sábado, 29 de octubre de 2016

Sin título.

Plegables que se amontonan en trípodes de cuatro patas
donde el sentimiento decapitará la esencia
en este vacío celular de lo que realmente respiramos
en la manada de los orangutanes pelirrojos
hacia las vías de la extinción

Quisiera cantar una canción de festividades
aun con las rodillas cuadradas

por la pérdida de un ser blanco.


Soy un primate acorralado por los tranquilizantes,
muerto de acomodamiento,
al que lanzan cacahuetes, con las manos asiendo
un pelaje desprovisto.

Los miro, y me atrincheran dentro de los sacos de hojas.

Y me da la pena absurda
de  tener que abrir latas de aluminio
para comer el pescado.

En un rincón, de focos y morses.

Va desapareciendo la estrella.

Ela, la grande, la supernova de pelo cano,
y siempre con la palabra justa
que de tan noble la sangre se rebeló en su contra.

Ela no dijo, ella escribía poemas, a pesar
de que siempre la humildad roía al hueso.

Hasta para morir, lo ha hecho como los mejores,
escribiendo, con la honradez hasta en su último enjambre.

Ela, que sin conocerme
decía que le recordaba a Wislawa.

Hace muchos años
cuando aún el vino
olía a uva.

Gracias, gracias, gracias.

En las pérdidas humanas
duele en fisura ser un orangután entre los hombres de sombreros alados.
mirando a través de los barrotes.





Mariela, descansa en paz.

jueves, 27 de octubre de 2016

Oda al café matutino frente al sobre edulcorado.

No pido mucho, una cafetera de aluminio
con el brazo en jarra de una taza
y un sombrero cordobés.

No pido nada, más que un metal y sin diamante
anillo de silicona y embudo, para desasear el agua
en lodo amargo y hierro candente.

El olor del café. Me recuerda a mi tierra,
a la infancia que nos ofrecía en cucharillas
de plata, su exquisitez más absoluta.

Brebaje quita sueños, espantapájaros.
Abate aburrimiento, cántaro del latido,
medicina para los pensamientos
e inyección para los que vivimos del primer olor de la mañana.

Si comprendieras que mi madre
es parte de su música, cuando hierve
y acaramela el vaso.

Correrías veloz como un rayo, a comprar una cafetera,
no pido mucho. Ah y un paquete de azúcar blanquilla
que a las isleñas nos gustan 
los besos dulces y el café bien fuerte.

Explotación

Existen niños con el tétanos.

Niños de azúcar
que nacieron con una aleta quebrada
para flotar en las necesidades,

Sabios del ruido de los coches
al acercarse el amarillo a su cama,
la boca del gas con la coronación de sus cabezas
dentro de un horno.

Niños de metralla con la inocencia  
paseando en carro de combate
con sus bolsas obesas de recuerdos.

Ojos como monedas cantantes
rodando al espacio de la alcantarilla
de la economía.








martes, 25 de octubre de 2016

No soy fácil de bregar.


Las alacenas tiemblan
con notar su presencia
aunque aparente que no ha roto nunca un plato.

Un día perdió la sombra en una selva
y tuvo más anillos que dedos.

Salió por patas y no era una araña
con botes de pintura lanzaderas
que escribieron tragos de poesía.

No es fácil doblar las sábanas del egoísmo
ligeramente insoportables.

Pero, de mis rarezas y 
posos de lo que fueron marcas y cicatrices, crea, Dragón rojo,
que los cuervos para aquellos que nunca conocieron
los canarios de las minas.

Pían igual o más.
Que la verdad en mis besos.

Las palabras mojadas bajos los portales en llovizna.

En esta noche de lluvia sin gabardinas, escucho el lamento por los tejados.

Podría descifrar con una mano en el pecho cada latido, 
de gota que cae hacendosa a su suicidio contra las aceras, 
las calles que han vuelto a sentir los pasos.

Se oye el poema parido en cuerdas de violines,
el calor de la casa que fue abandonado,
el aire trágico de como se despliegan los paraguas
y el tintero rebosante de ira
para desgranar en uvas manchas sobre el papiro
el carmesí que aún  arde detrás de la palabra.

