domingo, 10 de abril de 2016

La chica que compartió el lápiz khol.

Cuando la reverberación

se sucede.

En el cuadrilátero
van las triadas
en trazoología-gineco

la mano al cubo
como una potencia
imperial a las cuatro esquinas de la cama
de un lienzoo-morfologíandro.

Tal vez esté prohibido
repetir la palabra.
Pero, ¿no es el poema
una multitud de palabra?

En la ciudad flanqueda
del ladrillo que se repite tantas veces:
Muro de Berlín
en exaltación de formas que son vistas
por nuestros cerebros
en sensualidad polinizafiasexualbredrío.

He visto la noche
en cuadro, la cadencia
de una fuga, dónde el pasaje
era la excusa para seguir el guisante anómalo de la circunferencia.

He pateado antros,
y he dormido en los varaderos de Tokio,
luego en escala
las alas de los aviones
como una Hermes con vagina,
viruela de no entender
lo que sucede.

Tú musa, sirena cariátide,
aprenderás a vivir con ello, después de haber olido el hedor de la muerte de los canales,
venecianas cortinastronómicas de la nada.

Y sentir, el peso del mármol Damocles
como una caracola que te transformará
mañ-ana belmonte de la amargura
de pertenecer a los elegidos;
todos unidos, como cables de cobre
enfundados en plástico
para dar electricidad
bombardeoenecoramera de árbol.

Porque sólo nos salvará la ola.








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