viernes, 30 de septiembre de 2016

Robótica versus carne.

El amor robótico es perfecto.

Prepara ricas sopas de jazmines
y sobre su lomo, alza la volada para contemplar
los vacuos edificios.

Su tez de zinc revisa el logaritmo 
que besa cuando hacemos el amor
las lágrimas de yodo, que llevan el nombre de las hojas.

La anestesia de la coordinación
malgama el cableado
en el paraíso del árbol
que en la lejanía emite el aullido.

Vasto y corrupto con su costra el árbol mortifica
la cara interna de los órganos que lo abraza,
desconoce la receta de las flores
y más que volar, sumerge a las profundidades de la arcilla.

Pero, de la máquina perfecta lleva la entraña que late la palabra,
a pesar, de la suciedad de sus manos
y el lodo adscrito de su exuberante belleza escribiente.

Un árbol incomparable
que posee mi corazón indígena,
mientas me enredo en los filamentos nerviosos del cobre
mecida por los metálicos
igual que las barras de una cárcel.

Nosotros nos comunicamos como los árboles,
en un idioma anónimo para los herejes
y lo noto, aunque usted sin lengua
como un tronco talado
no diga nada, sobre el valor de la raíz escondida.

El amor del robot es perfecto.

Pero, sólo el corazón
puede salvar los clavos del óxido 
que están dentro de la madera.

El corazón
de la locura híbrida.

http://miraycalla.blogspot.com.es/2005_10_01_archive.html













2 comentarios:

  1. Es tan moderno, que parece hecho dentro de unos años, al poema me refiero.
    Felicidades.

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  2. Gracias Julio, siempre es una felicidad que acuda hasta los trigales poéticos e incluso algunas noches hasta patéticos.

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