sábado, 4 de junio de 2016

Gracias por renegar, reconocí el Parnaso.

I

Hubo el barbecho establecido
sin el conocimiento previo a tanta farsa.

Un tiempo de violín para mesurar
la caída de las cosas y si ellas al rebentar contra el suelo
eran dignas de ser salvadas o por el contrario encallaban
en la arena, mar de tierra, en la impaciente claridad de tomar las decisiones.

Esperé encima de un clavo, sin saber que vivía
en la zona inversa de su púa,
acabando en atravesada entomología
en un cuadro de luces.

II

Las argucias descubiertas por un libro,
porque el mecenazgo no existe y todo posee
el precio $$$$$$ del ludópata que vendió su coche por unas monedas con dientes.

¿Cómo un escribano iba a difamar la historia de la humanidad
con la excusa de que renegar, jurar en falso,
fuera por una cuestión ilustrada y no de economía?

El ego desde lejos parece una pantomima
y los cisnes pintados en los subterráneos
saludan con sus cuellos abiertos.

Qué feliz, y qué absurda pretender en el litigio de Salomé y su comparsa,
pujar sin dinero por la subasta de un orgasmo por un sueño.

Quede con el hijo pues,
masque el chicle,
escupa un tabaco de mi saliva,
que después del rastrojo
y el compost, sepa que un albaricoque nace de mi vientre absoluto, absoluta fe
de un amor que cura
el maninfesto de la visionaria de una tragicomedia.

Amistad con el cuervo.
Amistad con la traición.
Amistad con la víbora.

Despierte Casandra, el amor tiene cara de ángel
y usted no pertenece a este burdel orgishastío.

Le diré una cosa, entre tanta endogamia,
yo nunca pagué por un polvo ni me pagaron a una carta
como a un sello.





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