martes, 25 de abril de 2017

Prima de riesgo.

Los cisnes de graffiti en los muros
con el brío de la hoja
por vigilancia.

La estimulación del
quehacer de las horas, del tiempo
con su informe de golondrinas,
de visillos lavados,
de señoras pompas de la vesícula
y otras herramientas del cuerpo.

La primavera
dentro del carro de Alcampo.
Las uvas secas.
El vino de especias.
La coloración sin amoniaco
de un paisaje de ciudad
previo a los rayos ultravioleta.

El olor del bronceado, a los labios rojos,
al mar.

A la panificadora de hogazas
de sueños.

Ruidos nocturnos.

Pueden seguir con sus lenguas serruchos
con los picos
con los pulgares
apuntando hacia el infierno.

Los membrillos de las delicias.
Las playas mojadas de luna.
Los ciclistas,
molinillos de viento
que siempre en constructiva
con la crítica
que grilla en los sótanos de los garajes.

¡Qué cri cri, cri, critiquen!

Botas de agua en los charcos danzando.

El vestido,
la luna,
el renacuajo,
todo cuadra en los cuentos
de niños sin bigotes,
gatos locos
de patas cortas.

Miau.

Romper el eco
en la noche.

Canje

Si existe la felicidad
para cada uno, por su lado,
habremos llegado a
un buen entendimiento.

Hallar
sin mirarse a las caras,
con la cruz a cuestas
cueste lo que cueste,
boca abajo,
en rampa,
con los ojos taladrados
por el poema.

Entrantes

Voy hacer un pincho
en una tarde de cocina.

El alambre atravesará la vianda,
cada palabra,
y luego sobre la paella
se dorará hasta pulir
los cantos.

Para ser digerida
con los dientes
arrancando cada pedazo del revés.

Trámites

Hay hechos que
no necesitan justificación
alguna, como decir
que al amor  le
duele la cabeza.

Tal vez son excusas de
gaviota,
de ángeles
dormidos en metros
hacia el extrarradio.

Qué al amor
la rueda le ha fallado
y en la curva número siete
ha fallecido.

jueves, 20 de abril de 2017

La madre de todas las latas.

I

Una lata vacía.

II

De una camioneta han lanzado una.

III

Una lata,
esa lata, lata,
aquella, lata es.

IV

Una lata vacía
como un pueblo sin ideología,
rodando por el asfalto.

V

Con el vacío del que no cree en nada
ni nadie, en ópera conjunta
con el ruido y el  retumbar del hueco.

VI

Una lata
como una nave espacial en la misión perdida.

Se detiene.
Se para en eclipse, aguardando el próximo
golpe.

Con los ojos del mundo en ella.


Huracán de rebelión

Nace la rosa sobre la madera.
Y la misa pone nombre.
A lo desconocido.
Sube un torrente
inevitable a mi lado
que empaña el juramento
de que llorar reblandece
entre una voz quebrada
de hiatos sin hernia
dando lugar al poeta
de coágulos
de mano alguacil
de pecho registro
de partida naranja
de yodo, presa y amoniaco.


Tras un telón verde.
Y otros despidos improcedentes
cerca del respirador de la cera.
Y la broma de abril
con un público de lavanda
para aminorar las marchas
con la música del humo.


Sufrir el poeta hermano.
Como rosas que brotan sobre el barniz
en un miércoles de devotos
al teorema de la amistad
que es anilla hasta en el infierno.


martes, 18 de abril de 2017

Vellotero.

I

La metamorfosis líada dentro del poro,
estira su tallo hollín para romper la piel.
Del camino minero hacia la luz de la raíz origen
no siendo árbol
ni flor.

Vello enquistado
buscando nacer
en la epidermis planeta
que lleva varias lunas
porque él no entiende de alegrías
y deja poblarse cuando la tristeza
se siente desnuda en su cara.

Del frío de la caricia
y la barba anárquica
acampando junto a una boca que se atrinchera
y unos ojos como dos gotas de pupila,
escribientes del bote conjuro de la tinta.

Él, llora, pelo.

II

Lleva tres días sin afeitar.

III

En la cocina, un pastel da paso
a la gula, y el hombre de aspecto gris
le recrimina su gusto por fotografíar el ágape,
y le aconseja poner la dulce instantánea
a la vera mortuoria de los versos de su blogspot.

IV

Todos los forínculos pilosos tuvieron un espasmo.

V


Ante la indirecta, levanté los toldos
y respondí, con la seguridad de un médico
que diagnostica sarna; no me disculpé ni me avergoncé, en este paraje reside un mundo, mi mundo, es una reserva indígena, la suciedad tapada, el llanto que se estancó dentro de una área de masa. Mi mundo y tú debes explorarlo con la inocencia de las hojas, de los insectos, de las suertes y las lianas despeinadas.

Convivir y acceder.

Un nylon que nace en poema.

Un maligno gen que necesita ser expulsado, una bestia sagrada que a través del poema rebuzna, ladra, escribe. Deja que supure, sino reventaría y crea que debe salir de algún modo, como un microondas con papel de plata. Y no, no le gustaría ver como la podedumbre me comería. Mi mundo, y todos sus desperdicios.





domingo, 16 de abril de 2017

http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=33&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwiKlbDXwanTAhXJWxQKHZ5WA-84HhAWCC0wAg&url=http%3A%2F%2Fwww.mundiario.com%2Farticulo%2Fcultura%2Fpoesia-castellon-plana-vive-momento-verdadero-esplendor%2F20170410183351085400.html&usg=AFQjCNHPDllMldVQuH57K3Ji2mOmtC01Zw&sig2=iaqF-LT76gzKOv9rvgZ3vA&bvm=bv.152479541,d.d24

ELGA REÁTEGUI: Lluïsa Lladó:“El amor y la humanidad son los pilar...

