domingo, 10 de abril de 2016

Y si éramos pocos parió la inmobiliaria.

La primavera dispone la inoportunidad
de que los pájaros aniden
dentro del ojo-calavera de los edificios.

Nebulosa de polen y ácaros en disputa 
por la presidencia
y un ruido en el piso que supuestamente estaba vacío.

Han vendido la vivienda, así que,
un incómodo cambio acontece en mi vida,
valorando la ventaja que suponía coronar una cima-azotea 
en un silencio 
que a veces acojonaba.

La casa anda con la boca abierta
y han iniciado una macro-reforma dos enamorados, 
de esos que se pasan a tiro de ventana
morreándose, y a mí, la tiña
ya ha iniciado los ascensos a las neuronas.

No sólo las máquinas taladra paredes y  la voz de pito
de "Cariño, pondremos el sofá aquí" "O debemos presentarnos a la vecina".

Mirad Romero y Juliana, morad 
en vuestros habita-culos
y olvidad los protocolos cotillas
para acabar siendo un almacén de suministros de sal, azúcar y perejil.

No quiero alternar ni con la cisterna.
Es más esta misma tarde
he empezado a buscar en Google
un clarinete o mejor aún un tambor
para amenizaros las horas de siesta.

Para que odiéis, a vuestra pared contra pared,
puerta versus puerta.

Estoy en plan cápsula
con una animadversión-urticaria
a todo lo que asemeje
al amor. Sí, odio el amor,
o el amor me odia, no sé en que orden de extremaunción.

Me produce arcadas de medio punto
cualquier espejismo de gente
sin traumas, que no posee pánico al compromiso,
a que la quieran,
a mequetrefes
que construyen hogares
y piensan que las reformas
unen, cuando el amor
no es más que una grúa demoledora.
Qué se lo digan a Roma, que el amor
la incendió a base de flemas.

Para qué amar si luego te abandonan,
y las noches son insomnes,
y sueñas que tus brazos son sus brazos
que te deshacen en piel de mandarina.
Y añoras la carcajada, la voz, la camilla; la mala leche 
del tío que convirtió tu fondo de armario
en una talla más y te pasas todo el santoral escuchando a Adele
y leyendo libros de 
"Cómo superar el amor de una vida sin morir en el intento"
"Las diez ridiculeces que no debes cometer si te dejan tirada"
cuando ya llevas once.

Por favor os miraré mal,
y ni se os ocurra la murmuración
de la derrama para convertir
vuestro vínculo en una entrada de granito
y granos de acné en la luna.

¿Qué he hecho para merecer ésto?
¿Por qué una película
se ha mudado delante de mis orificios nasales?

Os repelo, y mondo.
Lo siento chicos, 
estoy asocial
 y mis gatos los saben.

Porque os deseo lo que jamás experimentaré
y es un lar lleno de lavanda
y lazos naranjas que volaran de vuestras muñecas.

Porque dormir solo no duele, ni bañarse solo,
ni leer el poema a solas.
Lo que jode es morirse sin nadie que sea de este mundo











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