viernes, 24 de junio de 2016

El retorno.

Sentía la negrura en las mejillas
en una travesía de locos.

Apoyado mi cuerpo sobre proa
como una tallada abriendo camino
mientras los camioneros apuraban sus cigarros
y absortos contemplaban la inercia de los móviles.

Aventurada a la noche
sentí la negociación planetaria
en el ejercicio de purificarme
con una luna obesa
derramando ramio por su vientre.

Fue algo que sólo ocurre cada setenta años,
pero, jamás se olvida
porque lo que no ha existido
podrá recordarse, lo que nunca sucedió
tendrá su lugar apropiado,
perdido entre las neuronas.

Pero, aún falta para llegar a casa
y los delfines duermen,
en esta nave Balearia desafiando las fosas marinas,
este tic de motor, en una acústica
de gentío en la embarcada ensoñación ballena
como una muerta en su nao vikinga llevada por la corriente
entre
llamas.

De que tú,
de,
qué tú,
y
y
y
yo fuimos uno.

Ya fuera de los continentes,
en destino isla,

siempre, las olas.




Foto hecha por mí, en un muro del Molinar, Palma de Mallorca.

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