sábado, 15 de octubre de 2016

La llaga de la incomprensión verbal.

Una gota caída del cielo no hace lluvia,
ni amueblar demasiado la habitación: una casa.

El exceso de maderas 
agobian al poema, y quizás unos enseres 
basten para expresar lo que siento.

Salgo a la calle, cada día, en una propuesta de jornalera,
a explicar lo que veo, del modo más sencillo,
pero las frases viajan a sótanos
y allí se alquitranan ponderosamente.

El hombre que cambia la rueda a su auto
refleja cansancios,
y las aves son manchas de retina
que adolecen el paso de los invernaderos.

Quisiera que los rótulos de los edificios
no hablaran en la jerga del que se vende o se alquila,
en un amago contra la soledad casquivana
que puede con todo.

Un poema con pan y pan, con silla y silla.

Pero, ellos viajan más allá del inframundo.
Y cuando quiero decir lenguaje
las espuelas arañan sin saber ni siquiera
la forma en que mueren mis expresiones.

Soy así, famélica de etimología subterránea.

¿Cómo entender el sonido de una piedra desde un noveno?

Su sinfonía cóncava, de poesía que balbucea
como los niños en sueños
antes de su primera palabra.


http://revistatarantula.com/don-quijote-de-la-mancha-por-francisco-gijon/




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