sábado, 30 de abril de 2016

Empater.

Cuando la revancha se interioriza y no admites tu desequilibrio
van luces de neón en comparsa al espectáculo diario
de izar del cadáver que respira.

Por eso no apretar el acelerador
que perder los nervios no es virginal.
y mantengo  la costumbre a la soledad con los muertos
al silencio de los vestidos
que farfullan a los botones y a las cremalleras
el abandono que desde niña
me puso sus bragas y una bonita cuerda celeste.

Después de la guerra, subo a un tren en coma
y aparece el sarpullido de la enfermedad.


En trance, con la trémula pulsación
arremeten las ganas de escribir
desnuda delante de los pasajeros, la fiebre descubre su esperpento.

Como una yonqui precisando la salvia de un puñetero bolígrafo,
un trozo de papel, una hoja de selva, en arritmia
implorando rostro a poso, con el brazo tendido
cualquier excusa correcta de tick, folleto
y hasta el billete de Renfe en laberinta procesión de palabras.

-Oiga soy poeta, no tendrá un pedazo de piel,
un lápiz de madera de cedro,
del baúl en que se está convirtiendo el viaje.



Adicta, consumo
con la dosis adulterada en el retrete metálico
y el poema
acaba escrito en la puerta del WC.






Rótulo bajo la piel.

En la mediana de una librería
una buena señora que no me conoce...
Dijo al verme: Ella no es poeta, ella es actriz.


I

En paraísos anfetámicos
una poeta no se hace la paren así
a base de golpes la cincelan
y en escarnio
la cuelgan de los árboles
como un farolillo extra-vagante.

Te acompaña la poesía desde el primer paso
para nunca aprender de la caída
para que lo peor en dinámica
supure la peste sigilosa
manchando hasta convertirte en quiste
porque desde la primera cucharada, heces y atascos,
una intuye que es diferente
en la mala corazonada dentro del píloro.

Señora con todos los respetos,
vaya a la mierda.




Caos, no gracias.

I

Me gusta la gente con heridas emocionales.

II

He visto una mujer iracunda
con la boca de cepo entonando arias
a un hombre en prerrogativa interpuesta
con golondrinas que salían de su laringe.

Dentro de un coche en llamas 
delante de la estación trenícola.

En una intensa pelea, 
insonorización de cuatro puertas 
y las luces en intermitencia: 
tum tum, tum tum, tum tum, tum, tum, tum, tum.

III

Me gusta la gente, y no provocar más heridas.

IV

Y ella, mi propio desdoblamiento
en tímpano adjetivo.

Inmadura.
Inmadura.
Inmadura.

Rebotando en las ventanillas
la denominación
a no entender la anarquía poética.

Inmadura de tez lima, de  limón cetrino
fuera de época;
la naranja contra el suelo antes de vísperas
por la granizada.

Inmadura.
Inmadura.
Inmadura.

V

No puedes herir mi corazón porque no te pertenece
en herida constante
cayó por el alcantarillado
alegaciones de incumplimientos de normas
cuando mi única ley
gesta el ruido de mi estómago cuando tiene hambre
a la argucia de origen
de largarme cuando me dará la gana.

No, no lo has entendido.
Le dije a los patos
con careta de submarinista
que salían de su glotis.

Nunca, he sido tuya,

VI

Mi herida, gangrenada.

viernes, 29 de abril de 2016

Retrato de una medusa.


“The subject matter is autobiographical, it’s all to do with hope and memory and sensuality and involvement, really.” —Lucian Freud

En litografía yacen dos cuerpos colocados

con la fragancia oleosa.

Y aquí en foto de Lucian Freud
sin el cobijo de la palabra en sílex,
con la resilencia de la cuerda al cabo
se desfibra cada átomo
mirando al espejo inexistente de la marquesina.

Ha refrescado y sin embargo la latitud arreciaba
hace una hora en la fogosidad del momento,
como una mala película
como una instantánea de Lucian Freud
con la amorfa mueca
de estar exhausta después de que hayan bebido de mi histeria toda
y se acomoden los ácaros a observar
la subsistente miopía de una calada tragándose
la estampa de amantes cubiertos de sal y destierro.

En una cama con vistas a la nada
y sintiendo el corazón-caballo
con la desnudez  en ángulo muerto
un hombre y una mujer, esbozo grafito, pincelada sin acuario,
un hombre y una mujer,
una mujer y un hombre,
un hombre
y una mujer que desaparece,
una mujer etérea
y un hombre solo,
una mujer con la doctrina de la taumaturgia.

