sábado, 21 de mayo de 2016

Sin título.

Enrollada a tu cintura
voy abriendo puertas, puertas gigantes
al amparo de tu  corpulencia,
en frecuencia modulada
de tatuajes que se adhieren a mi playa
para descansar ambos en nudo marino.

De tu corazón se escuchan coplas
y películas, con viejas canciones de amor
que entonan la respiración más recóndita
en mi mano, de pez de arena,
que anida sobre la tuya en triplicada base.

Dime que sientes lo mismo,
que la selva se vuelve paraíso
al cerrar los ojos, que tu fornido
cruzas campos desnudos cada vez que el abrazo es uno.
Dime que sientes este remolino adentro en las entrañas,
que ruge hacia la libertad más encadenada.
Di si es cierto que mi sexo acontece a tu sexo
como las primeras palabras de un niño.

Y las flores esqueletos bajo la lluvia de los fluidos
aguardando que la polilla halle su luna,
cuando me pierdo en el interior de tu epidermis.

Que el beso revivido en hiedra
que viaja en este poema de destino.

Di que sientes las estrellas frigoríficas como yo las siento.

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