ELGA REÁTEGUI: Lluïsa Lladó:“El amor y la humanidad son los pilar...: La fotografía de un sepelio removió todo su ser. La espectadora cumplía años ese día en medio de una profunda tristeza, y la escena ...

Sin título.

Reconozco que no es fácil
bregar con mi desbocada,
que los que somos bohemios
acusamos la actitud de la culpabilidad
de la teleserie con el ego que se instala en su caravana y nos hacemos el amor
ensimismados mirando
al espejo del techo.

Cuando camino un paso
cinco son los tuyos
y tanta divinidad encubierta
de llanta y acero diezmado
en el glotis tráquea
adolece.

Cariño voy en galgo
y aunque la tortuga se esconde
en mi vulgo raquídeo
las fobias laten más que nunca
y cada día es una guerra de col hervida
para salir a la calle.

Cada día y tú no de das cuenta.
Al entrar en el vagón
y noto un hierro obeso
que imprenta me atraviesa
con el sudor de la tila
hasta que la crisis es estafada
por el autocontrol.

Por eso corro hacia la muerte
y mi agenda es un desahucio
continuo de vida.

Quisiera paz de avellana
sin la necesidad del plancton
de nadar en el volar.

Gracias compañero
por aceptar los treces.
Por estirar el cubo del pozo.

Por mirar de lejos
la cercanía de mi locura.
Cuando la pesadilla me abre los ojos
y convives con mi ruido.
Gracias por esta adúltera relación
de cohabitar con el poema.

No es nada fácil
y por eso y por tantos grillos
te amo.




jueves, 13 de abril de 2017

La voluntad propia.

De la fragua de la guerra
la peor parte, arrastrar al cadáver
que agoniza, tras un camino vocal.

Con la equivocada creencia
de que respira, cuando es el eco
de los álamos, de la maldición en noches,
de la pretensión a montar ruedas
en las piedras. Un bulto que te abraza al cuello
con la ingratitud de matar al padre.

Pesa en exceso, el que de los bandos
sea yo la milicia que apuesta por la vida
bajo la lluvia de balas,
Con la sangre en los tinteros de la ropa
abriendo abanicos
con floral lunar.

Con la sórdida pieza
de abastecer la tapia
para comprobar en aritmética
que salvar a un muerto
acaba en decimales.
Y exepelios tras los otros,
mientras el olor aterrado
se mete dentro de ti en proyectil.

Antes devoraba una década
en cerciorar que la lucha
se desintegraba en polvo.

Ahora no debo permitir el lujo
de los bolsos de marca,
debo ser mordaz veneno
para asumir que quien se vuelve invisible
es por voluntad propia
aunque nos cueste la herida en el dedo,
aunque no fuera lo encuestado,
en el vacío de cubiteras.

domingo, 9 de abril de 2017

Cacahuetes

Nunca entiendo la escabrosa reverencia
de cerrar la puerta a mi paso,
cierras la puerta,
cierras la puerta,
cierras la puerta,
como en un salón de espejos en una feria de muertos;
te metes en la habitación y cierras la puerta,
comes en la cocina
o te recreas con una película
y cierras la puerta,
poniendo punto final a la presencia,
lapidas la fotografía,
la llenas de arena y cal,
con la puerta en losa constante
al aire circulatorio de mi voz
y tus huesos.

Cierras la puerta
y me quedo aislada en el vertedero de tu vida.

II

Cuando era niña, y mi padre masacraba
la casa de las muñecas

y veía desde un dedal
como se convertía en un tiburón
descuartizando a mi madre.

Cerraba la puerta.

No quería ver ni escuchar.
Tenía el miedo de una gota de orina.
Pensaba en la falsedad que había huido
de la carnicería.

Cerraba la puerta
y con los pulgares ahogaba
al sonido de mis orejas.

Cerraba la puerta.

III

Sumida en la mudez de una casa,
la puerta estaba cerrada, a través de los cristales
vi como dormías con el volumen de la radio en pértiga,
pero, yo sentía que me había convertido
en un paquete de galletas
en una expendedora de barrio.

Te he preguntado, por qué cierras la puerta.

y me has respondido nada
que hubiese sido mejor
que ninguna pregunta.

Ahora sola entre mis sábanas, tengo las puertas
abiertas de mi casa, a excepción de la de la calle,
no me gusta cruzar puentes entre agujeros.

No, tu puerta cerrada habla demasiado.
Y empiezo a estar cansada de abrir la yaga
de quién anhela a vivir
a espaldas del mundo.

sábado, 8 de abril de 2017

Dona sangre.

La velocidad de la sangre en una catedral humana,
y las camillas con trapos verdes
que pretenden al buen samaritano.

Roja ilegal, por canales de Venecia
mordiendo moras,
en la galaxia de un interior de plástico y fauces.

Ellos dan el oro de la vida,
la donación de órganos como joyas de peatones
que rodean al cordón ciclista de la enfermedad.

La transfusión espera,
y el descubrimiento
de la dulzura más poética.

Algunos estudiantes ya han dado su nota,
otros devoran un bocadillo asidos a latas con azúcar.

Una chica foránea bajo la túnica
y un suero lleno de barro
fabrica ceniceros para hospitales.


¿Quién se atreve a decir que somos distintos?

Cristal de metal.

Te he observado tras la vidriera,
con la excusa de una costumbre olvidada
que ha llegado a casa, y no deja quitarse los zapatos
ni alzar la voz en alegrías.

Estabas dormido con la nuca apuntado al norte,
mientras se iluminaba tu forma
desde la pantalla
como un color que deseaba ser conquistado.

Tres suspiros
con la reencarnación en el recuerdo,
de los pasos al dormitorio
entre las coníferas y los sapos de un vídeo de Kenny G.

Me lo contó el carmín de tu frente
y la nota roja, que pervive
en tu bolsillo derecho.

Fingiré que soy tonta
y me disfrazaré de rutina.


viernes, 7 de abril de 2017

Retrasar el encuentro.

