lunes, 16 de enero de 2017

Flecha de manzanas.

En el uso del florete, usted, siempre
ganó la vez, la vez de todas o de ninguna. 

Ya puede pintarse de nieve la urraca, 
y poner al poema el velo de novia. 
Que en los silencios
los árboles más altos crecen,
dando letras a los nombres
de sin sentido cosas algunas
como un bazar de mente
en callejones estrechos,
con el aliento de las ballenas, en los bochornos que lloran
en lavadoras que como cíclopes
ignoran que allí se quedó aparcado
el "Renault 21" de todos los sábados penitentes,
el olor de tu piel
metido en el folio,
el poema que cabrito
inviste su cornamenta a la retina,
y atraviesa paredes, y córneas,
y vaginas, y hace preguntas del tipo alga,
de la fórmula de los detergentes, de las viseras que 
anhelan al sol, de la caspa sin melena,
del bien por el bien, la nata con las nueces,
y la cáscara al abandono.
de si quiere o no quiere;
que en este ostracismo
haga el favor de joder a sus enemigos
y no se rinda.

Escribir como una metralleta 
gana adeptos para la posteridad.

Y eso es la única felicidad que me queda de su mudez
de boca sin lengua.

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