miércoles, 4 de mayo de 2016

Radiación de los cuerpos inverosímiles.

Y la resaca acontecida en la trastienda,
como el manuscrito poético
del color árido, tatuaje a tatuaje.

En hormigueo disipando.

Yacida contigo en una cochera de luz con bombilla
y el respiradero que trae el aliento de las cucarachas.

Sobre un colchón sin funda
nuestros cuerpos adormecen
y las formas manchan abstractas ilustraciones
que invitan al...libreto
de poemas de recónditos atardeceres,
lejos de esta nave industrial, destartalada del Olimpo Club.

La boca de pasta, el rostro compungido
mientras el amante urga cada poro
en una sonata, mejor diría en un réquiem de cuatro paredes
de dos masas que eran una.

Y observo el laberinto de tintas que perfilan cada músculo
de tu espléndida juventud, mientras consciente
desgrano el sabor, que Pizarnik supuraba con la mordida de la sábana.

Caso ocaso de la perfección absoluta
con los muelles desentonado el ritmo
de tu abrazo
y yo al filo, siempre al filo.

De la página.
De la repisa.
Del mapa.
Del continente.
Del adiós.

Con la ginebra evaporada y la regata fluvial
de susurrarme al oído
mi belleza Afrodita, concesiones de desnudez
en un almacén de persianas bajadas,
con el hambre resuelta,
un somier
y el eclipse: mácula en la retina.






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