Desnudo un cuerpo aguarda la madrugada
y viaja despacio con el momento
en que la cerradura se abre como aquel portón
del afluente que la lluvia
se permitió el lujo de lubrificar su tierra.

Le escucho entre el silencio de los pájaros,
mientras mis ojos fingen un sueño.

Mi otro yo, ha abierto la "tele"
y sin desprenderse de la ropa del trabajo, empieza a visionar
absurdos programas de productos
con propiedades mágicas.

El cuerpo se viste de pena.

Antes su llegada era un festejo,
los armarios giraban el rostro a los besos ruidosos
de la noche.

No se sabe muy bien, cuando ella fue el intercambio
de un canal en desuso
demasiado seco para ser luna.

jueves, 30 de marzo de 2017

Añoranza

I

La luna creciente en el mar 
con alguna soledad
que flota, en un mecer de penumbra con el brillo de los edificios,
dentro de la nada, donde entraremos en el viernes de las etiquetas,

Un pie de mes, que anunció primaveras
que aligeró el reloj a la noche.

Un final de meta, a tantos envases
y platos que llenos aparecieron desnudos,
mañana con la culminación  del alpinista 
de su cúspide, y las alondras que vestirán de lluvia los abriles.

II

De lo que se trata es de volar,
de cambiar la ropa de los armarios,
de saber que tu madre nació en Marzo,
y que tu abuela también murió en Marzo.

Signo de aire apaciguado por la guerra de las amapolas,
por un viento que ha arreciado con la boca pequeña.

Un mes, que termina, con la publicación de mi cuarto libro.
Siempre pensé que su número igualaría eterno
al de mis hijos biológicos, paridos con amor y amor querido en melancolía
de la maquinaria de una combatiente.

III

Wislawa siempre está conmigo, se convirtió en un faro antiniebla
a tanta isla sin puentes. Ahora toca lanzar los dados,
y con calma cerciorarse
de que un libro sea, o por lo menos creo en la intención de ello,
un potro recién nacido que debe aprender
a caminar solo.


A caminar solo, para su supervivencia.

El resto son 
vinos y rosas.



martes, 28 de marzo de 2017

Una ciudad cualquiera.

I

I
En Valencia la humedad bailaba con ese viento malévolo,
de las conversaciones lidiando
con el zumbido de coches y de motos
que en comparsa llenan sus avenidas.

Las latas volcadas emulaban
a los cisnes en su charca ocre,
junto  a los parques con mendigos
disfrazados de estatuas por la contaminada erosión.

Valencia, que bella cabruna, con sus portales
poseedores de tesoros, y esos museos preñados
de presupuestos.

Camino, y en la agonía metropolitana
llego al evento, número... ¿qué más da ya su número?

El mayor parásito
del ecosistema es el hombre.

II

Si en cada mano he de sostener la herejía,
la calamidad, 
calibrar el rumbo del poema,
entre las aguas fecales, y las palomas en los abrevaderos
con la suciedad de las uñas de las aceras.

Calibrar la asonancia de viajes en paraísos.
En árboles con lazos, y frutos con la mancha inodora
de la realidad. El poema exorcizado,
amamantamiento del líquido gaseoso,
con la palabra en manos del funambulista
y abajo todos esperando a que caiga.



Libertad por ambas alas.

En tonalidad grave, conversa de la unidad del ser o del sarmiento,
de que no somos animales en simbiosis
ni por algún raro gen, o fallo de producción: un gato siamés.
Para nada nos asemejamos en lo físico,
así que, tampoco nos parieron gemelos del mismo útero.

Cuando te cortas el dedo yo no siento la herida.
Cuando  toso, no es tu pecho el que se descompasa
en el jardín de los bronquios.

Pero al dirigir el objetivo,
y macerar todo ese dogma del soltero de oro,
me visto de aire
para comentar la inesperada visita a Valencia.

Y tus ojos se caen
rebotando con el suelo y la nevera,
asumiendo que el trato es por ambos cometidos.

¿Y eso?

Lo único que sabe decir la boca,
porque ni tú te crees la religión propuesta
con sus enmiendas.

Dormir en la entraña de la tierra.

En casa un nuevo colchón aparecerá por la puerta,
asfixiado por un plástico,
sediento de mimos, de vaivenes, de sueños.

Recuerdo el día de la compra
como filetes empanados
retozábamos sobre múltiples oportunidades de muerte,
mirando al techo de establecimientos
que parecían museos de cera
acicalados en algún rincón con fundas y mega pancartas
que hacían bizquear la vista.

Te dije, bésame, agárrame fuerte,
pero, eres demasiado íntegro,
te apuraron los ojos de una vendedora
y el silencio de todo un despliegue de telas obesas

y de tapiz.

Los dos somos de muelles, pasando reverendo-mente
de lo que llaman vicoelástico
que no deja de ser el nombre pijo
a la espuma de toda la vida.

No te atreviste, y me quedé con las ganas de saber
si una vez adquirido
ese beso valdría la pena
porque la experiencia ostenta el grado
que mide la curva de dónde va nuestra relación.

Y sentada en una silla de oficina, aguardo el timbre
que traerá como el mesías,
un trozo de materiales en prensa.

No olvides, cariño, que me gusta dormir en el suelo,
Sentir la arena y retozar en ella.

Ensuciarse, significa vivir.


Los botes que ocuparon las tazas.

Abres el armario de la cocina, Y percatas
que has ido colonizando pacíficamente su espacio.

A este hombre de astenia a la cafeína, a los polvos de cacao.
Al azúcar. Que en vacíos ostentaba
la huella que con albedrío he morado.

Allí en periferia ciudadana, conviven botes, y tarros.
En abultadas esencias que aletargan o vivifican el estado del ánimo.
Tener encerradas  las estaciones.
El aroma de la niñez, rivalidad de mi personalidad vírica
donde he edificado sobre la tisana,
en la leche rancia que no es leche,
con la sacarina escueta a brazo partido dentro del sobre
para ser veneno en reflexión del sabor y la dominación más absoluta.

