domingo, 18 de diciembre de 2016

Las tortugas del país sin concha.

He hablado con vos,
la tregua mediodía,
la voz cantante.

Me habla usted Madre,
que la felicidad ha varado en el puerto,
que los lirios florecen
y los escualos se desecan en la playa.

Ante todo Madre,
decirla que la amo,
en un mal poema reiterativo
de amar a lo que nos ha dado la vida
y que por ese designio la puede usurpar.

Feliz no, Madre,
no soy feliz.

¿Cómo puedo ser feliz?
Nunca conoceré la felicidad de las iguanas,
los fantasmas jamás abandonarán la línea del combate.

¿Feliz, cómo se siente un árbol?

Los árboles lanzan sus frutos a la tierra,
con el tiempo en comisión oportuna,
sus frutos se caen, hasta pueden ser por infortunios del proceso
o para el alimento de los pájaros.

Cómo ser feliz.

Si al árbol le han arrancado sus frutos,
ha sentido el tallo verde,
el crujido de la rama,
la rotura de los ligamentos de sus semillas.

Feliz, no Madre.

Cómo puede ser feliz, un árbol que fue expoliado
de sus frutos, antes de hora.
Arrancados como ojos humanos de la cara.
Sin esperar a la primavera ni las cosechas del almanaque.

Feliz, feliz después de la muerte.

Al menos ya sé que os amo.
Y eso ya es mucho.






No hay comentarios:

Publicar un comentario