lunes, 1 de agosto de 2016

El baile de los escarabajos.

I

Musitó que no se perdiera en sus ojos,
para su desventura
ya nada, en ellos 
entre los mendrugos.

II

Loba boca melosa,
ojo cíclope, foco de manos que trinchan los ajos,
la parsimonia de pelar las cebollas, el tomillo,
la cadencia de cada envoltura culinaria
desprovista entre los dedos.

Lo afrutado del partir en pan
cada momento. El olor de infancia de su espalda,
campo de minas de lunares como una constelación terrenal
y el broche-tatuaje de tantos recorridos por el mundo
donde extraviada goteaba como una vela
en cada estación de servicio, y él que ha sido el cianuro
de las noches travestidas de soledad,
del enroscado gusano de nylon, cuña pezón.
La caricia prohibida y el sustantivo
alado. 

III

Pasa el tiempo y le noto cerca sin alambre,
todopoderoso,  la sencillez
que anida en usted como ninguno.
Luna que sana al depredador de mis sueños.

Que colma de agua lo que fue un pozo
de calaveras.

Mi amor.
Eres mi bien
y por ello le honro
en casa grano
de pimienta, de café, de metal, de loza, de narcóticos.  De beso y aceites.

El trébol  que llena de luciérnagas,
la fe y con ello
el alud de sentirse cuidada
y respetada.

Fiel hasta los estambres.
Hasta.
Asta.
Clavada
lanza
a la entraña.
Leal hidra como la primera vocal del todo.


https://carmenpinedoherrero.blogspot.com.es/2015/07/de-charla-con-los-dioses-odilon-redon.html
Pegaso y la Hidra, Kröller-Müller Museum, Otterlo, 1907
Odion Redon.



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