Callados miran en rasuramiento,
un muro que oculta la vida de antes.

Del antes de que con mi tropa matinal
abarcara al armario, desarmado con tanta violencia.

Pienso, que quizás los espacios sean de uno mismo.
Y que es sana hasta la insalubridad de la respiración que no aporta oxígeno.

Me avergüenzo de esta dictadura
que siempre ha desayunado con el egoísmo.


lunes, 27 de marzo de 2017

La maldad requesón.

Las amígdalas gritan
lo que callo en una nota
demasiado baja, la que entre la tráquea
descansa en un silencio
que narra los abastecimientos,
los neumáticos quemados
con hedor de su plástico
combatiente de una hoguera,
tal vez es la evidencia del viento,
la falsa amistad
con chaleco antibalas
que flota cadáver
incapaz de esconder su humo
entre los títeres,
por eso me basta la tos que huye de la flema, el aparatoso vuelo de los que oran
a la conveniencia. Aquí en el apartado
de la goma chamuscada
de hacer relojes para aprender a sobrevivir.



domingo, 19 de marzo de 2017

Después del tendido.

En el lecho coronaba una pila 
de pantalones, 
de camisetas flacas y gruesas,
de calcetines solteros en busca de la cópula
y al ordenar el desquicio,
uno, quedó huérfano como la estirada oruga de tejido
en que se asemeja cuando ningún pie la habita.

Su cama abrigaba la omnipresente montaña,
de ropa del derecho, del revés de equipajes
de otras mujeres, de otros hoteles,
de colores caóticos del bosque en el crepúsculo:
pardos, oscuridad, verdes militares y chocolates 
en tierra que perfilaban la geografía del hombre que hoy, por hoy amo,
y venero, el que no posee temor, y dice mirando a las baldosas de la cocina
que soy valiente. No considero que lo sea, simplemente,
apuesto a la vida, antes de que engulla,
no dejo que la bacanal de la colada
sea ni por un momento
la maraña de la horda de los pensamientos.

Con la manía infantil le cuadré
las toallas con sus picos en cartabón,
las sábanas beatificadas con el sueño,
en armonía textil y amorosa,
porque quiero que este bache se supere
como cortinas arrancadas de los ojos.

Puestas en torres que se atreven a desafiar a la orilla,
con cada prenda con su función 
más esperanzadora, una maniobra de aseo, 
de saber que no estás solo,
y qué caiga quién caiga
no dejar que la avalancha nos coma,
no al extravío en el biombo,
y condonar que el calcetín de franjas lilas
sea el testimonio
de lo que un ayer padecimos
porque cualquier noche de éstas
será una bella polilla de poliéster.



Imagen tomada de Internet.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Yonquis

Este trozo de carne
en que me he trastocado
con la inercia
de un elástico

haciendo de tu poema
rayas
"cebriles"
y necesarias para que el "oroficio"
de nariz esnife
tu verso de verso
en descolamientos de apéndices.

La incertidumbre
el desvarío de la brújula
los cometas
haciendo cola
de ganchillo
en el éxtasis que supone
el releer cada golpe.

La comisura blanca
con las pupilas en dilatación
con las estrofas del poema.

Regulación del pulsómetro
trabado a la víscera
de un ostracismo
dando hedor al trozo necrófilo
que flota
que irradia
todo el venidero mayo.

La suerte mudadora de piel.
El dedal en cada yema.
El caos.
Y la drogadicción más asesina
la que no llora ni una mísera gota
de sangre.

De leer y morir de poemosis.

Y ya no saber del amor o de las culebras.



lunes, 13 de marzo de 2017

La humedad de la palabra, te quiero

Me gusta escuchar la lluvia
arrimada a ti,
en consonantes que agudas
timbalean y entremezclan la respiración,
dejando, que el eco
descanse su fatiga
en el silencio tímido
que acontece cuando
la lluvia se suelta de la mano.

Y en ese hueco el agua
anida buza, para pez
mover coma.
Para dar auxilio
a aquellas penas
con fragancia de crío
que tú has descubierto
sin competencia.
Y sin duda, con el ruido
de una noche de caballos danzarines.

Que el amor se fortalece
Y tú lo sabes.
Y yo lo ratifico.

En el cebo con atravesada la palabra:
Te quiero.



viernes, 10 de marzo de 2017

El contador

En la ciudad de los almendros
que florecen antes de la hora,
el atolondrado de mujeres,
y varios enseres, abren la persiana
al día. Cuesta reconocer que ardan
niñas en los colegios, y que un rinoceronte
dentro de un zoo, fue la extirpación
de la maldad que compra sueños
en cafeteras, y heridas que nunca bajan
la barrera, en una vía de peatones
de rifas y carantoñas
cuando llega la primavera
y uno se entera con el atragantar
en la faringe de pétalos.
Y ruedas naranjas.

Cinturón para unos
olvido hacia mi persona.

martes, 7 de marzo de 2017

cobra o pitón

La concordancia cruda de cada estribo
en las regletas porosas 
y la música,
en esta alma ida
entre tumores de barrio.

De mantelería bordada y las sanguijuelas
haciendo poses de Afrodita
para sorber ese acuario que yace
entre las comillas, y las bocas del incendio,

Mortecina espejismo si tú
en la proa casaras la noche de venenos,
pues, sabe bien de las argucias,
pero, el pecado más cercano
es caer hacia los abismos del mar.

De la rutina en cajas, de los vasos inquietos
en rol prescrito y las hojas caducas
en balances, acuses y saltimbanqui.

Almanaques que florecen
y la sensualidad más espumosa
de arrecifes en costra por las heridas
de epopeyas de folleto.

