sábado, 4 de febrero de 2017

La escuela de mamá

Mi madre nos ponía el vestido
de los domingos. Y sin ser
invitadas íbamos
a la mesa servida para otros.

Tenía yo vergüenza, pero, ella
con la barbilla alta
y la majestuosidad de herencia
tocaba el timbre tres veces,
o un número indeterminado,
hasta que la familia política
nos abría la verja.

Entonces, ellos aún con las manos grasas.
Y las gargantas llenas
de despropósitos
nos cedían sillas para contemplar
desde una vitrina
un triste espectáculo del medievo.

Luego al volver a casa,
con los grillos por pistoletazo
nos adoctrinaba:

"Hijas, nunca tengáis temor a la verdad.

Y descubrir por las acciones
cuando no seáis bienvenidas.

Iros con clase. En silencio.
Cuando no acepten vuestro linaje.

Buscad la tierra que os ame
defendiendo la voluntad.
La lección ha tratado
de la vida que hallareis en el camino.
Gente que aún en la endogamia
reniega de vuestra ralea.

Sed libres. Y volad."

2 comentarios:

  1. Qué suerte tener una mamá pájaro. Lo habitual es tenerla marsupial, de las que ni sueñan que volar sea posible, no te digo ya la libertad, eso lo ven como la antesala del infierno.

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    1. Sí mi madre ha sido pájaro. Ha sabido llevar el pan a su nido y nadie le ha regalado nada. Una madre que me enseñó a sobrevivir.

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