martes, 15 de agosto de 2017

Aprender a bailar.

Tengo los brazos de fuego de la peregrinacion,
y en este encuentro, he sopesado
cada uno de los arrecifes. Serà menester u oficio
a que desempenyar de martillo duele tanto
como ser el clavo, y en ocasiones
la receta no funciona. Tal vez la pasion
siempre presente litigios con lo inerte,
la falta de destreza de los pies en el baile
pero el amante en su discurso,
debe recordar que una palabra vil
quedara inscrita en los muros de estas ruinas.

Y existen diferencias, lesiones en los tobillos,
indiscretas torceduras,
malignas metidas de pata.
Un soso altavoz que los danzarines de la experiencia
descubriran en multitud de ensayos.

Caminando sobre adoquines, y capiteles
sintiendo que los ojos luna trasmiten la embriaguez de una urbe poderosa,
para otorgar a los suyos el peso de lo necesario.

Roma, como un hotel de carretera,
afinando las notas del desconcierto.

Y una apuesta, y la luz entre las rendijas del aseo.
Que ganar supuso caer en infinidad de veces.
Que todos los caminos conducen

hacia donde apuntan los pasos.

Y ese camino eres tu.

Centuriona.

En Roma  los taxistas cantan operetas
mientras conducen, y las piedras sostienen
a las mismas piedras que otras manos dispusieron
entre amos y esclavos, entre uva y ricino.

La cosmopolita ciudad, que contrasta con la humedad veneciana,
porque aqui el fragor del sol te cuece,
te cuece cada uno de los filamentos
hasta convertirte en estatua.

Cae la solana y en la deseperacion nos guarecemos
en la sombra proyectada de las farolas, sorteando carromatos que ofrecen
bebida a precio de ruedas. Pero, Roma, ardiendo,
y de fisuras te da de comer de su buche,
alimentada loba que nos estimula,
como gladiadores en sesiones de rayos ultravioleta
a morder la arena, y a descubrir
que el amor es el primer latido
que acontece enredado de hiedra.

El coliseo abarrotado.
Y aun escucho la jarana del martir.
Para acabar llena de vida
despues de dar muerte al verano.

Lluisa Llado.

domingo, 13 de agosto de 2017

Lánguida

Algunas personas nacieron
para volar, son libélulas que ejercen
de ave rapaz en los estanques.
Observan la quietud de los árboles
como los peatones entre señales
de tráfico y edificios petrificados
en cadenas montañosas.
La tristeza les hace crecer alas,
y cazan sin la necesidad de aterrizar
en tierra. Soñar diría el maestro,
la imaginación de cantera.

A la libélula la tristeza
le hace crecer alas, y vuela,
y caza al vuelo. Sabe que una burbuja
en una ola no significa el mar.
Para qué la fe nómada.

En gente. En diversidad de albufera.
El coleteo y el zumbido
de las máquinas.
El color trasvestido
de sus extremidades.
No te engañes parece una ninfa
pero es un código de barras
de ronda y depreda
como todas las personas
que les fue robado
el corazón con una cuchara.

viernes, 11 de agosto de 2017

Alicates

Cuando uno marcha un bulo
puede resultar un bonito vestido,
la añoranza que lleva estampada
la elocuencia. De que en mi caso si que
le echaremos de menos, las múltiples personalidades, mi cicatriz, la cuenca de los ojos. La mano que huele a su sexo, mi sexo que muerde y maulla.
En pintar de rojo los labios a la tristeza,
en llenar de agua lo diques, los barreños en tarde de verano
y separar dos cuerpos como un muñeco
que le arrancan su cabeza.
En campos de regadío, poner cemento a los zapatos. En soltar la cometa y aguardar disfrazada de gata, qué los pájaros no se coman las vísceras y que la espera
sea azucarada. Como una gata sin alicates en la primera acera hacia el infierno.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Sol

Esta noche he soñado
que compraba una casa.
Y lo que más me impresionó
fue que desde el balcón, el mar
con un enorme sol lucía
y fue tan grata la sorpresa
que sentí un gran alivio y una paz
de dormida. Qué hace muchísimo tiempo
no sé si existe.

domingo, 6 de agosto de 2017

Corazón de alabastro

La fricción de lo importante,
salinos cuerpos amados
mármoles de rúbricas

de todo lo que en el ayer
fue recibido, la donosura
del temblor ante la sustracción del primer beso.

Y una jauría de lo anónimo
que entre muslos recorre
la vereda del ciego sin bastión.

Tus manos sujetando la escultura
como un abismo que precede a una forma,
el trote, el látigo del sustento
a que un hombre y una mujer
ocultos tras las sábanas
enciendan la
chispa del motor de un coche.

Como dos mendrugos
al azote de las palomas.



El sueño de volar,Begemott.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Respetar la memoria de los muertos.

Nunca fue fácil caminar con las piernas rotas, caminar de lado con una cicatriz en la cintura, que el dragón viviera en el espejo y que el miedo fuese un ancla que me hiciera bucear en un delfinario público. El legrado de los hijos, el dinero como la excusa más fácil para sabotear y  meter la larva del pesar en cada bocado de manzana. Tal vez la necrosis acompañe a la médula, y las rodillas sean los ojos del cansancio. Tal vez me haya tumbado de nuevo con la boca roja de vino y la posición fetal del que espera la guillotina. El derrumbe, la ira de los dioses, el veredicto, la sorna, el telediario de la sobremesa de los que comen sin dientes. El error, pero, le aseguro que saldré de la colmena y volveré a caminar, entre los trigales, y miraré los golpes que nunca se fueron y lloraré plata y me volveré de aire y por fin seré libre, y libre seré y usted no podrá hacerme daño porque aunque esté sin fuerzas, siempre, con el estigma de la batalla, siempre caminaré bajo el trueno.

domingo, 30 de julio de 2017

La buena escuela,
la de caminar pegadas
como chicles a la pared por los pasillos
en orden alfabético
con la cabeza gacha y mudas como figurantes
de un corto de cine de gris.
La buena casa,
de no salir de noche
de misa de domingo,
de tacones a los quince y fumar
en el patio. Meter algodón
en sostenes de supermercado
y compartir la calada
con niñas hambrientas de anarquía.
Del rosario al móvil
del mañana, dos rombos
y pantalones pitillos. Crianza malhumorada
de reprimenda y traumas.
De la buena escuela,
de la buena casa,
sal, vino de mesa y gaseosa
te aseguro que todo lo que sale
de ella, es rancio.
Malo de cajones.

ILUSTRACIÓN de Erika Kuhn

Galápagos

Tal vez seamos cuerpos
enterrados en la playa
aguardando que suba la marea.

Ingenuos deseando un sombrero
que no es de la medida, añoranza
de un puerto cuando resides en la mina
de las vanidades.

Tal vez cabezas expuestas
a la primera ola, engreídas
tortugas que desean el agua
de la redención. E inmóviles
son cebos para las aves

Añorar la imperfección de la vida.
Bailar melancólico.
Acariciar a los gatos.
Coger mi maleta y subir a una aeronave.
La melancolía de lo imposible,
porque los árboles crecen
y como una daga prostituta:
subsistencia, sobrevivir malviviendo
a una vida de casillero de Monopoly.
Abeja asexuada, rutina de desgarro
la normalidad te mata.
Lobo que aulla,
gota que jamás salpicó
de su agua.

Café, sangre y mucha mierda
disfraces que con hipo
causan un aborto de enjambres.

Está claro que hay silencios negros
que hablan, que mi cuerpo adolece tu tórax.
Deja que moribunda plañe
el amor que jamás sintió tu raíz hacia mi isla
Esta quimera es lo único que me mantiene
a dos pasos de la locura.
A dos pasos de muerte.
A dos
de ti.




De verdad

No hay mayor tristeza que te retiren
el cariño y la ternura. Que las calles
no tengan salida y ser el zapato
de un pie pequeño perdido
en la acera. No, no hay mayor tristeza
que un estómago vacío,
que las manos abiertas esperando
el rezo, y que la lluvia te cierre
la verja, y que dormido el cuerpo duela
y busque el abrazo, la caricia
de nube, el pasillo redondo,
los huesos en lumbre,
la pena de andar por las farolas,
no hay mayor tristeza, diga
suerte, mosca o tranvía
que morir y que miren
por la ventana como te marchas
sin música, tristeza de pan duro,
a la soledad que fue de donde te sacó
la noche.