La vehemencia de este latir.
El oloroso empaque de tu cuerpo arañado al mío.
En teatros sin plateas, ni vientres en holgazanería
compostura,porque  respirar el amor debe en todos sus trajes,

La verdadera serpiente no comunica,
 asfixia mientras  susurra que te ama.




domingo, 5 de marzo de 2017

El arca de Wislawa de Torremozas

  Mi poemario El Arca de Wislawa ha salido como novedad editorial en la web de Ediciones Torremozas, La verdad que es un sueño hecho realidad, donde no solamente la poesía convive con la inspiración y el espíritu de Wislawa Szymborska, también la labor y el testimonio de otras personas, de profesionales y amistades de ley han viajado en esta travesía con mis días blancos y negros. Levar anclas, el arca ha zarpado...
Gracias Yolanda Quiralte por una contraportada de corazón, a Víctor Aranda García por su fotografía de autor y su arte. Gracias a todas aquellas personas que saben que una parte de ellas habita en el arca. El arca de Wislawa de Ediciones Torremozas, desde mi humilde punto de vista es un libro fruto de la constancia y el empeño, de poemas que desean respirar y ser compartidos.
  Quien me conoce de cerca sabe que Wislawa Szymborska supuso un antes y un después en mi vida.
  Padecí lo que denominan una catarsis. Por ella recorrí largos y cortos caminos, he conocido personas de carne y poema, y esta semilla, este libro que un día fue árbol, significa muchísimo en mi existencia. Porque el viaje más difícil fue el encontrar mi interior, Gracias.La imagen puede contener: texto



Antología bilingüe del San Diego Poetry Annual 2016-17

  El seis de febrero salió en Estados Unidos In Vivo , la antología bilingüe del San Diego Poetry Annual 2016-17 distribuido en bibliotecas y universidades del sur de California, y utilizado como texto en las clases de creación literaria. Leer un poema mío traducido en inglés es realmente una impresión, porque jamás pensé que mis palabras pudiesen adoptar otra forma escrita que no fuese la materna o la de adopción. Gracias Ana Ross. Gracias Olga Gutierrez Garcia.

Seven of Hearts, translation by ANA ROSSHANDLER

Slowly and with crafted penmanship,
does a stew simmers
when a palpable man and woman entwine through
legs
arms
fingers
tongue
til the last fitting knot is exhausted.
A surrendering heart
breaking lose from its cage
just like a rose exposed
at your voraciousness‘s mercy
blending flows of naked skin
just like a coffee bean
with a bubble‘s devotion to its embolus.
You rest your face between my tits
to listen to my pulse,
the flutter you‘ve flown back to my throat
and moon indwelled.
You, who lifted me up from the mire
rust scabbed
amebae drilling my corneas,
my mouth streaming orange fish.
You, who upheld my spirit,
music flushing away slime from my cuts
to embody a shiver down my knees,
orbiting my lips towards yours,
a ring circling its planet.
You, who clamored,
Enough! Flee from poetic death.
Breathe. Nest the sky in your veins,
Love ‗neath the melting pot of my body.
Feel an aviary triangle
for I am not a dream.
I bleed each time you soar the horizon,
a Venus‘ mount eroding.
Forget. Drink from my mouth
and meet oblivion.

Lluïsa Lladó

Flexiones en red.

Siempre he pensado que las vendedoras de zapatos,
se escurren felinas entre los almanaques
de los sueños quistes,
de las palabras que nacerán
del recorrido, las marchas, el maullido onmipresente
de abrazar con la fluorescencia de colores oportunistas
las telas, el encuentro, los desafíos montañosos
y otras historias.

Las vendedoras de zapatos
fabrican sueños
en meteoros con suelas
que dejarán el paso consuelo
de todas aquellas verdades
que ni el betún más absoluto encarece,
los caminos novios,
la bota sin agua, la plantilla de la veta en planta, que crece en crespones.

Poetas con cajas llenas de sueños.
Mujeres, que aran
lo que nuestros pies escondidos no conversan
dejando todo el poder a las manos y a otros artefactos
como roedores que quieren ser libres
y andar descalzos por la vida.

Desnudos sin ataduras ni cuervos sonoros.

domingo, 26 de febrero de 2017

Aditi-viva

Flor de Pascua.
Acacias.
Madroños y uvas.

Sansona.
Herculasa
Da vida contra Goleta.
.

Mi madre furia. Que colágeno ha edificado mis cimientos.

Intempestiva del Atlántico.

Destruyendo naves,
quemando la maldad.

Dobla las cucharas del viento.
Acicala mis ojos de fortaleza.

Lava-dura de perlas amasando panes.
Re-buceadora en isla.
Cazadora y manta en Borneo.

Mi madre giganta. Brújula.

Fuerta y Glorie.
 Es ella, así, como todas las madres.
Mi madre.




viernes, 17 de febrero de 2017

La llave rosa

Voy a mano descubierta por la vida,
andando lo que se puede
a contrabajos atletas de gente,
para saber lo justo de la falta de tacto
que no sobrante puede ser añoranza
y en exceso asfixia.

Por ello me quedo con la luna,
con los viajes no resueltos,
cuando con-quisté Granada sola
por las calles mientras moría lo que fue
un gran amor en un hotel del centro.

He comido hígados varios,
la profesión del poeta los colecciona,
en homenaje a los dioses egipcios
en versos licuados
de alas tan gigantes que no existía
término al caminador.

No creo en los amores de amantes ausentes
con la plática de un ajo
metido en aceite, porque a mi anarquía
le gusta comer con las manos,
sorber con ruido,
gritar lo suficiente
para que con la expresión
se avisten las armas.

Con la felicidad ajena,
y que la lluvia que acaricia el rostro
en la telenovela dé re-bote.

Necesito del amor
como el algodón a la herida.

Que apriete la brecha.
La sanación
con la cadena de sabernos fatuos.

En el silencio.
En el water.
Al abrir la nevera.

