sábado, 7 de mayo de 2016

Forajidos. Hau.

I

Llaneros solitarios formaban grupo en impar.

II

Nunca cuadraban las cuentas en la álgebra
de amores odiados
de amores adheridos
en la caravana rumbo a Colorado fin.

Uno de nosotros murió,
era el cuatrero más bello de la comarca.
Un piel roja de manos de manteca
que sabía que el don se arrimaba a las alimañas
de noches en insomnio
frente a historial de espíritus
y cortezas de árbol es-fumadas.

III

¿Tory se acuerda?
El aroma de la manta pólvora
en ranchos de estrellas
cambié la rueda a su carromato
y con los tragos más dulces
fuimos los hombres más felices bajo la tez 
de vaquero a vaquero,
de macho a macho,
de poeta a poeta.

Y en la cantina
con las chicas levantado las amapolas
giraba el puño hacia su revólver
con los caballos de las paredes que relinchaban
la ignorancia de lo que hubo y acabó en asedio.

Cada vez que en público se burla de haber matado más indios
reconozco el secreto cuero
de que lloraba tras el muro 
todas las noches de tejas.

El ferrocarril arrasó el cementerio del
hombre a hombre,
macho a macho, poeta a poeta,
de nuestro lío grande de fogueo.

Cuando un hombre amó a otro hombre
en una cabaña y le dijo que su amor no servía
ante los ojos de la divinidad.

Porque no le convenía para el camino hacia al cielo.


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