Con cariño y ternura.

ILUSTRACIÓN de Erika Khun.


martes, 25 de julio de 2017

Deshoras y respiras.

A las tres de la mañana
pueden ocurrir vidas paralelas,
mientras unos concilian el abismo
otros como llamas de gas
nos consolamos con las redes,
las redes metafóricas
en luna menguante.

El insomnio nos une en carnaza
de luceros que nombran al sueño
en conjuros. Apretamos fuertes
las mandíbulas para que no huya
la transición de las horas. Con la boca
en cepo devoramos a todos los rebaños
en cautividad. Y entre los que parece
que la cafeína hizo trance
existe el diálogo poético
de los que leen, escriben y piensan.

En Barcelona truena. Y un despertador
ha sonado inoportuno.
Musitamos a regañadientes
la nana de los que despertó
de golpe una mágica frecuencia. O
fue un vómito carmesí
que ha mojado mi camiseta
con olor a polilla y los senos
mojados por el pantano
de mi estómago.
Son la cuatro de la mañana.
Y me siento una hoja bajo la tierra
 y el estiércol.


Sabina tenía razón

Cómo un perro abandonado en la calle
deambulando por la gasolinera
con la cola extraviada y la lengua
igual que un fleco desprendido
y doy coces de burro
y estiro las piernas y me convierto
en un semáforo absurdo. Y en las aberturas
se cuelan papel de impresora
con la galería pletórica de bolsas
y trozos de cartón lastimado,
como un gran panteón familiar de restos
y botijos. Mi abuela me enseñó una cosa,
o quizás me lo contara en sueños
mientras dormía en una puta noche de estío.
Cuando te lanzan al vertedero, y es testigo
la noche cruzada de las almas,
y el cansancio se viste de chaleco mata-vidas, la bolsa cae en picado, y eres carne picada, tus últimos ahorros
eran cuatro besos y una caricia de pago.
Y los zapatos se ausentan, y lo que más amas, de repente, está ocupado depilándose
el vello de las cejas. Y no tiene tiempo
para el can lastimado, si la vida
no es una película de Walt Disney; la botella
de oxígeno aguarda, sabe a ginebra
y a madrugada de perro abandonado en una ciudad que no conoce.

Y cree que morir será demasiado bello
para una noche de estrellas caídas.

Caos

Cuando estemos muertos
y nadie hable de nosotros
y las páginas giren por si solas
por la ruleta lúdica del viento
de más de tres mil ventiladores;
y los besos sean muecas
de bocas trasvestidas
y los ascensores cuelguen de los edificios
como fruta de un árbol
y ladeen su música, y los libros:
solteras con olor a vinagre
y me mires y parezca una extraña foto de anuncio, y las ballenas sean huesos balísticos, y los gatos ladren, y tú me mandes por la cuerda floja, dentro de esa maldita cabina, ascensor-cohete de cinco dedos, manos y trozos de carne florecida,
y me ponga la rosa por mechero a encender
hogueras de pena, y los bolsillos de serrín haciendo de reloj sin agujas. Crea compañero, maniquí, cero estático, tocho de mugre y apariencia entre sadismo y veleta, que estaremos muertos y nadie nos salvará de la paranoia, ni a ti, ni a mi persona,
cuando caigamos como manzanas de feria.

Y estemos podridos por la audiencia.



sábado, 22 de julio de 2017

Trombosis

Si sólo disparo en defensa
puedo administrar la palabra de asesina

trotamundos con la lluvia del palmeral
que entre ráfagas cita poemas.

Descifrar el código abierto
y leer en los ojos la sentencia previa,
las líneas de las manos reverberadas
igual que en la nieve
caen las huellas.

Ser un muerto antes de nacer,
tener los días contados por decreto
igual que al suicida, su noche sin estrellas,
el orgasmo teatral, las uñas,
el bordillo del barranco,
el azul en el pez.

Un decapitado
luciendo su cabeza como un trofeo.
Caminando entre las zarzas,
y hablando con el corazón
porque la boca se llenó de gusanos,
de las malas artes del verde.

Una cabeza, entre el brazo y la cintura.
Y lanzarla a la jauría
por un billete de cinco euros.
Para sentir la pena, la decepción canalla
y escuchar la burla de los mirlos.

domingo, 16 de julio de 2017

Tocapelotas

Existen personas
que son águilas, vuelan alto
y desde su lejanía
planean su sombra sobre otras personas.

En algunas ocasiones
en forma de recuerdo, fotografía,
cicatriz cercana al hueso.

Pero, a veces la sombra proyectada
desde el rascacielos, es fantasmal
y larguísima, un matasanos
que cura con cianuro. Impide
el crecimiento del ser
porque crea la dependencia de las aves.

Águila bajo ratón.

Suelta el hilo de lo que fue
y no pudo haber sido.

Y deja que el roedor ame
como si fuese el último tigre
de la selva.
Suelta su mano
y deja que descubra el bosque.

Porque tú tienes una vida.
Y no es la suya.

sábado, 15 de julio de 2017

Ducados

Este sábado, es de esas noches
que fumaría un cigarro,
dejando que los ojos en la oscuridad
abordasen mi intimidad desde la distancia
de este ático gris.

Fumaría y entre calada y calada,
leería recetas de cocina en alto
como si declamara un gran poema.

Etílica con carcajadas
invitaría a un marinero hospedado
tres manzanas más abajo y un portero
para explicarle la teoría
de las sirenas disfrazadas
bajo la piel madura del engaño.

Soltaría el humo descaradamente
escupiendo los besos falsos,
las palabrotas, los gritos del miedo.

Una neblina opaca
cegadora e ilusa, desnuda
y calzada sólo con zapatos rojos
y dos gotas de ginebra.

Pero, estoy a salvo.
El peligro no es la nicotina
es la paciencia con que amputo las cosas.

viernes, 14 de julio de 2017

Pétalos en el viento

Extenuado sobre la cama,
con la crucifixión del calor, corrosivo en la altiva desnudez
que colmaba al silencio sudado
con el paisaje.

Paisaje volcánico
con tu presencia desnuda, cual nardo nacido
entre la arcilla. Estampa urbana de una imagen
de Lucian Freud, y el susurro dormido
de tu pecho compitiendo a una canción sin letra:
Un ronco fino, y la pesadez de los músculos.

Hubiese dibujado su cuerpo
con las yemas, guardando la imagen
como un pequeño tesoro de caricias.

Dormitando, y en la calle
el termómetro orgiástico que cubría de sal
a las aceras. Pero, sigilosa como un animal herido y
abrumado por la virilidad muda,
abandoné a los ojos diabéticos en su mundo del sexo.

Para no despertar al sopor que
le mantenía las manos abiertas, símbolo de alas que volaban.

Y salí por el portal con el vestido de la poesía, sin saber si los ángeles caídos
pueden
amar
despiertos.

ll.ll.
Cuadro de Lucian Freud.

jueves, 13 de julio de 2017

Hastio

El sol se ha ido al otro hemisferio, a tomar un trago. Y en la noche
se adornan los ruidos que volátiles
escapan por el ventanal.
Los perros ladran el calor
acumulado en la jornada;
mientras la gente en sillas plegables
vive la calle de la búsqueda.
De un canal de aire sin Góngora.
Del canalillo de adolescentes
arrimándose a la oscuridad del beso.

El grillo con su trastorno convulso,
el intento frustrado de la primavera
con el olor del verano, en ascensores
que transportan bolsas de basura, cucarachas libres, abanicos mellados y el viaje
a la niñez de la isla,
con la humedad apretando las sienes
y los gatos escondidos tras los muros.
De un julio que quiso ser febrero

El foso

Cerrar una puerta.
Significa cerrar una puerta.
Si la dejas entreabierta
el aire puede convertirse en viento
y los portazos son dañinos....
Pero, peor es
que nos impidan crecer,
evolucionar, iniciar el cambio sin mirar atrás.