Se sobreentiende que el ángel exterminador
del vacío,
beba ginebra en bares de alto standing
con taburetes forrados de terciopelo;
porque para el amo-río
no necesitamos más que dos pavos, las arrugas, las sombras, las desvariadas
de nosotros mismos
cínicos
haciendo chinescas manchas del martirio.

La dependencia para las cartas.

Hoy vuelo y mañana dios dirá.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Eso que mantiene viva la vela.

I

La comedida palabra igual que un pasador
de puerta, hacia los calabozos.

II

A veces sueño que soy una pistolera
y con un violín voy matando sueños.
Saludan a mi paso
en reverencias
y las flores
se giran ante la magnitud de mis balas.

Pero, solamente tengo la tierra que cabe en mis manos,
el ansia del tulipán que aún es bulbo,
la gula del que vive como una gota de aceite
expulsada de su agua.

Quisiera ser una mafiosa
y tirotear folios a los que se comen mis dedos,
sonreír al verdugo
y que retirara de una vez por todas su capucha.

Sacudir las pirañas de las sábanas,
asaltar a los bancos de la melancolía.

Pero, el aire me empuja al muro
y mi cuerpo adolece en una termita
que sin tregua agujerea la médula.

Árbol de mujer, y dentro de este maldito
crucigrama de ideas
que cortan  mi pecho.

La fe,
la fe, la que chirría a partes iguales,
la que grita: Tú eres una bandolera,
empuja la puerta
y salta, salta página, salta a la tierra.

Con el paracaídas de los libros
y de la esperanza puta
que me dice que un día,
en un miserable momento
existirá la música.

No me rindo.
No me rindo.
No me rindo.

martes, 14 de febrero de 2017

Cebollestupideces de día.

Contigo cebolla
y ...todo lo demás.

Cebollino,
cebellino,
cebellina,
cebolleta,
cebo 
lla 
ce
bolla
encebollado
cebollón
cebadilla
cebolludo
cebollera
cebollada
cebolla.

Hacer llorar no es buen canje.




domingo, 12 de febrero de 2017

Divagación

Vergüenza ajena.

Si no somos más que simios en congregación
adorando a un espejo, en qué nos hemos trastocado los poetas, algunos, no todos, o quizás demasiados, en ligas de futbolistas de diferentes razas, buscando copas de oropel, de alevines levantando sus fosas en pequeñas burbujas de agua.

Tanto egotismo, segregación, mudez, barbillas levantadas,
dedos acusatorios, folios que huelen a orín,
bolígrafos para las chequeras.

En qué soy y yo que sé en que me he trastocado.

Panero, que está en los cienos, levante y hable,
ponga un poco de orden, salve con su hálito de nicotina este descontrol
que ha abierto la veda y construye muros de Trump
entre los mi(s)mos poetas.

Poetas que desnudos, en la hipótesis
de los derrocamientos, acabarían
juntos en la cámara de gas.

¿Por qué nos hemos olvidado de ésto, Señor Panero?

Mímesis

I

La carne con carne,
carne de carne
de la misma fragua
en moldes distintos.

II

Mi amor arritmia en delirio de campos,
de este lleno que sobrevino en un
que había rebosado el límite que podría enumerar,
pero no explico en este turbio que causa la sordera.

Con el corazón, en cama compartida,
el olor de tu piel causa estragos a mi vena
al alguacil corréografo
de las mutilaciones.

Sarna en dedos florecidos, moho de pan para nuestras bocas,
que las mariposas existen en los cuentos,
y es la vida diaria de dominicales, la que aletarga la llama
para que no se anegue. Los abrazos impuestos,
los anillos vaginales, los regalos en días de zirconio
no son más que rediles de gallinas.

Me quedo contigo, en la salud y en la enfermedad,
lo percibí cuando las amarillas indicaron el parámetro,
en ese instante de coz, de aullido, de súbita lanza,
supe que morir no era más que la excusa perfecta para residir siempre a tu lado.

Sin anillos, sin papeles, sin descendencia.

Con el vaso del agua para el sediento desértico
que sin dar nada lo da todo.




PD. La cosa rara, de querer ser tu parte, del punto cardinal el "nor"
para "te" estar en.

sábado, 11 de febrero de 2017

La sinceridad florecida.

Nuestros ojos se tropezaron y como
en una fórmula de física, aparecieron las reacciones,
adversas en el amor
donde se construyen puentes
y una cultura que nos enseña
que nuestra pareja es el enemigo.

Con las aradas la pregunta de que en la convivencia
sobreviene el cambio, el amor
de gestas que para los muebles pasan desapercibidos,
pero, ahora, que me he lanzado en picado
a la piscina de tus ojos, confieren la verdad.

El olor de zapatos.
La legaña en el ojo.
La mueca inoportuna.
El canal equivocado.
El beso frío.
El café y el azúcar frente a la estevia y la infusión.
El abrazo a la almohada.
La toalla con pelos.
El sarpullido de la barba en mi mejilla.
El eco de los ronquidos dignos de Neruda.
El hipo, la tos, el gas.
El bostezo para no mediar palabra.

Para derribar la fortaleza
de saber, que el amor viste rastrero y zafio
y en la humanidad
de los sorbos, la ropa plegada, el gato en vez del perro,
la sonrisa en tres sábanas
se han escrito para recordar
que somos animales de alma en celo.

Dolor

Cuando el dolor acecha.
Y la espalda se corrompe
en contractura, los músculos
claudican en la escápula
haciendo de la vida
lo más insoportable
posible.

Y en el aprovechamiento
de la herida, una saca la libreta de las neurosis múltiples,
de una paranoia de oficio
para administrar al procesado acrónimo
de sadomasoquista:
la purga.

Con el padecimiento del habla
en el silencio, para emerger
como Titanes
en niños quejidos
de poema.


jueves, 9 de febrero de 2017

Saciados por menos de una moneda.