Sin duda, la mejor alumna
que se viste de puntillas con el émbolo
del silencio de los corderos.


                                           Lucian Freud.

jueves, 28 de abril de 2016

Espiga de poema. O cómo olvidar en cien días.

Existe una esperanza percha en la garganta
y motes en cada batir de peatones anómalos
buscando un taxi,
la ruta de cada entresijo de plumas  al despliegue de sus varillas
dentro de la cavidad del algo
que pintan de rojo los daltónicos.

Acontece que perfora y de su raja emana el reverso,
a pesar del quitaesmalte desbordando el punto de cruz
en fumaderos de odio-soga
en lúpulos floreciendo en cada grieta de su molécula,
porque qué más da si las manos
ya no se tricotan.
Qué más da si muero antes de volver a la orilla si la vida es un payaso,
pez de nariz viento
y una en cada carpa guarda el río sin nombre.

Si morar
es pintar de lila el alma.

II
Dar lavanda a la fachada
de un armario con piernas
que guarda celoso
las veces que fueron saqueadas
por sus pulgares con identidad propia,
los cuales se reconocen

en las teclas del sonido estéreo
de un tocadiscos de Nietzsche,
si hay una luz
si hay
si quiere que el incienso huela a primavera
no invente más inviernos.

III

Poema a poema,
bala a bala,
en tiroteo continuo
contra el muro la indiferencia
rima  hacia delante con tres
y todo un mar para el reposo.

Bala a bala, ola a ola 
si hay una luz...
dentro del refrigerador de esta morgue.

No, no la apague, minúscula alcayata
que sostiene la percha atreve besada.
 (Grabado de Durero)


martes, 26 de abril de 2016

El beso.

                                                                           En escucha radiofónica, Prince ha muerto.
I

Para regresar al infierno
basta con pulsar el botón número verde
y ascender al décimo.

II

Cuando los amantes
en desprendimiento de rutina
absortos apuran el cigarro de sus dedos
en llama dadaísta y miran fijos
con óculos de muñecos con tara de fábrica.

Y ahí rota, por el abandono
recortable desecha en ovillo de cama
en un trágico calambre
en el  hueco caleidoscopio
de morir con los placeres de la vida
en la contabilidad de una raya más o una raya menos
de alfombra estadística.

Y retornar al infierno
en el ascensor
con vistas a la bahía.

En deterioro producto
la inoportuna retórica de obsequio Kinder
rebotando acrobática después del vino de mesa
en la moscarda revoltosa
de uva sin engendrar de septiembre.

¿Qué quieres que te haga?
¿Cuántos años tienes?

Puto es, esputo.
El desorganizar en despojos
de mercado con un 20 %
de descuento porque caducará antes de la quema.

Y me levanto mal depilada
con el único antifaz
de unos sujetadores levantado mis senos,
escarbando el poema ciego
en topo-grafía.

Subir y bajar, cómo si no hubiese
ocurrido nada en la visita luciérnaga
a las costuras de mi decadencia
lanzando la colilla
por el desagüe
y no reconocer las ojeras, el labio henchido
y el afluente de mi nariz
que pinta súbita temprana cosecha
a que si prosigo así no llego a los cincuenta.

Y desnuda  cortina
me quedo en meditación delante de la ventana.

¿Qué miras, si está cerrada?
Los cristales insonorizados,
y la persiana en párpado hermético
evita la luz de la noche.

Ante la retórica y con la gula resuelta
le ruego interprete el prospecto antes
de su uso, agite el envase del agnóstico
sentado
en
xenofobia al amor
omnipresente.

Excipiente-colorante-purga-esencia-veneno,
a esta masa de isla que se rompe
porque no soy más que una muerta que muere de amor
y entrega  al Coliseo las sobras
de cenas prescritas.

La autodestrucción de los ángeles sin padre.






domingo, 24 de abril de 2016

"Tresporcincoquinceyatiqueteimporta"

I

La rutina puede ser una buena excusa

para domesticarla y escribir unos versos;
el café aguado y las plantas que crecen
con el compás distinto que escenifican 
la patética 
de buscar entre las maletas 
el objeto que se olvidó y 
sus formas han caído.

II

Éste es el adiós definitivo
a tanto tocino, a la bola de nieve
que ha supuesto un amor que no descansó
hasta incrustar la palabra en la diana que late
círculos, como ondas de aguafuerte.

Porque ser la rueda de recambio asfixia en descolocada intención de burlarse
desde su pináculo de hielo
un mes de agosto de 1922.

Por eso sostenerse con poca base
a pesar de su pureza.

