lunes, 5 de septiembre de 2016

Papeles en blanco con 42 grados.

Deambular del aseo a la cocina
con este bochorno de humedad
haciendo florituras.

Por la avenida cazando caras
de transurbanos que se parecen a gente conocida
en otra ciudad, porque ésta no es mi ciudad.
Ellas se acercan como los mosquitos contra la luna de los automóviles
en velocidades crecientes
y se estallan con el sonido más parco
de la historia.

Tomo el ordenador y me entrego a él.
En el canje de teclas, yo le acaricio
y él me da el poema, en barrios,
en muecas que no existen
porque son los ojos del recuerdo que las miran.

Qué maldito calor hace el silencio.
Donde mora cada fruta, su aspiración, su vello enquistado,
su hebra de pelo, y los excesivos semblantes difuntos; cada día entregada a la marisma
de linos reses y acuarios, en la locura
de la separación conociendo el amor de otras manos.


Ilustración de Ana Juan. 


¿Dónde está el aberrante poro en que te escondes?

¿Por qué  te veo y no eres tú?


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