Cerrar una puerta.
Significa cerrar una puerta.
La puerta entreabierta
no es más que un conflicto, una relación
sin término.
Mis puertas del pasado están tapiadas.
Y tu puerta, Sísifo, cómo está aún
a estas alturas de la vida.

lunes, 10 de julio de 2017

Nunca es tarde para aprender.

He aprendido a querer sin estar enamorada.
A estar lejos con la mirada cerca,
a derribar la cerca.
A estudiar cuando la pérdida
evidenciaba el olvido.
A creer y no crecer.
A viajar en trance.
A amar sin cuerpo.
A gozar con la falsedad.
He aprendido que el regreso
es una penitencia. Y que el cerebro
come datos en forma de foto.
Y cierro los ojos
y recuerda la voz sonora,
la amplitud de sus muslos
como columnas de un templo.

He aprendido a contar al revés.
A descifrar el inmenso puñal que
habita mi silencio.

He aprendido a no escuchar boleros
que canten <si tú me dices ven>.

He aprendido a vivir sin ti.
A leer con mayor frecuencia.
Y a escribir menos
A dibujar un mundo
donde tú y yo hubiésemos sido amigos
y nunca besado
A perdonar. A descansar. A esperarte.




Gas

El bautizar con nombre de ciudad
al sufrimiento, palpar
un bulto feo a la luz.
La apatía perdida y silenciada
en cada órgano
sin el mapa que pueda indicar el
regreso a casa.
Sal mona que aunque contracorriente
escriba, tose alfabetos
en el torno de la página.

Por qué esconder tras la frase
la certeza, el arañazo.
Y soltar y liberar
el dolor engendrado en estos años
con la inestabilidad, con las mudanzas acróbatas. Con litigios y abandono.
Alguien puede decirme
la causa de enmascarar la herrumbre,
no ser consecuente,
y vociferar este llanto interno
que no cesa. Lejos de la arcilla
de la osamenta de mis antepasados.
De mi madre batalla.
De la raíz supina
de todo un universo
del hilo de una cometa.
Una cometa que soy yo
con el lastre,
el peso, de vivir muerta
sin el abrazo hijo,
con el hígado, la negociación
de volver o quedarse
en la estaca volando
hasta estrellarse y vaciar
la tristeza en un inodoro de alas.

domingo, 9 de julio de 2017

Burbuja

La lluvia, al fin al cabo, es azul,
azul para el periplo en que cada uno hemos sido expulsados
de esta muerte engarzada con los días
que como balas de un fusil de asalto, atraviesan lo  impenetrable.

Y en la fugacidad, el hoyo, de amedrentar al espíritu.
Quizás Manrique no entendiera más que de ríos plañideros,
y los de ayer ante la famélica inspiración atrincheraran
sus retaguardias de pájaros, de flores y de lepidópteros

Cómo reprochar a un lazarillo su función
de silla de ruedas. Seguimos delatados en nuestra perspectiva.

La fibra óptica,
el plástico nauseabundo,
los contenedores en su grasa, las ratas
que suelen cortejar en horas intempestivas. El amor y el odio
en un damero sin coartadas.
En que es hora de lanzar botes de humo
con el calor que nos mata,
el agua que se vende en botellas, el aire lascivo,
la tierra con su radioactividad
y las malformaciones fetales.

Pues, sí, la lluvia es azul,
entre móviles y pantallas de esternón.
¿Qué sabía el poeta ciego
o el ciego poeta que no quería ver?
En mi caso: Nada.

Ll.Ll.


fe

No existe hora, ni minuto ni hora
en que no piense en mis hijos,
la costumbre de su ausencia
no se supera, tal vez los lobos del alma
se hayan colmado con el tiempo, y sin embargo más duele
esta herida de parto, que hemorrágica aniquila
al ombligo. Podrá la cara coser una sonrisa con dientes,
fingir ser azul cuando la oscuridad más absoluta
navega en un bote salvavidas
por las calles, en los entuertos,
en las colas del cine,
con mi tropiezo en el espejo de sentir los dedos separados de las manos.
No existe hora, ni minuto ni hora,
que no estén en el portazo, en el abrochar
del abrigo, en la limpieza diaria
de encimeras y en el deambular al trabajo
bajo los árboles o el rayo fulminante
del estio. No existe paz, ni felicidad
oportuna para la gran actriz, la mímesis
del destierro, el cadáver que habla,
la mujer regadera,
la lombriz parlanchina, la yaga, el pus, la halitosis,
corrupto mal que se trastorna en garrapata
para llorar el vacío de madre, el cordón alborotado
en el motor, en el ancla,
en un reloj que no existe,
por la hora, del minuto
en que un día podré una vez superado el trance,
el alcohol, los medicamentos sin prescripción médica,
dormir, sin miedo.

jueves, 6 de julio de 2017

Estructura social

Una cubeta del roble
que como un junco, creció a la vez de
la rama, una rama igual que el naranjo
de árbol, con la verde hierba,
ruda, en resumen
vida de tallo
que parece arbusto, pero,
desempeña labores distintas
pues mece el viento,
en la solana y bajo la lluvia.

Césped por aromática,
alga fuera de la tierra,
vegetales, de grande a
diminuta espora,
semilla, polen y otras
en escasa cantidad,
moho, musgo
y desgraciadamente veneno.

lunes, 3 de julio de 2017

K

Se nos mueren los poetas de corazón comprometido. Los elefantes,
los extraños virus.
Las casas pierden sus sombreros. Y a la salida del juzgado el arroz no tiene novios.

Las conchas sin sus seres vivos.
Las uñas entre los dientes.
El final de un filme francés.
La arbitrariedad del sistema.
El álgebra del porcentaje de que las llaves
caigan metálicas por el hueco del ascensor.
La todopoderosa melancolía
de imanes hipnóticos
a clavos que sostienen el eco.
La arenisca, el metano
inflamable de aquellos deseos
con sabor a chicle. Di cosmos
en qué logaritmo habitamos,
cuánta espera yace con la paciencia planetaria.
Giramos, rotamos. Nos desintegramos.
Ya ni Walt con su oda
puede hacer absolutamente nada.
La poesía tiene los días con dados.


Farol

Necio propósito el que sostiene
la voz del náufrago en un canto
que subyugue al mandamiento
de manifestar el dolor, cuando los ministerios apenas se sostienen.

Pero iluso vive en un burdel de esperanza, de quién plañe a un amor que fue abandono. Porque no creía que los aviones fueran un buen hogar para el futuro. Y otro que ingenuo lee sus estropicios, los restos del huracán. Y engarza en un collar, las palabras, las gemas que esbeltas, exhalación reinan en otra garganta, para otro nido pelo, para la piel de estuco de un juego sección de piernas, de brazos, de sexos en el laboratorio de la vida.

Cada uno amarrado a un árbol.
Dejando caer sus hojas.
Remar en círculo. Sueña
y en incisiva, los colmillos amuletos
son de quién amó de verdad o
trató de esconder sus cartas.

viernes, 30 de junio de 2017

Anidada consecuencia

La evidencia de cada rasguño
que el tiempo ha dejado en mis ojos,
la rampa que fue colina
hacia las estrellas, pináculos
igual que el abeto que en Navidad
se lanza al río,
se coloca en el vertedero
del mobiliario de ciudad.

Para que de madrugada sea secuestrado
y nunca más vuelva a presentir el bosque.

Que la madurez pese como una cuchilla
y seas valorada por el año en que murió un poeta, o dos, o tres.

Buscan ellos el poema de fobia
los de la herradura que envejecen tapando de cemento sus poros,
y se arriman a la belleza, ellos que de tanta apología
flotan mariposos entre las poetas que son los gorriones,
las rosas, que detestan, escritos en el verso, mientras alzan la copa
que mira a la firmeza del horizonte.

Los labios de rubí, los dientes de perlas de las nuevas generaciones.
Mientras en el vestidor sentada en una coqueta
apuro el retorno;  menos maquillaje, menos tacones
ahora que la libertad me arropa.

Comprendo que de los salones Versallescos.
Quedó un legado. Y nos agrupamos como grillos,
cantando en la propia fiesta
y ellos andarán por los sesenta y conservarán el poema lozano
y nosotras recogeremos los pliegues
porque ya hará mes y polea de nuestras mortajas.




jueves, 29 de junio de 2017

En playa de lagarto.
En mítines con bata.
La gente busca el color,
el color de la cerveza,
savia de troncos,...
de cadera convulsa
en una radio estética de salva
y perdigón.