Puede tanta enfermedad lidiar con esta desesperación albina,
disfrazada de gacela
cuando no es más que una loba de corrales
bajo la jarreada de Octubre.

Los océanos no existen, no llueven.
Los océanos luchan, resisten.

Somos nosotros los charcos que imponemos las fronteras
del mar del miedo y puede que todo en su deriva reste.
En el lado infinito donde purgan las lenguas, en salivales cachos
en esta noche de poesía transhumante
que van dejando la aridez del cuerpo sin fluidos
con la soledad calada por las misivas.

sábado, 22 de octubre de 2016

El goteo de la ballenas a través de un televisor.

Vas por el mundo con los codos llenos de purpurina,
die blumen des böses nacen por las juntas de las aceras
y en concordancia camino eres
para la ingeniería de la vida.

Habrá árboles que jamás vean tus ojos


y escucharás las voces tapiadas
que vibran a través de las ciénagas.

El vino aguado, las perchas vacías,
el llanto óleo que acabó 
en los vasos volcados al fregadero.

Antes de que llegue, cauto el trino
en los otoños de los centros comerciales,
con disfraces a medida
en tierras lobas llenas de gatos.

El entuerto de las raíces dentro del estómago,
que aspiran a un trozo de piedra
donde el yunque pueda dormir una noche.

Subir a la azotea para contemplar las estrellas.

Bajar al poema con la azada en mano.

Trabajar.

Ll.Ll.


Gala asomada a la ventana, Dalí.












domingo, 16 de octubre de 2016

Las ortigas de romero y hierbaluisa.

Cerca del río como una barcaza tullida
se arrima mi hueso a tu espinazo
en tratados no bélicos
de las sentencias del reo.

Sobreviene el color carnal
de la masculina letra bregando entre las pesadillas
que se resisten a abandonar lo que tanto han amado,
guarecida mora en matorral
como crisantemos son tus labios
dando el veneno que más vida ha concebido
de ir muriendo poema a hoyo

Floreces la peca de la inusitada
y en ti me cobijo, sin miedo alguno,
para que de tus manos los arneses hagan de esta veleta
el echar la tierra sobre tu monte sacro.

El amor no se trata de suicidios colectivos,
son esas tazas frías después de los besos,
los dedos abrochados,
la lengua en acto de servicio,
tu peso,
mi noche,
nuestro momento más maldito.

A la expectación de un foro
que nos bendice con sus cuchillas.





La semilla escrita.

El poema posee la paz del mármol,
la aparente frialdad cuajada,
pero, en sus vetas corre la sangre.

Bombea de un lado a otro lado
como un loco herido amando a un semental.

Puede que parezca que hiberne
pero hace que las pupilas se dilaten
y engendren para los elegidos
el símil de un orgasmo.


Reflejos de córneas, ojos equilibristas.
Sudoración perfecta, oído afilando la navaja del recitador, 
cervezas inmóviles, nucas erguidas,
garganta en carraspera,
temblor de manos,
y columnas humanas elevadas como el humo.

El poema impersonal
que el voyeur pone nombre y domicilio,
de transporte urgente con papel de burbuja
para no sufrir las lapidaciones entre tomos estantes.

Muertos resucitados con la lectura
igual que un loco herido
amando a su espejo.

https://sinalefa2.wordpress.com/2009/07/27/eco-y-narciso/
Narciso por Caravaggio.

sábado, 15 de octubre de 2016

La llaga de la incomprensión verbal.

Una gota caída del cielo no hace lluvia,
ni amueblar demasiado la habitación: una casa.

El exceso de maderas 
agobian al poema, y quizás unos enseres 
basten para expresar lo que siento.

Salgo a la calle, cada día, en una propuesta de jornalera,
a explicar lo que veo, del modo más sencillo,
pero las frases viajan a sótanos
y allí se alquitranan ponderosamente.