Por la consiguiente estafa del ojo,
si vemos con los táctiles
y aunque en público, aborrezca a la poeta,
y fingidor atraviese mi cuerpo 
igual que un fantasma, 
igual que la monotonía que adorna
mejor al poema,
e intente crear un borrón de mancha
y oculte los rastros de mi intrusismo
en la casa de las citas.

Investigue lo que subyace entre las líneas de su mano.
Aún tiene un poco de pasaje
a la cordura. Y enfermos poca gente nos quiere.

No tengo riqueza, sólo el conocimiento molecular
que el aire que respira contuvo un día mi hidrógeno,
que cuando ingiera su ración
el cielo, el sol, los niños que cantan alegres
odas de despedida bala,
el pájaro lila,
la nube ronca,
las luces de los coches,
la tormenta inunda corazones,
la leche,
el pan,
el beso de otra hembra,
la sábana,
el fieltro,
el cordel,
la tijera,
el guiñol.

En todo, aunque le duela,
estaré yo siempre.







Horticultura.

Monumento.

¿Cómo construir el poema?

No necesaria arquitectura
de escuadra y cartabón.

Un día cualquiera
puede ser la retícula 
para construir
el poema
el po

el poema
ma.

Levantarse con el rostro hinchado
por la sal  predecesora
y observar las tres plantas que adornan la cocina.

El poema
el ma
po
ee
ma.

Casualmente la que agonizaba en tu salón,
la que dabas por muerta,
la que, ahora, reivindica la urgencia de un cambio 
de maceta por su procreación más absoluta.

Pero aposté a la vida, y tuvo la oportunidad
de echar raíz como
el poema
poe
mama
poema
o.

Y se multiplica, a pesar de tu condena a muerte,
la indiferencia a la esperanza
que formaba parte del biombo
que ocultaba tus vergüenzas.

Una Áloe que sufría, y ahora ríe.

jueves, 21 de abril de 2016

La inmesidad del universo en un poema no muere.

En la tumba de Julieta en veneración
y brincado cerbatana
por los claustros donde Copérnico
desafiaba un sistema con los ojos de Picasso.

Lancé una moneda en el Veccio.
Atravesé Heideberg
observando extrañas velas amorfas
en ratificación
a las fórmulas
que se perdieron olvidando la alquimia.

Y sin embargo
encima de una mancha de petróleo
dejando todo mi cuerpo
sumergido en una gelatina, viscosa de oscuridad
he sentido el ahogo
del pelícano.

La incomprensión
de la nada
dónde el pulso
me induce a odiar al padre
para matar al hombre.

Para respirar de nuevo
por una ranura
cada vez que leo la magnificencia
que no tiene nada que envidiar a lo tangible.

Tu poema,
tu poema,
tu poema de agujero negro.



Pan pen pin pon pun.

Es inútil enhebrar esta aguja,
símil del ajo pocho
que repite y pica
fácilmente.

Venir muy cansada,
con los ojos que apenas deslumbran al sol,
con un amanecer de apenas concilio del sueño.

Y morar, en esta torre
de ilustración carnera
en que la nuca
se empotra en la mesa del agotamiento.

Quería escribir un poema sobre el pan,
enharinar mis manos
que buscan la paz dentro de este dolor de vena
y con agua de grifo,
y con una gota de aceite
y con la sal del lavavajillas
desvalijar a la palabra
de su adjetivo.

No quiero más galaxias
en venta, ni que se cierre
la puerta giratoria
en la masa correcta
de ir moldeando frases esponjosas
con la medida de la levadura
de menos posesivos y más honradez.

Con el rodillo,
un mandil verde 
armadura a tanta incomprensión colesterol
por tu parte,
por los ríos llenos de peces muertos,
por los vertederos roídos por manos niñas,
por la capa de ozono
en comedor de saldos.

Y en el obrador verbal
panadera
fatiga
sin techo 
de una amistad que no merece
el órgano reconstructivo de mi poema.




Enemiga.

La cobardía en la plaza
se arrima al burladero en estampa circense.

Pues, si en este feudo un reverendo hubiera,
un salvado del mundo
creo que manco a Santo Tomás de Equino
usted personificaría ante su cinismo;
musitando incrédula
cuando barro la muda 
después de leer la misiva.

Para decir higo, mijo, huevo
que todo es una cortina de niebla de discoteca 
fruto de la imaginación
si quien solicitaba
era usted en la manufactura.

También Judas
era amigo del sacrificado,
suele ocurrir a los que viven de apariencias y apariciones
y muestran vergüenza ajena
a los que de verdad nos quieren.