Si regresara la isla desierta,
la colmena, el panal,
el enjambre azul teja
de la azotea perenne
del futuro.
Dónde instala el dinero
el que sisa a gran escala,
todopoderoso edificio
con barras en vez de barrotes.

Quisiera que la política
tuviese dones de poeta,
y así construiría patios
hacia la luna para los que perdieron
un día sus casas,
olvidaron la niñez en una cacería
por abonar los servicios inmobiliarios
entre acequias donde nacen necios
que usaron la educación y la sanidad
en tarjetas de monopolio
como el que roba vacunas a la infancia.
Y esta noche apague la sintonía
que la luz el jueves sube de tono.
Ll.Ll.

Anís versario

La gente alza los codos.
Fija la mirada al horizonte;
con el viento que arrecia
y el humo denso que corona
la cabeza de las montañas.

Pelucas postizas que ocultan la desolación.

La gente gira su cuello hacia la nube.
Desconocen que inmersos estamos en el incendio.

Arden las cunas, los niños,
las fuentes queman de su hierro,
las colillas son gusanos de lava.
El país en su propia ceguera,
con la creencia de la lejanía de los árboles,
que la llama no llega al borde de las puertas de los habitáculos.

Cuando la realidad de cada persona prende
y se consume como un papel,
que no tuvo el tiempo
suficiente para volar
como un pájaro.

Arrepentimiento

De qué sirve la tierra arada,
y que de las copas
frondoso el bosque de él, su cobijo.
Recoger los platos rotos,
reparar la ventana con vistas al purgatorio.

Coser la herida con el dolor dentro
para qué no huya, ni se escape,
igual que la arena en un reloj o
un péndulo que ha extraviado
la maquinaria.

Dejar que el amor
sea un vestido azul de muñeca,
recibir el cuidado en forma de lluvia
como una recompensa paliativa
a tanto firmamento, a la tuerca
que impedía a la carcajada ser puente.

Para qué tanto teatro, nacer Ramiro,
flotar ausente, comer recuerdos,
sabotear a la noche, complacer
y luego matar, sentir y perder la vocal.

Ser una polilla
para que te arranquen las alas
y caer de la nariz de Pinocho.

Ll. Ll.

miércoles, 28 de junio de 2017

Gran bola de fuego

El sol cae y la ciudad apaga
su sed de astronomía,
mientras los semáforos
roban tiempo, y dentro de los garajes
motores secos se mojan
de camino. Vuelve el toldo a abrir
su parpadeo a la noche, las luces
tímidas, invitación a mosquitos,
disparan sus contadores
en una guerra ciclista de vaho,
de huevos cocidos,
de irritabilidad en proceso
de trueque.

El sol cae y nosotros,
el campo más grande de fútbol, ludópatas
contra el cálido arrecife

Añoramos la playa,
el mar cobalto,
el frescor taciturno del aire
con el rugido cambio
de clima. Pero, es más bonito,
decir: bonito y dormir con el sudor
de casas voladoras.

De casas voladoras
por el ruido de tripa
de la incertidumbre.

Ll.Ll.

Reseña de Isabel Rezmo del libro El arca de Wislawa

https://litteradotblog.wordpress.com/2017/06/27/el-arca-de-wislawa-lluisa-llado-poder-de-simbolismo/

domingo, 25 de junio de 2017

Recital Benicàssim

Esta tarde, 19:30, recital conjunto en Botavara para dar palabra a la lacra de la violencia de género y a cualquier manifestación de injusticia social. Ser poeta no es un disfraz, y mirar al otro lado no nos glorifica en absoluto. Estáis invitados, gracias.

viernes, 23 de junio de 2017

Rinoplastia

Soy boxeadora, mi cuna,
mi cuna fue desde nonata
el cuadrilátero.
Aprendí a nadar con los puños prietos,
a morder el polvo, la lengua, a no llorar
ni a mendigar el agua.

Mi ceja lucía su hasta amputada
y la esponja con bálsamo
lamía la herida. Tan grande, tan demencial
que la sangre a borbotones
iba entre las palabras buceando.

En plena hemorragia, escuchaba la risa
del púgil en ciernes. Y al público
vitorear que el golpe fuese
más serpiente, más tizna,
más maraña de toalla en charca,
sudor de galápagos,
embrión que nació para ser juzgado.

Soy boxeadora, me gano la vida
con los huesos rotos
y poemas derribados contra el escenario.

Lluïsa Lladó.

lunes, 19 de junio de 2017

135

No existe mayor pesar
que las camas separadas,
la carne partida,
el beso que nunca besa
porque la piel y la boca
no se sabe por dónde transcurren.

Camas separadas, y cuerpos enteros,
y el interrogatorio a los pasos
necesarios para arrimar la sábana.

De olfato soy líder
porque en otra vida fui gata
y él cava un agujero
entre su corazón y el mío,
tétrico mensaje,
anilla mal puesta,
verde tirando a ocre,
en camas separadas
por muros, aceras, andamios y perros.

Segadora de fe.

Dormidos en separación camastro
y yo en la penumbra
el vómito me ahoga
de volver a ser una rana
con derecho de devolución.

Me duele. Duele.
Atravesar la noche.
Y qué en tu cama no quepa ni un sueño.


domingo, 18 de junio de 2017

Tomador de cartilla.

La tierra de los mosquitos asfixiados
con hendiduras llenas de bolsas
en un resurgimiento de Atlántida,
banco que sirve el convite de retretes
o cámaras acorazadas del cartón.

En esta noche pasada de vuelos,
de luces fóbicas que trasladan
la injuria del parpadeo
de tele y móviles en manos
de masturbación en línea.

Ferroviaria luz, espantos estomacales
alimentando un sopor sin credo,
en la agonía húmeda
de calles de gatos
que emigraron a las cloacas
mientras un colchón
cruje cien veranos
en los amantes que piensan
que los milagros existen
y dios no vive oculto
en su ratonera de cuatro estrellas.




martes, 6 de junio de 2017

Recuerdas.

El día en que nos perdimos
caía el grano del cielo,
y las ranas-piedras saltaban mudas.

Sentía miedo, porque
el camino era café, cercado
y anguloso de cauces por las matas.

Entonces saqué, de mi bolsillo una brújula
y dispuse la dirección de una estrella.

A pesar del fuego.
De los troncos caídos,
de la nube depositada en los párpados.
Salimos airosos como tenores de una ópera
que acaban la gira.

Mi mano alzada
igual que una antorcha,
iguana iluminando cada una
de las cavidades del cuerpo.

La brújula. La mujer
llevando el arado sobre la espalda.

El sabor corriente del desconocimiento-verdugo que a dónde nos lleva.



jueves, 1 de junio de 2017

Firma del libro en la Feria del libro de Madrid.

http://flm.torremozas.com/evento/lluisa-llado/

Este sábado 3 de junio, en la Feria del Libro de Madrid, estaré en la caseta 329, de las 19:00 h. hasta las 21:30 h. firmando El Arca de Wislawa de Ediciones Torremozas.







Gracias!!!!!

martes, 30 de mayo de 2017

Bolsas de agua para dormir.

Cuando voy a dormir
me asesta un frío piedra
que a pesar de la calima
y de los vapores de la olla del mundo
inicia una conjugación
de huesos y herramientas en tiritonas.
Entre los músculos se filtra
una agua helada,
la primera de la mañana
antes de la vigilia del sueño.

Mi madre dice qué si va a ser el azúcar...

Temblando me cubro con prendas
tupidas de bocas cerradas, ante la expectación del copiloto.

Soy una montaña de fieltro,
de ropa amalgamada, una niña
vestida de oso. Tengo frío.

Es irreparable.

Y hasta dantesco.

Mi madre dice que será el azúcar.
Apuesto que es el miedo
que va brotando sin palabras,
aquel que con pesadumbre
necesita callarse.

Casi mortuorio. Casi enfermizo.

Tiemblo. Hasta quedarme dormida.

Ante el asombro de los que siempre tuvieron zapatos en su pie.

