viernes, 4 de noviembre de 2016

Sin título.

El ruido entrecortado del alumbramiento de la araña, puede retumbar
a cualquier corazón con orejas
escuchando el zumbido de los insectos
y el rasguño en las paredes del intestino
de los parásitos
que auscultan antes que nadie al poema.

Un encuentro supondría mi pena de muerte,
pero el cianuro de sobrevivir de este otoño, que se diluye cada luna
en un agonizar progresivo, después de los últimos
acontecimientos y la pérdida física de una amiga; crea que han encomendado
que prefiero morir esclava
que vivir reina.

No sé en que parte del planeta mora.
Si es zócalo, o muro.

Estrella o herida.

Balancea la espada, la espada de Damocles
enhebrando el alma que aún le pertenece.

¿Qué es el cuerpo dado a trozos
al perro hambriento, colgar sin piel
en la carnicería?

Qué verso extraño, le sucede en su periplo mundano
que sólo Lope de Vega comprendería
en este oficio de amar a lo poeta.

La espada, no la mueva se lo suplico,
pero, al beber hasta la saciedad del vinagre
con los ojos sin horario de apertura, ahogada le suplico que corte la cuerda que la sujeta.

Que ella me atraviese.Para morir antes de su huida, que hará que desaparezca
como es habitual en su menester de invisibilidad humana.

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