Porque la palabra lanzada
a mala sombra
tapa hormigueros
y oculta lo interesado
que fue usted conmigo.

Es tan bonita la guerra contada por el vencejo.

Podré proveer en larga magia de otoño.
Mi trabajo me cuesta
horas de insomnio
por la crueldad
que demuestra a deshoras.

Se puede meter el calificativo
por el vernáculo.

Y si no vuelve. Qué esculpan
su cara
a la estatua de la pubertad.
Quizás su ego se complazca
y olvide, que un amigo no desprecia
que respeta la ayuda,
la vinculación de la caverna.

Poema a poema,
desgranado en su sangre
porque esa es mi ciudad.
Y en ella
quemo, edifico y rezo
al beato
que me apetece.

Si sólo queda
este camino de teclas
arácnido
féretro
de tipografías tocadas
con los mismos dedos lamidos
por  la boca
con el salmo que tanto le gustaba
orar conmigo.

Así que antes de meter en la herida
su sorna
compre una bandurria
y viaje a las cruzadas.

En busca de otro objetivo, Señor sin caballo.


martes, 19 de abril de 2016

El café que necesita volver a ser café.

Lanzar por el tercer piso
la máquina que hace café
a base de comprimidos.

¿Dónde está el aroma y el sonido en estéreo de la cafetera?

Quiero lanzar también todos los sistemas
analógicos de verduras de cocción en el microondas
con huerta que lleva la química por guerra.

Atada a un hilo
balanceo de izquierda a derecha,
y hasta creo que convertida en araña;
araña puertas, de gata
arrojando por la ventana la hipocresía
de bloques, de la noche que no existe,
de todas las pausas prometidas antes
de exprimir la castaña de saber que ya estamos muertos.

Sí, iré a la ferretería
en busca del beso nogal
y compraré una pequeña cafetera de mango malaquita
y kiwi deseo, quiero escuchar su voz
que tanto me recuerda a tu presencia,
ahora, difuminada por las mangueras del camión de la basura
a las doce, hora española, el ruido de motor
que ruge:

¿Por qué me vendiste?

Un paquete de 250 gramos
para apurar en su arenosa constancia
de todos esos días en que vivía ignorante
de la muela que iba a ser sometida.

En un canto de inmueble
con el gas de las murmuraciones
capaces de aniquilar la taza de café
y manchar en una gomina azucarada
las manos de asesinato en plantación.

Lanzaré el grito ahogado,
como el que emití cuando nací en cesárea, y
mis pulmones fueron aspirados
de mi propio meconio
en un mandato a callar incluso antes que a respirar.

El amor que no se hizo para mí
y perdí 
por no saber amar.

El café que necesita volver a ser 
café.

domingo, 17 de abril de 2016

Y si te vuelvo a ver pintar un corazón de tiza en la pared.

Cae un viento desigual
y Valencia se levanta erecta
revuelta de papeles y ecos en semáforos incandescentes
con la promesa rota
a que los narcóticos mezclados con el alcohol
fuesen un deporte favorito de primavera.

E igual que una hoja con pestañas
mis pupilas dilatadas dibujan
con sus dedos jeroglíficos
por los muros del Barrio de Carmen,
la muerte de poema: poem mortem,
apurando al hígado,
por un momento el ser de una ninfa
con la cadera con hambre de hombre
en pantera tacón arriba-abajo en escote 
y armas papiliformes
como pequeñas mariposas en los testículos.

Y prometiste no volver hacerlo
de rodillas
en algún suburbio de mallas
rezando la letanía de tu falta de control
exterminador
autodestructivo
hedonista
y a punta de navaja-lengua en
un paradigma de Sumeria.

Tú no me conoces de nada
y sé que después no me pedirás que te escriba un poema.

Sólo la capacidad que este destripamiento
liberador del peso del elefante desaparecido
a la aparente chica buena
que colecciona cadáveres en su congeladora
y tiene un cajón de miniaturas
de corazones con alfileres
de cada una de la destrezas de las palabras,
aguijones neurotóxicos.


El ángel sin alas
hasta que desaparezca
el formol de las mejillas.

Te prometo que soy una chica muy buena.
Y ando perdida en este arrabal.

sábado, 16 de abril de 2016

Blue dreams.

El azul 
en melodía de calle.

Mi madre he observado desde el pasillo
que de niña tanto temía
abrazando a mis hijos.
Esa ilustración mental generó la duda si ella había aprendido
a amar a través de los nietos, o si siempre fue la ballena
que en su enseñanza de Cartago
aleccionada regla a que mis manos
empuñaran las armas.