No sé puede explicar
porque no lleva verbo.

Tengo un frío piedra.
Y te hunde en el agua.

lunes, 29 de mayo de 2017

Poetris

La neurosis de las aves
con la acrobacia golondrina como el esperma
con alón compungido,
en el destripamiento dragón
que sacude las trazas del calor en ciudades
con bloques de ventanas espías,
de tonos de fachada
revolucionando la estética. El verano
que da permiso a los locos
a pasear en los jardines su atrofia,
su verdad metida en fuentes
que como lacrimales chorrean
sobre hierba, que siempre seca luce.
La gente tanteando en el contenedor
fracasos e ilusiones,
cogiendo perchas, que a una hora
estuvieron ahorcadas de los probadores
que emanan, el sofoco sanguino del dragón con su hemorragia,
de adolescentes haciendo cola
con camisetas baratas, para ligar lo más caro,
mirándonos los inodoros de puertas abiertas, y ese fluido abstracto
de las calles sopesando la presión de las temperaturas,
con el contraste de grandes superficies
en hipotermia danzante.

Y entre un ecosistema de radiales,
de tranvías amanerados,
de cacahuetes en la molleja de las palomas,
divago, adolezco y sudo
lo que no está escrito.

¿Dónde estás, maldito comodín del público?





jueves, 18 de mayo de 2017

Ninguna razón.

Cómo explicarte que de tu luz me gusta la sombra,
los huecos amarillos,
las ratoneras que conforman al alma,
me gusta tu ruido contra la luna
cuando como un pájaro herido has chocado, me gustas caries,
zaino aunque se te parta el hueso de la fe, y la escayola muda
oprima al camino, me gustas encendido y cauto, con las ranuras por sonrisa,
cuando caes demonio como bengalas sobre mi cuerpo, en el atasco y en la cobertura
fallida de todos los móviles, por la vuelta del cuello en el ganso que viste arroces,
por el coloquio de los zumbidos en las azoteas de la ropa cotilla porque a pesar
de las grietas de los dedos, y de la hinchazón de las piernas caída la jornada, me siento lo suficiente
ligera porque eres todo lo que soñé una noche
de urgencia clínica con las dedos trémulos
y una mortecina rabia que me mató dos veces.

Te quiero.

El espantamales

Si de la gota de la tinta sobre la página
cae tu cuerpo, y las alondras pierden sus cabezas.

Crea que del  pozo he hecho mi escuela
y sé encaramarme a los muros más altos;
no para recoger el fruto del peral,
sino para sacar mi cabeza del lodo
y del oxígeno un bombeo de órgano maldito.

En días de tapias, de escollos entre el espacio de las letras,
de la coz en eco,
de lo que hemos extraviado
entre los bolsillos del calendario.

Crea que de la soga he hecho mi escapulario
y he sabido vencer la carraspera de la noche,
tos a codo, bajo las costillas
tapiz en el asfalto de una casa.

Por eso entiendo su nostalgia, el trapo de retina, 
que ahuyenta los buenos espíritus
como los pesticidas sobre las cosechas.


Amor de verso, de boca y ojos canicas,
de llaves que ya no abrirán más puertas,
entiendo el nudo,
la astilla,
el ciego de burla,
la espumosa necesidad del silencio.

Yo que soy primavera dentro de la caverna del hombre de tatuajes,
de un amor que hace que sea polea
del náufrago,
porque me parió así mi madre.
Y por no temer al infierno
que llevas por porte.

Contigo alambre y espinas.
Y siempre escalera.







domingo, 14 de mayo de 2017

Descansocial

Los domingos amanecen mangos pero saben a lima.

En el deambular por la acera
observo la mediana de los balcones con absurdos de liana,
con desplegadas, sedientas de los océanos
como bazares que venden sus útiles a los fantasmas,
a los viejos suicidas, a las arañas vasculares y nebulosas
de semillas y artilugios para los pájaros
con nidos de palo y tapones
tras los cristales sucios por las nefastas
y muchas ventanas vacías.

Y en el trascurso, el neón se desvanece, la bicicleta pierde las ruedas,
y percibes que del dolor han nacido las amapolas.

Un punto negro te atrapa en la distancia,
la distancia que existe sólo en la bruma
en que miramos los áticos del barrio,
con la intención de trepar a ellos
convertidos en hiedra, los miserables recuerdos,
los polizontes de domingos que a lima saben
y amanecen mangos de no sé que herramienta.



Detalles

Muchas gracias por tus palabras, Matilde Sanz Gil.

Releyendo El bosque turquesa de Lluïsa  Lladó. Los poemarios están para releerlos tantas veces como necesidad y compatibilidad emocional en sus letras encuentres. Y observando me he dado cuenta de que se imprimió el día de mi cumpleaños!!!


jueves, 11 de mayo de 2017

Nieve en las manos

La luz, el ruido.

Las linternas iluminan los vacíos del bosque
en la pretensión de las luciérnagas,
de los faros de autos
que dilatan las dianas de los ojos.

Pero, el pie se rebela, baja de su pico zapato
y busca la llanura de la manoletina,
mientras se aleja mi sombra
y aparco en un cuadro de Hopper
en una mesa beige con sillas sin transeúntes,
pobladoras de un bar de cadena china.

Este silencio sanador con el leve flujo
de la horchata, y un sanador silencio,
roto cojo con los pensamientos
de peón femenino que huye de la luz, del ruido.

Salir del bosque-jido, a pesar del jolgorio de los ruiseñores
y de las caras felices de los infelices,
costearme el pasillo,
la rampa del barco,
y la justa luz rompiendo este aire de zefiro
que acalora los vaqueros de los adolescentes
y una poeta noche
que nieva y luego llora.

Artificiosa. Bombillas móviles y el ladrido.

martes, 2 de mayo de 2017

Porquestadística.

Porque eres nube
en mis ojos, y el ojo la araña.
Porque me traes río en el secano de la espera.
Porque tienes un trozo de mi lengua.
Porque tu sonrisa navega hasta el área de supervivencia.
Porque eres paz de trigo, mata de licor de pera,
y todos los utensilios para construir la Capilla Sixtina.
Porque tu voz es la del pueblo.
Porque lees y miras.
Porque te amo, y eso me basta.
Porque somos abrigos y mantas.
Porque me quieres carmesí.
Porque no existe el remedio.
Porque la locura se adentra en mareas.
Porque soy de cuarzo y de esperanza.
Porque creo en la noche verde de tus ojos,
ojos acicalados de telaraña
y presa porque lo dice la gitana
estoy sin saber por qué.

La brújula de los barcos.

No puedo evitar su galope hacia la entrada
de la casa. Los miedos regresan siempre.

Con trémulo, con bocina.
Tapan los ojos,
cerrando al aire la garganta.

Pero, luego llega el Amor
con su cabeza
sobre
la almohada de mi costillar.

Y los caballos decapitados
                                        caen con el pánico.

Y los jinetes se truecan azalea.

Con esta llave clavada en las tripas
que vira al pasado,
auxiliada por el hombre
de cuerda, de violín hecho a navaja,
del despertar a tanta fuga
con el olor de Andalucía (tomillo, fango y limón)
con la fobia  metida en el maletero de un coche
librando de la condena mis manos sin dedos.

Haciendo que los miedos duerman
aunque sea una noche
y a escondidas.


martes, 25 de abril de 2017

Prima de riesgo.

Los cisnes de graffiti en los muros
con el brío de la hoja
por vigilancia.

La estimulación del
quehacer de las horas, del tiempo
con su informe de golondrinas,
de visillos lavados,
de señoras pompas de la vesícula
y otras herramientas del cuerpo.

La primavera
dentro del carro de Alcampo.
Las uvas secas.
El vino de especias.
La coloración sin amoniaco
de un paisaje de ciudad
previo a los rayos ultravioleta.

El olor del bronceado, a los labios rojos,
al mar.

A la panificadora de hogazas
de sueños.

Ruidos nocturnos.

Pueden seguir con sus lenguas serruchos
con los picos
con los pulgares
apuntando hacia el infierno.

Los membrillos de las delicias.
Las playas mojadas de luna.
Los ciclistas,
molinillos de viento
que siempre en constructiva
con la crítica
que grilla en los sótanos de los garajes.

