domingo, 10 de julio de 2016

Revolviendo.

I
en la playa los niños-viejos
juegan con la cometa marchita
en este casual cruce 
con la hamaca que resiste a pesar del óxido
niños viejos que fueron enlace
y ahora comparten los huecos de una furgoneta
con los naranjos con olor a insecticida
encadenamiento del pasado
que se resiste a abandonar el portaaviones
de viejos niños al amparo de diálogos
que como visillos ocultan el aire
de  niños viejos que ofrecen su cuerpo
para la gula sexual de la vacía, de la histerectomía del corazón,
de infancia en volumen de cuarentenas,
de manos pasas,
de hombros magullados.

II
si hubiese un número de teléfono
para llamar, y albergar alguna en cielo,
una posibilidad remota a control,
un coche teledirigido con mis pestañas
en la bodega, para rodar como un balón entre las piernas de lilas,
con microondas sin cable en los bajos de un contenedor,
o una sandwichera con sus fauces abiertas 
con restos de lástima y palabras de cenas en precariedad.

III

niños viejos con sus malabares,
haciendo piruetas con los alambres de la tecnología,
me duele, si yo supiera,
si hubiese un hilo,
podría revivir el infierno
con un simple "sí" de cerillas.

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