Y callé, y la sonrisa levitando
prefirió en su retórica no hacerse más preguntas.

El azul
en melodía de hablado.

Sigo en cansancio
a modo de caparazón de tortuga
pujando a las expresiones zodiacales
de la última página del diario.

El azul
en melodramática sentencia.

En añoranza con forma de rosca de chocolate,
cuando derrumbo mi cuerpo
en una escama
y me dejo llevar a la deriva incierta
de si esta noche vendrán a colmarme las pesadillas
en descarga o tendré la suerte
de abrir los ojos cuando el humo del tabaco
de la vecina se filtre con un café a las nueve
que nadie trae a la vera de mis zapatos de sueños.

El azul-lejos
como una mordida de gazapo.

Las marcas
devófagas

y mi madre en un fondo pasillo
con los titanes de mi cabello
en un abrazo en cuántica.


viernes, 15 de abril de 2016

Sin titulo.

Recuerdo la penumbra de un escenario
contrastada con esta luz de lata de Aquarius
que nos conduce a la deshidratación
más absoluta.

Porque los agujeros negros

mandan a veces en ese propósito
de absorber en papel secante
el foco, el sentimiento.

Citación de no tener miedo.




I'm not scared.
Murderer mountains and with my finger all the fleas  on the planet.
Tal vez el espejo esté oculto tras la sábana como cuando el cadáver postrando el alba, tapa su cara para en velado beso de Magritte desintegre el fonema de quejido de celulosa
no conocer a dónde me lleva la métrica subterránea de paradas en pasajes obscenos.
Explorar la herida 
y sacar de ella hasta el último vocablo.
Un agujero negro acaparador del todooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo.



jueves, 14 de abril de 2016

La perra.

Anda un galgo por dentro
y añicos brama estrofas
de tijera con papel de lija.

Un famélico 
de por tú o si ya que
en una vertiginosa espuma
que deriva en un mediodía de bazo
que ladra, y dicta
con las costillas-hendiduras del silencio
que tal vez uno o casi entre.
No sabe usted
la cadena pesada
que abraza el árbol
mientras los cazadores disparan tragos
antes del ahorcamiento.

Letra a letra,
bala a bala,
sobre el fondo 
de la luz de un ordenador.

Con mis ojos 
viendo como desangra
en ácaros de correa,
este galgo hembra con la garrapata del recuerdo.
Yo que tuve el paraíso
brincando detrás del ala de las cometas.

Con la cuerda en sutura de cuello.

De saberse muerta para el otro lado
de-l una en dos de nosotros
en el bosque, galgo veterinaria,
y la acongoja.

En lengua
y temblando el último poema.

Porque no le olvido.



martes, 12 de abril de 2016

Fiat lux.

Aposentada
lo miro,
en la perplejidad académica
del pasado que fue entre carnes,
un tapón.

Ahora los alumbramientos
en distendida curiosidad
hacen el estrago
de ley
asumida, o no,
de su asomada timidez
en una coronilla.

Me encanta hablar de mi ombligo,
esta cadencia de ritmo
que sube y baja a la medida
de la  respiración.

Ombligo anáfora.
Ombligo epíteto.
Ombligo símil.
Ombligo prosopopeya.

"Fiat iustitia, ruat caelum "

Y en el regocijo
de mi ojo,
entra el hombre de la bolsa de plástico,
que lleva la sonrisa del último pan de su madre
con el vientre vuelto en los bolsillos.

Ombligo hipérbole.
Ombligo repetición.
Om.
Om.
Om.

El hombre que vende un trozo de pierna,
la porción de un cuerpo que amanece
mientras niños descalzos
en los campos de minas
pintan zapatos con sus meñiques.


Fiat iustitia, pereat mundus.








Retirada de taquilla.

El fuego de la venganza
es un bonito título de película.

¿A qué hora
pasa el autobús?

Hace frío esta noche.

Mañana llegan los invitados.

Cené calamares a la romana.

¿Me dejas un momento el cargador de móvil?

¿Llevas un euro suelto?

Sí.

La osadía 
de llamar a cualquier composición
 poema.


El predicador de Misouri.

Y tener la sensación anómala
de conversar con un cadáver 
en la afrenta de golpear su diapasón.

Pero, él, no habla 
le cortaron la lengua con un cuchillo,
predica como un profeta de templo
en Misouri con gestos,
exalta el amor 
y la ingesta de productos ecológicos
cuando no sabe perdonar a quién debe ser
el destino,
de qué sirve la caricia del buey
y la tiza esnifada
de las alas de las luciérnagas.