¡Qué cri cri, cri, critiquen!

Botas de agua en los charcos danzando.

El vestido,
la luna,
el renacuajo,
todo cuadra en los cuentos
de niños sin bigotes,
gatos locos
de patas cortas.

Miau.

Romper el eco
en la noche.

Canje

Si existe la felicidad
para cada uno, por su lado,
habremos llegado a
un buen entendimiento.

Hallar
sin mirarse a las caras,
con la cruz a cuestas
cueste lo que cueste,
boca abajo,
en rampa,
con los ojos taladrados
por el poema.

Entrantes

Voy hacer un pincho
en una tarde de cocina.

El alambre atravesará la vianda,
cada palabra,
y luego sobre la paella
se dorará hasta pulir
los cantos.

Para ser digerida
con los dientes
arrancando cada pedazo del revés.

Trámites

Hay hechos que
no necesitan justificación
alguna, como decir
que al amor  le
duele la cabeza.

Tal vez son excusas de
gaviota,
de ángeles
dormidos en metros
hacia el extrarradio.

Qué al amor
la rueda le ha fallado
y en la curva número siete
ha fallecido.

jueves, 20 de abril de 2017

Café ranking

Quisiera que el mirlo se equivocara
y que los árboles trenzaran al ramaje
para el evento, de la consanguinidad de las estaciones
donde la tierra se mezcla con el alpiste
y las playas emergen en dunas de gente en escarcha.

No sé a dónde vamos,
pero su severidad me estremece
en este silencio de sábanas mojadas, de besos rotos
por otros labios, cual guarece en prendido
de pelo.

Le hablo, con la taquigrafía de mis yemas
almendros en depósito de mis raíces,
y desconozco en que parte del mundo reside
ni que agua es la impía que colma la sed del errante.
Yo colecciono el recuerdo de sus ojos,
e invento su presencia
en pequeños paisajes
de ventoleras. Paso araña, con paso de noche
frente a su casa, y el abandono en cristal
mira a la calle, a los trances que ocurrieron
como una gasolinera que explotó sin previo aviso.

Y es que los corazones se volvieron locos, y éramos
demasiados en un bote que naufragaba
por momentos, se nos cambió el amor,
de cuerpos, de anaqueles, de liendres y otras osadías del hombre.

Y huyó, y yo me quedé como un jirón de cortina,
esperando lo que fue un avistamiento
y luego en café rancio se quedó frío
sin la esperanza del deshielo.

Se acerca el verano, y sólo un rayo azul, implora la lectura caprichosa
de la mujer que imposibilita a sus piernas que corran,
y como una dosis letal me suministra el poema
a cuentagotas, para que el cianuro escrito no prolifere en esperanza.

Y yo no sé olvidar, como lo hizo usted,
y ando vestida de mimo,
y decoro muros con mi lengua,
en una vida de tren   za, esperando con un rincón de espliego,
para coger un avión
y acudir a su vera  no.

Aunque no seamos los mismos.
Aunque yo ya no sepa nada más que lanzar piedras digitales
a un escaparate. Y espere la propina como el que se vendió por venganza.

La madre de todas las latas.

I

Una lata vacía.

II

De una camioneta han lanzado una.

III

Una lata,
esa lata, lata,
aquella, lata es.

IV

Una lata vacía
como un pueblo sin ideología,
rodando por el asfalto.

V

Con el vacío del que no cree en nada
ni nadie, en ópera conjunta
con el ruido y el  retumbar del hueco.

VI

Una lata
como una nave espacial en la misión perdida.

Se detiene.
Se para en eclipse, aguardando el próximo
golpe.

Con los ojos del mundo en ella.


Huracán de rebelión

Nace la rosa sobre la madera.
Y la misa pone nombre.
A lo desconocido.
Sube un torrente
inevitable a mi lado
que empaña el juramento
de que llorar reblandece
entre una voz quebrada
de hiatos sin hernia
dando lugar al poeta
de coágulos
de mano alguacil
de pecho registro
de partida naranja
de yodo, presa y amoniaco.


Tras un telón verde.
Y otros despidos improcedentes
cerca del respirador de la cera.
Y la broma de abril
con un público de lavanda
para aminorar las marchas
con la música del humo.


Sufrir el poeta hermano.
Como rosas que brotan sobre el barniz
en un miércoles de devotos
al teorema de la amistad
que es anilla hasta en el infierno.


martes, 18 de abril de 2017

Vellotero.

I

La metamorfosis líada dentro del poro,
estira su tallo hollín para romper la piel.
Del camino minero hacia la luz de la raíz origen
no siendo árbol
ni flor.

Vello enquistado
buscando nacer
en la epidermis planeta
que lleva varias lunas
porque él no entiende de alegrías
y deja poblarse cuando la tristeza
se siente desnuda en su cara.

Del frío de la caricia
y la barba anárquica
acampando junto a una boca que se atrinchera
y unos ojos como dos gotas de pupila,
escribientes del bote conjuro de la tinta.

Él, llora, pelo.

II

Lleva tres días sin afeitar.

III

En la cocina, un pastel da paso
a la gula, y el hombre de aspecto gris
le recrimina su gusto por fotografíar el ágape,
y le aconseja poner la dulce instantánea
a la vera mortuoria de los versos de su blogspot.

IV

Todos los forínculos pilosos tuvieron un espasmo.

V


Ante la indirecta, levanté los toldos
y respondí, con la seguridad de un médico
que diagnostica sarna; no me disculpé ni me avergoncé, en este paraje reside un mundo, mi mundo, es una reserva indígena, la suciedad tapada, el llanto que se estancó dentro de una área de masa. Mi mundo y tú debes explorarlo con la inocencia de las hojas, de los insectos, de las suertes y las lianas despeinadas.

Convivir y acceder.

Un nylon que nace en poema.

Un maligno gen que necesita ser expulsado, una bestia sagrada que a través del poema rebuzna, ladra, escribe. Deja que supure, sino reventaría y crea que debe salir de algún modo, como un microondas con papel de plata. Y no, no le gustaría ver como la podredumbre hambrienta comiendo mi mundo, y todos sus desperdicios.





domingo, 16 de abril de 2017

http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=33&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwiKlbDXwanTAhXJWxQKHZ5WA-84HhAWCC0wAg&url=http%3A%2F%2Fwww.mundiario.com%2Farticulo%2Fcultura%2Fpoesia-castellon-plana-vive-momento-verdadero-esplendor%2F20170410183351085400.html&usg=AFQjCNHPDllMldVQuH57K3Ji2mOmtC01Zw&sig2=iaqF-LT76gzKOv9rvgZ3vA&bvm=bv.152479541,d.d24

ELGA REÁTEGUI: Lluïsa Lladó:“El amor y la humanidad son los pilar...

ELGA REÁTEGUI: Lluïsa Lladó:“El amor y la humanidad son los pilar...: La fotografía de un sepelio removió todo su ser. La espectadora cumplía años ese día en medio de una profunda tristeza, y la escena ...

Sin título.

Reconozco que no es fácil
bregar con mi desbocada,
que los que somos bohemios
acusamos la actitud de la culpabilidad
de la teleserie con el ego que se instala en su caravana y nos hacemos el amor
ensimismados mirando
al espejo del techo.

Cuando camino un paso
cinco son los tuyos
y tanta divinidad encubierta
de llanta y acero diezmado
en el glotis tráquea
adolece.

Cariño voy en galgo
y aunque la tortuga se esconde
en mi vulgo raquídeo
las fobias laten más que nunca
y cada día es una guerra de col hervida
para salir a la calle.

Cada día y tú no de das cuenta.
Al entrar en el vagón
y noto un hierro obeso
que imprenta me atraviesa
con el sudor de la tila
hasta que la crisis es estafada
por el autocontrol.

Por eso corro hacia la muerte
y mi agenda es un desahucio
continuo de vida.

Quisiera paz de avellana
sin la necesidad del plancton
de nadar en el volar.

Gracias compañero
por aceptar los treces.
Por estirar el cubo del pozo.

Por mirar de lejos
la cercanía de mi locura.
Cuando la pesadilla me abre los ojos
y convives con mi ruido.
Gracias por esta adúltera relación
de cohabitar con el poema.