El hombre que cambia la rueda a su auto
refleja cansancios,
y las aves son manchas de retina
que adolecen el paso de los invernaderos.

Quisiera que los rótulos de los edificios
no hablaran en la jerga del que se vende o se alquila,
en un amago contra la soledad casquivana
que puede con todo.

Un poema con pan y pan, con silla y silla.

Pero, ellos viajan más allá del inframundo.
Y cuando quiero decir lenguaje
las espuelas arañan sin saber ni siquiera
la forma en que mueren mis expresiones.

Soy así, famélica de etimología subterránea.

¿Cómo entender el sonido de una piedra desde un noveno?

Su sinfonía cóncava, de poesía que balbucea
como los niños en sueños
antes de su primera palabra.


http://revistatarantula.com/don-quijote-de-la-mancha-por-francisco-gijon/




jueves, 13 de octubre de 2016

La da-tos enmascarados.

En doble fila la ambulancia
desafía al estacionamiento otoñal
con la gente de visión saltimbanqui
brincando a la expectación del ruido.

Un señor de armadura de cal,
izado como una banderola,
se achica dentro del destino.

Los guardias llevan guantes blancos.
Los sanitarios llevan guantes blancos.
Los porteadores de la procesión llevan guantes blancos.

La edad barrida en una calle
de las mascarillas del baile-disfraz de la vida.

Un abuelo en recogimiento
que se desfallece en la tabla,
vehículo del índice al consumo.

Con los huesos soportes a un jersey verde
que pronto oleará los amarillos.

Las manos inodoras que toman muestras de lo que nos hemos aleccionado,
panes de molde en la ranura errada,
igual que estadísticas  haciendo luces incendiarias 

al nau
          fra
               gio.






miércoles, 12 de octubre de 2016

Diálogos diáfanos.

Pienso en sus muslos de aves del paraíso hechos de carne,
la amplitud de su diámetro, el diapasón, 
diamante-diablo que entre ellos habitaba.

Y me desmenuzo en trozos textiles,
en avance a través del bosque 
que sin boca ni razón alguna.
En las diagonales.
Con la diana del bulo del abrazo al olivo,
a su anchura de madera de pájaro cuco,
de estornino que se posa en el álamo de las ventanas.

Diagrama escrito por el cáliz insostenible
de la vida en los fósiles que vierten la palabra
y desnuda de armas correr tubérculo 
por los tálamos hasta el árbol
como el que abraza a un ser querido que murió
hace ya unos cuantos aparcamientos indebidos.

Y no está.
Y no regresará, más que con poemas convulsos.

Día a día.
Día a día
Hasta  morir de abrazos intangibles.


Miranda (La Tempestad), J. W. Waterhouse, 1916.


domingo, 9 de octubre de 2016

Estimat diari.

No hi haurà en aquesta terra
un home estendard de la meva mar Mediterrània
amb la delicadesa de l'albergínia arrelada,
del capell alat entre els meus pits.
Perquè encara que la meva llengua sigui estrangera,
el cor batega amb el plor de la pedra caiguda,
de la serra cap als torrents.
Ocell sense pic que estima el que més calla
del treball pagès desflorant l'ametller.
No sabré de fang, ni el nom de tots els rius
ni tots els noms dels pobles,
però, conec les ones del teu cos nu valencià.
L´animal que es mor, on no hi haurà dos amants
que van ajuntar tant l'amor com l´odi de les seves dues sangs.
Nostra passió
afusellada
de tanta cobdícia.

El riesgo del pájaro que no sabía volar.

El pecho emitió la sonoridad del esqueje, 
parecida a la zanja
de una semilla que abre sus paraguas a la tierra.

Musitadora
a través del silencio
del trino.

Abrió sus alas
al coraje sin pretensiones
para decir desde las cuerdas vocales
de los tendederos.

Qué llevo los bolsillos llenos de cerezas.
Qué viene en marea un saco.
Qué en las manos ya no dan abasto.

De la sonoridad
que del cuervo blanco apareció como un trino,
habitante en el bosque de los pulmones.

Le dije:
-Amor mío. 