La cola del Telepizza era madrugadora, apenas
salidos los niños con la merienda del colegio,
que variopintas personas enhebraban  por orden
su comanda al chico de la gorra y la sonrisa
de "Me tengo que pagar los estudios".

Vivimos con el hambre resuelta,
en paquetes de macarrones
y botes incendiarios, para que no abordemos
las calles. Ya se encargan de mitigar
con el gas lacrimógeno
las revueltas dentro del barril sumergido en un mar de cebada,
con promociones de harina y agua,
de un euro por carne prensada igual que un papel,
masticado de nuestra historia.

Porque ellos lo saben.
Pueden saquear, amortiguar, pescar el bien ajeno.
Qué sólo la hambruna y las cabezas claras como huevos,
estampado en las alineaciones
de urbes, postales y fechorías.

En el estómago con el eco del intestino.
En el niño bramando a la teta.
En las colas de los arenques,

mientras que de pienso pensaremos más bien poco
el gramo.
De la libertad y de la justicia.

Por menos, 
de una moneda y en silencio.



domingo, 5 de febrero de 2017

La congénita ecuestre.

Mientras sopla febrero por las calles
me pregunto si sufre la pierna rota
del caballo antes del sacrificio.

Si en su doblez, el amo
justifica las portadas de los diarios
y el sudor que recorre su frente
antes de encañonar a la criatura
descompuesta.

Tal vez un vendaje oclusivo.
Una inyección salvavidas.
El arrullo de los potros en tierras indias
que podrá socorrer de la muerte
al que fue su peana, su poso, su testigo.

El disparo cumple las funciones anológicas,
surte el efecto de la traición hípica
de los que padecen el uso de las carreras.

Relincha con murmullo,
saborea el aire entre la saliva que purga el presente
de una odisea que de tragedia
parece un costumbrismo en los establos.

-Cojo, quiero mi caballo, cojo.

Le dije al hombre
que apuntaba a la dirección de los vientos.



sábado, 4 de febrero de 2017

La escuela de mamá

Mi madre nos ponía el vestido
de los domingos. Y sin ser
invitadas íbamos
a la mesa servida para otros.

Tenía yo vergüenza, pero, ella
con la barbilla alta
y la majestuosidad de herencia
tocaba el timbre tres veces,
o un número indeterminado,
hasta que la familia política
nos abría la verja.

Entonces, ellos aún con las manos grasas.
Y las gargantas llenas
de despropósitos
nos cedían sillas para contemplar
desde una vitrina
un triste espectáculo del medievo.

Luego al volver a casa,
con los grillos por pistoletazo
nos adoctrinaba:

"Hijas, nunca tengáis temor a la verdad.

Y descubrir por las acciones
cuando no seáis bienvenidas.

Iros con clase. En silencio.
Cuando no acepten vuestro linaje.

Buscad la tierra que os ame
defendiendo la voluntad.
La lección ha tratado
de la vida que hallareis en el camino.
Gente que aún en la endogamia
reniega de vuestra ralea.

Sed libres. Y volad."

Nonoche

La ilusión se ha sentado en el vagón
al lado de un chico con gafas. La esquivo en cada beso que el tiempo
obsequia a la vida.

En los niños azarosos como cohetes de feria,
y en los autos de colores en el semáforo,
emulando a peceras
con conversaciones de vaho.

Luego viene el obelisco, la soledad absoluta,
escuchando desde una nota en el pentagrama,
a los que exorcisan en gestos airosos
la dicha en las mareas de los adentros del poeta.

Del ruido estrófico, desde un pequeño retrete
de esos de cerámica. El endiosamiento
que se auto-escucha en el comedor de los vientos
alimentando al carnero con flores.

Con el vinilo, que emite el canto de la dinamita
para las paredes que caen con el efecto de la resiliencia.

Porque tal vez, es hora, de salir del aseo
y cruzar esta casa
de habitaciones independientes.

No entendiendo las flagelaciones poéticas,
ni el oír la voz propia mirándose el narciso.

No soy nadie en este anfiteatro,
más que una vagina que canta en una Ítaca de extrarradio;
una mujer afónica,
que escribe lo que le dicta la pleura.

Y se apoya en el lavabo.

Mientras se entremezclan las odas
como una lluvia de febrero en un cine.

No sé de poesía, demasiadas negaciones para el alma,
aunque ya a la edad de una, distingo la rata del pescado.

Y sentada en un vagón
puedo ver el amor verdadero en los ojos de una pareja.

Y la celeridad del paisaje.

Para salir en silencio.

Con el cansancio en la espalda

Del poema.








viernes, 3 de febrero de 2017

Sin títulaciòn

Y después de la ira.
¿Qué nos queda?

De la lluvia ácida sobre la lengua.
Después, el vacío, la sensación ridícula
de la contenida llama debajo del metal.

De la peor, en que no nacen golondrinas
de alones cuadrados, ni partituras de bohemia.

Me queda un cadáver entre el esófago
y el alma parida en páncreas.
Me queda  el cráter de la viruela en la última caricia,
los garbanzos secos en latas con óxido
recordando su sombra.

De la ira, no nace nada bueno
porque no es tormenta
sino un cirro sis-temático
dentro de un cuento para adultos.

Ya es hora de la pirata,
de reconocer que ha ganado,
que paralítico el viento
no cabe en un tubo de escape.

¿Sentirá algo la piedra, los electrodos, músicos ambulantes
para el barbecho de mi vértigo?

Después de la ira,
tal vez, exista algún médium
para conversar con el niño vivo
dentro de un hombre muerto.

II

Le deseo una buena estancia entre carnes
que no olerán a naranjo,
y que cada palabra sea fértil.

Ya no resta más oxígeno
para resucitar la fe
de que usted, de vorágine, pudiera ser fecundo.

Tiene razón,  la amistad aprovecha todos los órganos
de la matanza,
porque después de la ira
sale un nuevo sol.

Y antes del verano, el hundido entre peces de colores
será un poema después de la ira.