No es nada fácil
y por eso y por tantos grillos
te amo.




jueves, 13 de abril de 2017

La voluntad propia.

De la fragua de la guerra
la peor parte, arrastrar al cadáver
que agoniza, tras un camino vocal.

Con la equivocada creencia
de que respira, cuando es el eco
de los álamos, de la maldición en noches,
de la pretensión a montar ruedas
en las piedras. Un bulto que te abraza al cuello
con la ingratitud de matar al padre.

Pesa en exceso, el que de los bandos
sea yo la milicia que apuesta por la vida
bajo la lluvia de balas,
Con la sangre en los tinteros de la ropa
abriendo abanicos
con floral lunar.

Con la sórdida pieza
de abastecer la tapia
para comprobar en aritmética
que salvar a un muerto
acaba en decimales.
Y exepelios tras los otros,
mientras el olor aterrado
se mete dentro de ti en proyectil.

Antes devoraba una década
en cerciorar que la lucha
se desintegraba en polvo.

Ahora no debo permitir el lujo
de los bolsos de marca,
debo ser mordaz veneno
para asumir que quien se vuelve invisible
es por voluntad propia
aunque nos cueste la herida en el dedo,
aunque no fuera lo encuestado,
en el vacío de cubiteras.

domingo, 9 de abril de 2017

Cacahuetes

Nunca entiendo la escabrosa reverencia
de cerrar la puerta a mi paso,
cierras la puerta,
cierras la puerta,
cierras la puerta,
como en un salón de espejos en una feria de muertos;
te metes en la habitación y cierras la puerta,
comes en la cocina
o te recreas con una película
y cierras la puerta,
poniendo punto final a la presencia,
lapidas la fotografía,
la llenas de arena y cal,
con la puerta en losa constante
al aire circulatorio de mi voz
y tus huesos.

Cierras la puerta
y me quedo aislada en el vertedero de tu vida.

II

Cuando era niña, y mi padre masacraba
la casa de las muñecas

y veía desde un dedal
como se convertía en un tiburón
descuartizando a mi madre.

Cerraba la puerta.

No quería ver ni escuchar.
Tenía el miedo de una gota de orina.
Pensaba en la falsedad que había huido
de la carnicería.

Cerraba la puerta
y con los pulgares ahogaba
al sonido de mis orejas.

Cerraba la puerta.

III

Sumida en la mudez de una casa,
la puerta estaba cerrada, a través de los cristales
vi como dormías con el volumen de la radio en pértiga,
pero, yo sentía que me había convertido
en un paquete de galletas
en una expendedora de barrio.

Te he preguntado, por qué cierras la puerta.

y me has respondido nada
que hubiese sido mejor
que ninguna pregunta.

Ahora sola entre mis sábanas, tengo las puertas
abiertas de mi casa, a excepción de la de la calle,
no me gusta cruzar puentes entre agujeros.

No, tu puerta cerrada habla demasiado.
Y empiezo a estar cansada de abrir la yaga
de quién anhela a vivir
a espaldas del mundo.

sábado, 8 de abril de 2017

Dona sangre.

La velocidad de la sangre en una catedral humana,
y las camillas con trapos verdes
que pretenden al buen samaritano.

Roja ilegal, por canales de Venecia
mordiendo moras,
en la galaxia de un interior de plástico y fauces.

Ellos dan el oro de la vida,
la donación de órganos como joyas de peatones
que rodean al cordón ciclista de la enfermedad.

La transfusión espera,
y el descubrimiento
de la dulzura más poética.

Algunos estudiantes ya han dado su nota,
otros devoran un bocadillo asidos a latas con azúcar.

Una chica foránea bajo la túnica
y un suero lleno de barro
fabrica ceniceros para hospitales.


¿Quién se atreve a decir que somos distintos?

Cristal de metal.

Te he observado tras la vidriera,
con la excusa de una costumbre olvidada
que ha llegado a casa, y no deja quitarse los zapatos
ni alzar la voz en alegrías.

Estabas dormido con la nuca apuntado al norte,
mientras se iluminaba tu forma
desde la pantalla
como un color que deseaba ser conquistado.

Tres suspiros
con la reencarnación en el recuerdo,
de los pasos al dormitorio
entre las coníferas y los sapos de un vídeo de Kenny G.

Me lo contó el carmín de tu frente
y la nota roja, que pervive
en tu bolsillo derecho.

Fingiré que soy tonta
y me disfrazaré de rutina.


viernes, 7 de abril de 2017

Retrasar el encuentro.

Desnudo un cuerpo aguarda la madrugada
y viaja despacio con el momento
en que la cerradura se abre como aquel portón
del afluente que la lluvia
se permitió el lujo de lubrificar su tierra.

Le escucho entre el silencio de los pájaros,
mientras mis ojos fingen un sueño.

Mi otro yo, ha abierto la "tele"
y sin desprenderse de la ropa del trabajo, empieza a visionar
absurdos programas de productos
con propiedades mágicas.

El cuerpo se viste de pena.

Antes su llegada era un festejo,
los armarios giraban el rostro a los besos ruidosos
de la noche.

No se sabe muy bien, cuando ella fue el intercambio
de un canal en desuso
demasiado seco para ser luna.

jueves, 30 de marzo de 2017

Añoranza

I

La luna creciente en el mar 
con alguna soledad
que flota, en un mecer de penumbra con el brillo de los edificios,
dentro de la nada, donde entraremos en el viernes de las etiquetas,

Un pie de mes, que anunció primaveras
que aligeró el reloj a la noche.

Un final de meta, a tantos envases
y platos que llenos aparecieron desnudos,
mañana con la culminación  del alpinista 
de su cúspide, y las alondras que vestirán de lluvia los abriles.

II

De lo que se trata es de volar,
de cambiar la ropa de los armarios,
de saber que tu madre nació en Marzo,
y que tu abuela también murió en Marzo.

Signo de aire apaciguado por la guerra de las amapolas,
por un viento que ha arreciado con la boca pequeña.

Un mes, que termina, con la publicación de mi cuarto libro.
Siempre pensé que su número igualaría eterno
al de mis hijos biológicos, paridos con amor y amor querido en melancolía
de la maquinaria de una combatiente.

III

Wislawa siempre está conmigo, se convirtió en un faro antiniebla
a tanta isla sin puentes. Ahora toca lanzar los dados,
y con calma cerciorarse
de que un libro sea, o por lo menos creo en la intención de ello,
un potro recién nacido que debe aprender
a caminar solo.


A caminar solo, para su supervivencia.

El resto son 
vinos y rosas.



martes, 28 de marzo de 2017

Una ciudad cualquiera.

I

I
En Valencia la humedad bailaba con ese viento malévolo,
de las conversaciones lidiando
con el zumbido de coches y de motos
que en comparsa llenan sus avenidas.

Las latas volcadas emulaban
a los cisnes en su charca ocre,
junto  a los parques con mendigos
disfrazados de estatuas por la contaminada erosión.

Valencia, que bella cabruna, con sus portales
poseedores de tesoros, y esos museos preñados
de presupuestos.

Camino, y en la agonía metropolitana
llego al evento, número... ¿qué más da ya su número?

El mayor parásito
del ecosistema es el hombre.

II

Si en cada mano he de sostener la herejía,
la calamidad, 
calibrar el rumbo del poema,
entre las aguas fecales, y las palomas en los abrevaderos
con la suciedad de las uñas de las aceras.

Calibrar la asonancia de viajes en paraísos.
En árboles con lazos, y frutos con la mancha inodora
de la realidad. El poema exorcizado,
amamantamiento del líquido gaseoso,
con la palabra en manos del funambulista
y abajo todos esperando a que caiga.



Libertad por ambas alas.

En tonalidad grave, conversa de la unidad del ser o del sarmiento,
de que no somos animales en simbiosis
ni por algún raro gen, o fallo de producción: un gato siamés.
Para nada nos asemejamos en lo físico,
así que, tampoco nos parieron gemelos del mismo útero.

Cuando te cortas el dedo yo no siento la herida.
Cuando  toso, no es tu pecho el que se descompasa
en el jardín de los bronquios.