Cómo puede salvar el mundo,
si al prójimo le pisa el recuerdo
en una hoja de sauces
perdidos dentro de una postal
de viaje de estudios.

Es lógico, hasta la amputación
más dolorosa
sigue siendo brazo, pierna, seno.

Ella, se pudre
copo, escama, grava.

¿Para que servirá el litigio?
Si la frase imperfecta
corre como un mullido con guante de membrana,
al eco de la onomatopeya de todas las tripas
hambrientas.

Tú, en tu trono de pan de molde,
en tu lecho de lonchas de queso
en tu majestuosidad cárnica
en espíritu
consagrada hamburguesa
como el cuerpo de un sacrificado
por la humanidad.

Cómo atreverse de la conjetura
y aquí radial cortante
quien fue más que una mula,
o si al caso su escudero,
la vasija donde escupía,
el orinal de oro
escondido bajo la cama
con todos los deshechos
que excrementan las marionetas.

Cómo puede hablar usted, Mesías, Armagedon, 
del prójimo, del alivio,
de la coordenada entre la chincheta
fornicando un mapa en un mar de corcho.

¿Cómo?

Y dormir tranquilo.
Y no perdonar a quién le ha perdonado.
Y tratar a Sancho Panza como un cerdo con triquinosis
que nunca será invitado a ningún banquete
ni para brindar ni para ser comido.

Monarca o no,
Viven un día sin más.


domingo, 10 de abril de 2016

Y si éramos pocos parió la inmobiliaria.

La primavera dispone la inoportunidad
de que los pájaros aniden
dentro del ojo-calavera de los edificios.

Nebulosa de polen y ácaros en disputa 
por la presidencia
y un ruido en el piso que supuestamente estaba vacío.

Han vendido la vivienda, así que,
un incómodo cambio acontece en mi vida,
valorando la ventaja que suponía coronar una cima-azotea 
en un silencio 
que a veces acojonaba.

La casa anda con la boca abierta
y han iniciado una macro-reforma dos enamorados, 
de esos que se pasan a tiro de ventana
morreándose, y a mí, la tiña
ya ha iniciado los ascensos a las neuronas.

No sólo las máquinas taladra paredes y  la voz de pito
de "Cariño, pondremos el sofá aquí" "O debemos presentarnos a la vecina".

Mirad Romero y Juliana, morad 
en vuestros habita-culos
y olvidad los protocolos cotillas
para acabar siendo un almacén de suministros de sal, azúcar y perejil.

No quiero alternar ni con la cisterna.
Es más esta misma tarde
he empezado a buscar en Google
un clarinete o mejor aún un tambor
para amenizaros las horas de siesta.

Para que odiéis, a vuestra pared contra pared,
puerta versus puerta.

Estoy en plan cápsula
con una animadversión-urticaria
a todo lo que asemeje
al amor. Sí, odio el amor,
o el amor me odia, no sé en que orden de extremaunción.

Me produce arcadas de medio punto
cualquier espejismo de gente
sin traumas, que no posee pánico al compromiso,
a que la quieran,
a mequetrefes
que construyen hogares
y piensan que las reformas
unen, cuando el amor
no es más que una grúa demoledora.
Qué se lo digan a Roma, que el amor
la incendió a base de flemas.

Para qué amar si luego te abandonan,
y las noches son insomnes,
y sueñas que tus brazos son sus brazos
que te deshacen en piel de mandarina.
Y añoras la carcajada, la voz, la camilla; la mala leche 
del tío que convirtió tu fondo de armario
en una talla más y te pasas todo el santoral escuchando a Adele
y leyendo libros de 
"Cómo superar el amor de una vida sin morir en el intento"
"Las diez ridiculeces que no debes cometer si te dejan tirada"
cuando ya llevas once.

Por favor os miraré mal,
y ni se os ocurra la murmuración
de la derrama para convertir
vuestro vínculo en una entrada de granito
y granos de acné en la luna.

¿Qué he hecho para merecer ésto?
¿Por qué una película
se ha mudado delante de mis orificios nasales?

Os repelo, y mondo.
Lo siento chicos, 
estoy asocial
 y mis gatos los saben.

Porque os deseo lo que jamás experimentaré
y es un lar lleno de lavanda
y lazos naranjas que volaran de vuestras muñecas.

Porque dormir solo no duele, ni bañarse solo,
ni leer el poema a solas.
Lo que jode es morirse sin nadie que sea de este mundo











La chica que compartió el lápiz khol.

Cuando la reverberación

se sucede.

En el cuadrilátero
van las triadas
en trazoología-gineco

la mano al cubo
como una potencia
imperial a las cuatro esquinas de la cama
de un lienzoo-morfologíandro.

