huella que con albedrío he morado.

Allí en periferia ciudadana, conviven botes, y tarros.
En abultadas esencias que aletargan o vivifican el estado del ánimo.
Tener encerradas  las estaciones.
El aroma de la niñez, rivalidad de mi personalidad vírica
donde he edificado sobre la tisana,
en la leche rancia que no es leche,
con la sacarina escueta a brazo partido dentro del sobre
para ser veneno en reflexión del sabor y la dominación más absoluta.

Callados miran en rasuramiento,
un muro que oculta la vida de antes.

Del antes de que con mi tropa matinal
abarcara al armario, desarmado con tanta violencia.

Pienso, que quizás los espacios sean de uno mismo.
Y que es sana hasta la insalubridad de la respiración que no aporta oxígeno.

Me avergüenzo de esta dictadura
que siempre ha desayunado con el egoísmo.


lunes, 27 de marzo de 2017

La maldad requesón.

Las amígdalas gritan
lo que callo en una nota
demasiado baja, la que entre la tráquea
descansa en un silencio
que narra los abastecimientos,
los neumáticos quemados
con hedor de su plástico
combatiente de una hoguera,
tal vez es la evidencia del viento,
la falsa amistad
con chaleco antibalas
que flota cadáver
incapaz de esconder su humo
entre los títeres,
por eso me basta la tos que huye de la flema, el aparatoso vuelo de los que oran
a la conveniencia. Aquí en el apartado
de la goma chamuscada
de hacer relojes para aprender a sobrevivir.



domingo, 19 de marzo de 2017

Después del tendido.

En el lecho coronaba una pila 
de pantalones, 
de camisetas flacas y gruesas,
de calcetines solteros en busca de la cópula
y al ordenar el desquicio,
uno, quedó huérfano como la estirada oruga de tejido
en que se asemeja cuando ningún pie la habita.

Su cama abrigaba la omnipresente montaña,
de ropa del derecho, del revés de equipajes
de otras mujeres, de otros hoteles,
de colores caóticos del bosque en el crepúsculo:
pardos, oscuridad, verdes militares y chocolates 
en tierra que perfilaban la geografía del hombre que hoy, por hoy amo,
y venero, el que no posee temor, y dice mirando a las baldosas de la cocina
que soy valiente. No considero que lo sea, simplemente,
apuesto a la vida, antes de que engulla,
no dejo que la bacanal de la colada
sea ni por un momento
la maraña de la horda de los pensamientos.

Con la manía infantil le cuadré
las toallas con sus picos en cartabón,
las sábanas beatificadas con el sueño,
en armonía textil y amorosa,
porque quiero que este bache se supere
como cortinas arrancadas de los ojos.

Puestas en torres que se atreven a desafiar a la orilla,
con cada prenda con su función 
más esperanzadora, una maniobra de aseo, 
de saber que no estás solo,
y qué caiga quién caiga
no dejar que la avalancha nos coma,
no al extravío en el biombo,
y condonar que el calcetín de franjas lilas
sea el testimonio
de lo que un ayer padecimos
porque cualquier noche de éstas
será una bella polilla de poliéster.



Imagen tomada de Internet.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Yonquis

Este trozo de carne
en que me he trastocado
con la inercia
de un elástico

haciendo de tu poema
rayas
"cebriles"
y necesarias para que el "oroficio"
de nariz esnife
tu verso de verso
en descolamientos de apéndices.

La incertidumbre
el desvarío de la brújula
los cometas
haciendo cola
de ganchillo
en el éxtasis que supone
el releer cada golpe.

La comisura blanca
con las pupilas en dilatación
con las estrofas del poema.

Regulación del pulsómetro
trabado a la víscera
de un ostracismo
dando hedor al trozo necrófilo
que flota
que irradia
todo el venidero mayo.

La suerte mudadora de piel.
El dedal en cada yema.
El caos.
Y la drogadicción más asesina
la que no llora ni una mísera gota
de sangre.

De leer y morir de poemosis.

Y ya no saber del amor o de las culebras.



lunes, 13 de marzo de 2017

La humedad de la palabra, te quiero

Me gusta escuchar la lluvia
arrimada a ti,
en consonantes que agudas
timbalean y entremezclan la respiración,
dejando, que el eco
descanse su fatiga
en el silencio tímido
que acontece cuando
la lluvia se suelta de la mano.

Y en ese hueco el agua
anida buza, para pez
mover coma.
Para dar auxilio
a aquellas penas
con fragancia de crío
que tú has descubierto
sin competencia.
Y sin duda, con el ruido
de una noche de caballos danzarines.

Que el amor se fortalece
Y tú lo sabes.
Y yo lo ratifico.

En el cebo con atravesada la palabra:
Te quiero.



viernes, 10 de marzo de 2017

El contador

En la ciudad de los almendros
que florecen antes de la hora,
el atolondrado de mujeres,
y varios enseres, abren la persiana
al día. Cuesta reconocer que ardan
niñas en los colegios, y que un rinoceronte
dentro de un zoo, fue la extirpación
de la maldad que compra sueños
en cafeteras, y heridas que nunca bajan
la barrera, en una vía de peatones
de rifas y carantoñas
cuando llega la primavera
y uno se entera con el atragantar
en la faringe de pétalos.
Y ruedas naranjas.