Pero al dirigir el objetivo,
y macerar todo ese dogma del soltero de oro,
me visto de aire
para comentar la inesperada visita a Valencia.

Y tus ojos se caen
rebotando con el suelo y la nevera,
asumiendo que el trato es por ambos cometidos.

¿Y eso?

Lo único que sabe decir la boca,
porque ni tú te crees la religión propuesta
con sus enmiendas.

Dormir en la entraña de la tierra.

En casa un nuevo colchón aparecerá por la puerta,
asfixiado por un plástico,
sediento de mimos, de vaivenes, de sueños.

Recuerdo el día de la compra
como filetes empanados
retozábamos sobre múltiples oportunidades de muerte,
mirando al techo de establecimientos
que parecían museos de cera
acicalados en algún rincón con fundas y mega pancartas
que hacían bizquear la vista.

Te dije, bésame, agárrame fuerte,
pero, eres demasiado íntegro,
te apuraron los ojos de una vendedora
y el silencio de todo un despliegue de telas obesas

y de tapiz.

Los dos somos de muelles, pasando reverendo-mente
de lo que llaman vicoelástico
que no deja de ser el nombre pijo
a la espuma de toda la vida.

No te atreviste, y me quedé con las ganas de saber
si una vez adquirido
ese beso valdría la pena
porque la experiencia ostenta el grado
que mide la curva de dónde va nuestra relación.

Y sentada en una silla de oficina, aguardo el timbre
que traerá como el mesías,
un trozo de materiales en prensa.

No olvides, cariño, que me gusta dormir en el suelo,
Sentir la arena y retozar en ella.

Ensuciarse, significa vivir.


Los botes que ocuparon las tazas.

Abres el armario de la cocina, Y percatas
que has ido colonizando pacíficamente su espacio.

A este hombre de astenia a la cafeína, a los polvos de cacao.
Al azúcar. Que en vacíos ostentaba
la huella que con albedrío he morado.

Allí en periferia ciudadana, conviven botes, y tarros.
En abultadas esencias que aletargan o vivifican el estado del ánimo.
Tener encerradas  las estaciones.
El aroma de la niñez, rivalidad de mi personalidad vírica
donde he edificado sobre la tisana,
en la leche rancia que no es leche,
con la sacarina escueta a brazo partido dentro del sobre
para ser veneno en reflexión del sabor y la dominación más absoluta.

Callados miran en rasuramiento,
un muro que oculta la vida de antes.

Del antes de que con mi tropa matinal
abarcara al armario, desarmado con tanta violencia.

Pienso, que quizás los espacios sean de uno mismo.
Y que es sana hasta la insalubridad de la respiración que no aporta oxígeno.

Me avergüenzo de esta dictadura
que siempre ha desayunado con el egoísmo.


lunes, 27 de marzo de 2017

La maldad requesón.

Las amígdalas gritan
lo que callo en una nota
demasiado baja, la que entre la tráquea
descansa en un silencio
que narra los abastecimientos,
los neumáticos quemados
con hedor de su plástico
combatiente de una hoguera,
tal vez es la evidencia del viento,
la falsa amistad
con chaleco antibalas
que flota cadáver
incapaz de esconder su humo
entre los títeres,
por eso me basta la tos que huye de la flema, el aparatoso vuelo de los que oran
a la conveniencia. Aquí en el apartado
de la goma chamuscada
de hacer relojes para aprender a sobrevivir.



domingo, 19 de marzo de 2017

Después del tendido.

En el lecho coronaba una pila 
de pantalones, 
de camisetas flacas y gruesas,
de calcetines solteros en busca de la cópula
y al ordenar el desquicio,
uno, quedó huérfano como la estirada oruga de tejido
en que se asemeja cuando ningún pie la habita.

Su cama abrigaba la omnipresente montaña,
de ropa del derecho, del revés de equipajes
de otras mujeres, de otros hoteles,
de colores caóticos del bosque en el crepúsculo:
pardos, oscuridad, verdes militares y chocolates 
en tierra que perfilaban la geografía del hombre que hoy, por hoy amo,
y venero, el que no posee temor, y dice mirando a las baldosas de la cocina
que soy valiente. No considero que lo sea, simplemente,
apuesto a la vida, antes de que engulla,
no dejo que la bacanal de la colada
sea ni por un momento
la maraña de la horda de los pensamientos.

Con la manía infantil le cuadré
las toallas con sus picos en cartabón,
las sábanas beatificadas con el sueño,
en armonía textil y amorosa,
porque quiero que este bache se supere
como cortinas arrancadas de los ojos.

Puestas en torres que se atreven a desafiar a la orilla,
con cada prenda con su función 
más esperanzadora, una maniobra de aseo, 
de saber que no estás solo,
y qué caiga quién caiga
no dejar que la avalancha nos coma,
no al extravío en el biombo,
y condonar que el calcetín de franjas lilas
sea el testimonio
de lo que un ayer padecimos
porque cualquier noche de éstas
será una bella polilla de poliéster.



Imagen tomada de Internet.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Yonquis

Este trozo de carne
en que me he trastocado
con la inercia
de un elástico

haciendo de tu poema
rayas
"cebriles"
y necesarias para que el "oroficio"
de nariz esnife
tu verso de verso
en descolamientos de apéndices.

La incertidumbre
el desvarío de la brújula
los cometas
haciendo cola
de ganchillo
en el éxtasis que supone
el releer cada golpe.

La comisura blanca
con las pupilas en dilatación
con las estrofas del poema.

Regulación del pulsómetro
trabado a la víscera
de un ostracismo
dando hedor al trozo necrófilo
que flota
que irradia
todo el venidero mayo.

La suerte mudadora de piel.
El dedal en cada yema.
El caos.
Y la drogadicción más asesina
la que no llora ni una mísera gota
de sangre.

De leer y morir de poemosis.

Y ya no saber del amor o de las culebras.



lunes, 13 de marzo de 2017

La humedad de la palabra, te quiero

Me gusta escuchar la lluvia
arrimada a ti,
en consonantes que agudas
timbalean y entremezclan la respiración,
dejando, que el eco
descanse su fatiga
en el silencio tímido
que acontece cuando
la lluvia se suelta de la mano.

Y en ese hueco el agua
anida buza, para pez
mover coma.
Para dar auxilio
a aquellas penas
con fragancia de crío
que tú has descubierto
sin competencia.
Y sin duda, con el ruido
de una noche de caballos danzarines.

Que el amor se fortalece
Y tú lo sabes.
Y yo lo ratifico.

En el cebo con atravesada la palabra:
Te quiero.



viernes, 10 de marzo de 2017

El contador

En la ciudad de los almendros
que florecen antes de la hora,
el atolondrado de mujeres,
y varios enseres, abren la persiana
al día. Cuesta reconocer que ardan
niñas en los colegios, y que un rinoceronte
dentro de un zoo, fue la extirpación
de la maldad que compra sueños
en cafeteras, y heridas que nunca bajan
la barrera, en una vía de peatones
de rifas y carantoñas
cuando llega la primavera
y uno se entera con el atragantar
en la faringe de pétalos.
Y ruedas naranjas.

Cinturón para unos
olvido hacia mi persona.

martes, 7 de marzo de 2017

cobra o pitón

La concordancia cruda de cada estribo
en las regletas porosas 
y la música,
en esta alma ida
entre tumores de barrio.

De mantelería bordada y las sanguijuelas
haciendo poses de Afrodita
para sorber ese acuario que yace
entre las comillas, y las bocas del incendio,

Mortecina espejismo si tú
en la proa casaras la noche de venenos,
pues, sabe bien de las argucias,
pero, el pecado más cercano
es caer hacia los abismos del mar.

De la rutina en cajas, de los vasos inquietos
en rol prescrito y las hojas caducas
en balances, acuses y saltimbanqui.

Almanaques que florecen
y la sensualidad más espumosa
de arrecifes en costra por las heridas
de epopeyas de folleto.

La vehemencia de este latir.
El oloroso empaque de tu cuerpo arañado al mío.
En teatros sin plateas, ni vientres en holgazanería
compostura,porque  respirar el amor debe en todos sus trajes,

La verdadera serpiente no comunica,
 asfixia mientras  susurra que te ama.