Tal vez esté prohibido
repetir la palabra.
Pero, ¿no es el poema
una multitud de palabra?

En la ciudad flanqueda
del ladrillo que se repite tantas veces:
Muro de Berlín
en exaltación de formas que son vistas
por nuestros cerebros
en sensualidad polinizafiasexualbredrío.

He visto la noche
en cuadro, la cadencia
de una fuga, dónde el pasaje
era la excusa para seguir el guisante anómalo de la circunferencia.

He pateado antros,
y he dormido en los varaderos de Tokio,
luego en escala
las alas de los aviones
como una Hermes con vagina,
viruela de no entender
lo que sucede.

Tú musa, sirena cariátide,
aprenderás a vivir con ello, después de haber olido el hedor de la muerte de los canales,
venecianas cortinastronómicas de la nada.

Y sentir, el peso del mármol Damocles
como una caracola que te transformará
mañ-ana belmonte de la amargura
de pertenecer a los elegidos;
todos unidos, como cables de cobre
enfundados en plástico
para dar electricidad
bombardeoenecoramera de árbol.

Porque sólo nos salvará la ola.








Pequeño poema de domingo.

¿Dónde está la poesía?

Y tomó una piedra.

¿Para qué sirve el poema?

El gigante fue abatido.

(Primigenia del lanzamiento)

viernes, 8 de abril de 2016

Inaguración en Diputación en Castellón, de pintura y poema "Paraula dona color"

 El día de ayer fue un día muy importante a nivel espiritual, cuando el arte se fusiona y el lienzo traspasa el papel, y el ojo no ve sólo la forma sino el contenido se produce un pequeño milagro capaz de generar vida, un chispazo. Cuando conocí a su autora, Ana Vernia, enseguida supe que había topado un alma similar a la mía, independiente y entregada, que me hizo más fácil la traducción de su creación. Frente al cuadro, mi mente voló, y acabé con las rodillas hincadas en la tierra, pero, no mediterránea, sus colores vivos, llenos de vitalidad me transportaron a la India, junto a la retórica en inglés que hablaba de sonrisa, de lucha, de la búsqueda del futuro. De la filosofía común a todas las mujeres del mundo. De las personas, sin distinción.

 En la sala de exposiciones de la Diputación de Castellón, acompañada de guerreros semejantes a mi estirpe, el poema se desnudó, y lloró para ser oído: Ganges de la vida de una mujer, trata de todos los seres, de lo efímero reencarnado en río, el río de la vida como exclamaba Garcilaso, sostenido por el color amarillo tan presente en la gastronomía, en los bazares, en la arcilla. La "ll" iba a desaparecer, el verso no iba a contener ego, era el canto del cine que nos medita del dolor escondido tierra adentro, de la flexibilidad de la naturaleza del junco, de los fenómenos climáticos que marcan las estaciones como fotogramas de la alegría y de la pena, para arrimar al sufrimiento más absoluto de la explotación infantil, los matrimonios de conveniencia, abusos, terror. Mercantilismo laboral por parte de las grandes industrias que aprovechan la desolación, pero, que dentro del caos la supervivencia generacional nos salvará mediante la cultura popular, la herencia y la ensoñación; en que un amanecer el planeta se percatará que esta fórmula de destrucción nos conduce al fin, lobos contra lobos.

Tengo fe de ello, ahora solamente falta actuar.

Lluïsa Lladó.

Ana Vernia y Lluïsa Lladó.






EL GANGES DE LA VIDA DE UNA MUJER.

Las manos en la india
son del color de la yema,
con los matices:
Ama ríos.

De historias del bambú
que crece tierra adentro
y el curry en Monzón de lluvia.

Arenisca de especias
de mujeres de frente lunar
y dientes de paquidermo
con el parto "espanta-brujas"
de las niñas, que como las flores del mal
sangran, para las festividades.

Las manos en la India saben a mostaza
mientras máquinas de coser 
cantan las viejas canciones
de abuelas a madres
de como salvar
la esperanza de los sueños:
Ama ríos.


miércoles, 6 de abril de 2016

Don Coradrón.


“Creo que todo el mundo debería ser una máquina."
                                    Andy Warhol




Desenrollada alfombra  noto el zumbido
en lineal acordante.

Se abren las costillas como un molusco ante el vapor
y noto la hélice desconchando el tórax.

Oh corazón, corazón.

Acabas de salir disparado.

¿Dónde está mi corazón maltrecho?