Y se fraguó lo impredecible.

Como una gota de tinta en el agua.

Como una bala
admitida
hasta en sus consecuencias últimas.


jueves, 6 de octubre de 2016

Generaciones.

Juegan los primogénitos
con los abecedarios en el cielo
de la frescura del vaso de agua
después del camino.

Sus caras lavadas al viento
aún sin nombre gritan.

Y  me gusta escuchar sus voces
de nácares contenidos que maceran.

Ellos con sus brazos modulan con ahínco los cordeles de las cometas
contra las embestidas de las estanques.

El saber, que pueden del cincel a martillazos hacer la escultura, 
es siempre un alivio porque cuando ellos dispongan de mi edad
la sal  habrá caído en la playa
y posiblemente
yo estaré muerta
para ver como miran a los nuevos sostenedores del mundo.

Mientras desde las rocas las palmeras.

Así es la vida, la ley, la concepción perpetua del poema y su gente de labranza.



Des-nudo de la pleura.

Esta noche volverá a llover
y me gustaría que estuvieras conmigo
con las incertidumbres de las masas
que en la lejanía son cordilleras
y de cerca nos permiten observar el nido de los pájaros.

La lupa que todo lo abarca,
en el sello de la caricias.

El prismático de las mareas,
el faro, que alumbra las huellas veraneantes
que desfilan en hormigueros hacía la estación del frío.

Nuestras manos que nos amarran fuertes
con nudos de tres vueltas.

Porque somos trapecistas
y si tú caes
yo demoro hacia el abismo
de redes puestas en las carpas
como frutas de invierno
sacadas de sus ramajes
para la bocas de las bocas.

De nudillos prominentes de huesos de aceituna,
y pepitas de uvas de la mujer andante,
en la penumbra del poema
que alto y espigado
da la sombra
de árbol.

Amor con silencios.
como hojas que caen
dentro de nosotros.

Con la disipación del pasado.

Y un nudo de tres vueltas
que nos trenza aún más si cabe
donde echar raíces en mi isla.




miércoles, 5 de octubre de 2016

Poema de amor en fa sostenido.

Leer de tus ojos.
Mascar tu  lengua.
Apuntalar la amistad a tu espalda.
La plática argentina de la terapia.
Subir a tu hombría.
Bajar de puntillas por las baldosas.
Compartir yogures.
Saciarnos con besos.
Leer y que tú yazcas desnudo.
Desnuda caer presa.
Dormir acaramelando al sueño.
Pernoctar tumbados al piso.
Ejercer por voluntad propia.
Aprender la medida de los pétalos.
Sentir el brotar de geranios por las axilas.
Besar tuétano y miel de hombre.
Cocinar el álgebra.
Fluir.
Existir.
Vivir.
Bracear amasando sentimientos.
Llave rotar.
Pulsar el silencio de la espera.
Ser el pergamino verbal agitador de mi palpito.

Dar fuego, 
para arder juntos.






martes, 4 de octubre de 2016

El folio, la falsilla y el topo.

La humildad de los objetos
permanece oculta.

Acaso un tornillo conoce su fortaleza, 
la espiral que lo ata al roble, a tantos elementos
como un sol pegado al techo.

Las calzas, en sus formas lineales,
sostienen la furia de las puertas
como cerebros que no desean olvidar una vivencia, 
un trozo, en fin, intangible porque de la nada no existen.

Los sentimientos de las tuercas,
de los anillos de ningún planeta sostenido,
haciendo suspensión a los telares.

Cortinas que descubren la timidez del hierro,
clavos, parches, tiritas y otros alfileres.

Que ocupan el lugar idóneo.
Pero, que quieren crecer
como el molino, la fuente, el corazón, la lengua, la lealtad.

Así, son algunos procederes.
Pequeñas chispas de microondas
que anhelan la facultad de los hornos.

Para crecer, en tachuela o en cinta.

El amor, la construcción silenciosa
de su propio mecano que no se forja con falsedades
sino con la humildad de las gotas de agua,

la humildad,
de la palabras.