miércoles, 23 de noviembre de 2016

El elemento del fuego.

La llama.

La quemadura de la vianda en la lengua paciente en el plato,
que cede a la gula por el impulso del cubierto.

El poema, a punto de saltar del trampolín de una página
hacia el éxtasis de la asfixia.

La velocidad, con las ventanillas bajadas a las nubes,
con los coches en paralelo infringiendo las normas
en el descuido de los átomos
haciendo frente al impacto
con el derrape de las ruedas en el agua.

Y subir escaleras en contra de la marabunta en la terminal
porque vas a perder el avión
para anotar en el estómago el gusano
del vértigo, del aterrizaje después de la tormenta.

La calma después de la ira.
El ansia al abrir una carta.
El beso.
La vela.
El candil. 
La llama.
El elemento del fuego.
La inteligencia.
Que enciende la oscuridad en la noche.


Cómo decir que soy una devoradora de adrenalina
que muere como un pétalo entre los libros.



2 comentarios:

  1. Vivir dejandose llevar por toda la intensidad que te rodea, como un fuego que nunca se apaga.

    Un abrazo

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  2. Se apaga con el agua, se aviva con el aire. Los 4 elementos. Gracias José Manuel, un abrazo.

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