Gota a gota, semilla de paz.

Perno

¡Si me llamaras, sí,
si me llamaras!
Lo dejaría todo,
todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas.

PEDRO SALINAS

De siempre el peligro me ha gustado.

Entre dos vagones
subida al encaje.
Noto la velocidad 
convertida en burbuja
y la alegoría decapitada
por la inestabilidad del recorrido.

Pienso, en altramuces y avispas,
que fueron en un ayer lanzados contra el túnel.
Y en la posibilidad del descarrilamiento.

Donde mi cuerpo se rompería en hojas
y saldrían a borbotones
las miserias 
y otras callosidades humanas.

Sería tan fácil, desafiar, a la nada
como los poemas que acaban en papeleras,
descuartizados
con las piernas rotas de las palabras.

Esos poemas moribundos
que nunca vieron la luz, que acabaron en vertederos
siendo el alpiste de las gaviotas.

Como las revoluciones,
o las cartas de amor.

De siempre me ha gustado el peligro.

En vías que tuercen su cuello
cambiando la dirección
y el instante
en que un poema muere o se indulta.




martes, 31 de enero de 2017

La ligereza.

Él era mi amigo, porque yo quería
que fuese mi amigo,
y el tiempo lo había transformado en un mago.

Su luz era prodigiosa y muchos meses
de polillas habían dado lugar
a una faz de chamanismo que le envolvía entero
mientras encendía velas blancas
 hablábamos, o mejor dicho,
sólo la verborrea de la que testifica.

Cuando tengo tiempo, y en los últimos meses no tengo.

Acudo a su sanación adquirida: reiki, y su seguridad
convence, y eso, que siempre he sido
una cafre incrédula..

La verdad que fue terrible la sensación
que invadió el pecho
y un alarido de pena
salió libre de entre las costillas.

Entonces mi amigo que ahora era mago,
con su haz budista
y las tenazas que te sujetan del abismo
me abrazo muy fuerte,
y dijo, saca lo que apresado yace en tu pecho,
llora, saco todo lo malo,
esta condena no se va ni escribiendo.

Las palabras no la pueden liberar por mucho que escribas.

Llora y no tengas miedo.




Carnet de manipulación

Enamorarse de la vida en esta
o en otra, convertir en espejo
el poso del cuerpo sobre el colchón de lana.

Puede o no puede en la demagogia
del limpiachimeneas como la estrella del supermercado,
recién destilada, 
en ámbito, en circunferencias,
en rancio y desdén,
en cometa y oso,
en cobaya y premio en este andén de misiones
de monedas y monólogos.

Puede, poder se puede
y es lo que anhelan los todopoderosos
amar sin ser amados,
querer sin ápice tocando lo imposible
de dormir etéreo a la vera del infierno
besando con los ojos los labios,
morir en vida,
vivir muerto,
para-rayos, papayas y escafandras.

Poder o no poder,
en cadena, perpetua sucesión de 
bares asolados, furcias vestidas de etiqueta,
cadáveres con pastillas,
anhelar en la distancia,
acoplar en desesperación albina,
meter y maldecir,
puede, sí, se puede,
o por lo menos en cada pausa

televisiva 
lo intentamos.

viernes, 27 de enero de 2017

Marejadas

Me quedo con las ganas
del sabor de la confitura en el filo de lengua
con las ganas de que tu boca-bahía
al amparo de la barcaza,
sea pedazo descorche de rompeolas
que siente la mar anegar por todas partes;
sé que nuestro encuentro,
hubiese sido, temerosa conquista de ciudad,
y sorber tu solo, y adorar la quimera,  el esdrujular de tu fortaleza.

Al Malabi, dijo, que en almena dactilar mi corazón quedó prensado.

Las espirales de fuego rompiendo la olla
y en la hoguera de tú, tú, tú, de tú,
de todas la verjas que abren tu piel,
poro a poro que he lamido, que he sentido
y con las manos quemadas escribo este poema,
la renuncia de mi amor, por ti,
porque eres esa luz que se enciende en todas las casas
a la hora del silencio.
Hubiese sido tu amante, al abrigo de tus libros colocados como alfombras,
voladoras manzanas de tu huerto escarchado
pero, me quedo con las ganas,
de la miel pegada a los dedos, las ganas,
de ser poema bajo lumbre en sábanas mirando al estrecho,
con las ganas de haber perdido nuestra oportunidad.

Me costó, crea,
toda mi fragata hecha trozos
en su ducha
con el mismo jabón que lava su cuerpo
todos los días del año.
                                                  Lluïsa Lladó.

lunes, 23 de enero de 2017

El Amor.

I

El amor.

II

El amor, qué gran invención a manos de las pastelerías.

III

El amor, lo que siento acurrucada en el hueco de tu letra.
La paciencia de las cerraduras
que se cierran a nuestra espalda
para que en el regreso la palabra de un salto
se acomode entre las bocas.

Mi amor, de vertientes del río,
que hace piruetas 
como un carpa que traviesa
limpia las manos.

Porque tú, mi amor, el hombre que me cuida,
que ha soportado
los cauces en rebeldía,
mis ojos blancos, el verso maldito.

Eres tú, lo deseado en sequía
para lluvia de mi lunes
de enseñarme lo que significa
la paz de los pájaros,
la mañana sin nubes,
la acrobacia de los estorninos
viendo llegar los faros de los coches
que se cruzan en nuestro oráculo.

Los vicios insanos, las costumbres
en la convivencia de los pies descalzos, 
la manía de escribir cuando duermes
con el camaleón que muerde de color tu orden
cuando derrotada un día
lancé mi arsenal, y abrí los brazos al nido,
y me dejé querer,
como las hojas embarcadas
en los afluentes.

El amor, de tantas ganas de ganas de ti,
de cristalina ágata, de mar azucarado,
el amor
que me enseñó a decir te quiero,

con las manos limpias.