El Dron ha roto la costura  hacia el exterior
fotografiando el siniestro de las ruinas de Tebas;
prófugo dentro de la manzana nuclear
de mis pulmones, en elevado
su ejercicio aéreo con visión cernícala
de cajas de cerillas 
que almacenan los troncos recuerdos 
que irán mojados hacia el paisaje.

Fuera de mí, vuela mirlo,
y observa el silencio 
de un cúmulo.

Capitel sin tripulación
que me mira desde todas las áreas estratégicas
pues, la maquina empieza a ser persona,
y la persona máquina;
el dron llora química y yo sin su latido no respiro.

Porque vivirás donde yo no pueda, T-Hawk,
sobre el vertido, en cima
o bajo las residuales almas
que tienen un corazón volátil,
un dron capaz de regresar a la casa
mientras duermo
y me despierte a la vida.



martes, 5 de abril de 2016

Señora Curie.

Sentada frente a un ejército de adoquines de barro,
puerta lacada con retículas de vidrio,
y entre el verso que apuntalo se acerca un visitador médico.

¿Eres compañera del gremio?

Paciente, soy paciente
que abre las alas de escarabajo,
boreal que se apaga
igual que el sol mandarina
asumiendo el juicio que la tierra
con cada infortunio
la gangrena.

No, no me gusta estar aquí,
sola entre el caos
con licántropos en lista,
sentada, en una esquina de árbol.

¿Y por qué va ser malo tener miedo?

Pero, me apetece salir corriendo, cobarde,
antes de morir en la hoguera a parcelas.

Tal vez, no sea doloroso el helio
que compite contigo,
sentada, doy por hecho
que lo que jode
es que nadie te sostenga la mano
cuando te consumes
como una muñequita de cirio.

Sentada, salgo a la calle
y pienso que mañana
será otro día,
y que las guerras viven en la olla
caliente de los fogones.

Tal vez no sea doloroso el helio,
sino el desprecio de lo que amamos y nos quema
sin dejar rastro.


sábado, 2 de abril de 2016

Sin título, poemas antiguos.

Vivo en el mundo
de chocolatinas, de tropiezos con plástico.
Con la tecnología pululando
en cada pupila, en el entuerto
estomacal que somos hoy, lo que vemos.

Quisiera en áurea comprender la vida,
esquivando a la gente en la salida del metro,
entablando rivalidad
a un aire que día tras traca
pierde una lágrima de oxígeno.

Estos tendedores desnudos,
carpa utilizable de fiestas futuras,
y este silencio de cucarachas
que tímidas esperan a la noche
para bendecir cada costura de baldosa.

Sé que debo continuar,
no tener ni un ápice de piedad;
romper los espejos,
pero me gusta mirar dentro de las desnudeces.

Sin título. Poemas antiguos.

Ha sido mi maestro,
artesano,
en el proceso creativo de una
fábrica de personajes.

Amansar al can Cerbero
y trabajar (Acaba de aletear un palomo)
sus extremidades.
La línea necesaria,
para el viento, difícil hallazgo
del punto de Aquiles.

Luego recortó lo necesario,
en su traje
y durante un trapo estuve
en el guiñol a merced
de los espectadores,

Qué gran Barlovento.
El poder de domar
a tal madera,






Sin título. Poemas muy antiguos.

Desde esta Odisea
he de decir que en
habitáculo de posada de 1840.

Busco la lombriz
que me lleve a la madeja.

¿Por qué?

Que pregunta más ridícula.
compañero, me enseñó a amar.
Ese fue su propósito,
no quería hacer daño.
Era yo, que como una embarcación
estampada en una blusa
bonita la que quedaba entre
las aguas de un botón
o la etiqueta deslenguada.

¿Por qué?

Porque así estaba escrito.

Preámbulo de un poema.

La fealdad de los hangares
con las bandejas azules
que forman carruajes llenos de mentiras.

Botas usurpadas de sus extremidades.

¡Qué gran verdad!

Calcetines, medias y tobilleras
en el bazar del travelling.

He sabido de ti. Por primera vez en este mes;
sonó la llamada en la madrugada,
pero, dormía y no escuché el aullido
desde el Atlántico.

Los pasajes codificados,
documentos domésticos en fila.
Acabo de pasar el control 
de seguridad. Y se han disparado todas las
alarmas; dice que se quedará a vivir en el lejano Oeste.

Los indios no van
al cielo, y tú eres
un aeroplano lleno de 
butacas. Botella
rellenable con nuestros
cuerpos cansados.

Nos hacemos mayores.
Los gatos trepan por las palmeras.
Da 
tu
mano 
antes del despegue.