Cinturón para unos
olvido hacia mi persona.

martes, 7 de marzo de 2017

cobra o pitón

La concordancia cruda de cada estribo
en las regletas porosas 
y la música,
en esta alma ida
entre tumores de barrio.

De mantelería bordada y las sanguijuelas
haciendo poses de Afrodita
para sorber ese acuario que yace
entre las comillas, y las bocas del incendio,

Mortecina espejismo si tú
en la proa casaras la noche de venenos,
pues, sabe bien de las argucias,
pero, el pecado más cercano
es caer hacia los abismos del mar.

De la rutina en cajas, de los vasos inquietos
en rol prescrito y las hojas caducas
en balances, acuses y saltimbanqui.

Almanaques que florecen
y la sensualidad más espumosa
de arrecifes en costra por las heridas
de epopeyas de folleto.

La vehemencia de este latir.
El oloroso empaque de tu cuerpo arañado al mío.
En teatros sin plateas, ni vientres en holgazanería
compostura,porque  respirar el amor debe en todos sus trajes,

La verdadera serpiente no comunica,
 asfixia mientras  susurra que te ama.




domingo, 5 de marzo de 2017

El arca de Wislawa de Torremozas

  Mi poemario El Arca de Wislawa ha salido como novedad editorial en la web de Ediciones Torremozas, La verdad que es un sueño hecho realidad, donde no solamente la poesía convive con la inspiración y el espíritu de Wislawa Szymborska, también la labor y el testimonio de otras personas, de profesionales y amistades de ley han viajado en esta travesía con mis días blancos y negros. Levar anclas, el arca ha zarpado...
Gracias Yolanda Quiralte por una contraportada de corazón, a Víctor Aranda García por su fotografía de autor y su arte. Gracias a todas aquellas personas que saben que una parte de ellas habita en el arca. El arca de Wislawa de Ediciones Torremozas, desde mi humilde punto de vista es un libro fruto de la constancia y el empeño, de poemas que desean respirar y ser compartidos.
  Quien me conoce de cerca sabe que Wislawa Szymborska supuso un antes y un después en mi vida.
  Padecí lo que denominan una catarsis. Por ella recorrí largos y cortos caminos, he conocido personas de carne y poema, y esta semilla, este libro que un día fue árbol, significa muchísimo en mi existencia. Porque el viaje más difícil fue el encontrar mi interior, Gracias.La imagen puede contener: texto



Antología bilingüe del San Diego Poetry Annual 2016-17

  El seis de febrero salió en Estados Unidos In Vivo , la antología bilingüe del San Diego Poetry Annual 2016-17 distribuido en bibliotecas y universidades del sur de California, y utilizado como texto en las clases de creación literaria. Leer un poema mío traducido en inglés es realmente una impresión, porque jamás pensé que mis palabras pudiesen adoptar otra forma escrita que no fuese la materna o la de adopción. Gracias Ana Ross. Gracias Olga Gutierrez Garcia.

Seven of Hearts, translation by ANA ROSSHANDLER

Slowly and with crafted penmanship,
does a stew simmers
when a palpable man and woman entwine through
legs
arms
fingers
tongue
til the last fitting knot is exhausted.
A surrendering heart
breaking lose from its cage
just like a rose exposed
at your voraciousness‘s mercy
blending flows of naked skin
just like a coffee bean
with a bubble‘s devotion to its embolus.
You rest your face between my tits
to listen to my pulse,
the flutter you‘ve flown back to my throat
and moon indwelled.
You, who lifted me up from the mire
rust scabbed
amebae drilling my corneas,
my mouth streaming orange fish.
You, who upheld my spirit,
music flushing away slime from my cuts
to embody a shiver down my knees,
orbiting my lips towards yours,
a ring circling its planet.
You, who clamored,
Enough! Flee from poetic death.
Breathe. Nest the sky in your veins,
Love ‗neath the melting pot of my body.
Feel an aviary triangle
for I am not a dream.
I bleed each time you soar the horizon,
a Venus‘ mount eroding.
Forget. Drink from my mouth
and meet oblivion.

Lluïsa Lladó

Flexiones en red.

Siempre he pensado que las vendedoras de zapatos,
se escurren felinas entre los almanaques
de los sueños quistes,
de las palabras que nacerán
del recorrido, las marchas, el maullido onmipresente
de abrazar con la fluorescencia de colores oportunistas
las telas, el encuentro, los desafíos montañosos
y otras historias.

Las vendedoras de zapatos
fabrican sueños
en meteoros con suelas
que dejarán el paso consuelo
de todas aquellas verdades
que ni el betún más absoluto encarece,
los caminos novios,
la bota sin agua, la plantilla de la veta en planta, que crece en crespones.

Poetas con cajas llenas de sueños.
Mujeres, que aran
lo que nuestros pies escondidos no conversan
dejando todo el poder a las manos y a otros artefactos
como roedores que quieren ser libres
y andar descalzos por la vida.

Desnudos sin ataduras ni cuervos sonoros.