martes, 12 de abril de 2016

Fiat lux.

Aposentada
lo miro,
en la perplejidad académica
del pasado que fue entre carnes,
un tapón.

Ahora los alumbramientos
en distendida curiosidad
hacen el estrago
de ley
asumida, o no,
de su asomada timidez
en una coronilla.

Me encanta hablar de mi ombligo,
esta cadencia de ritmo
que sube y baja a la medida
de la  respiración.

Ombligo anáfora.
Ombligo epíteto.
Ombligo símil.
Ombligo prosopopeya.

"Fiat iustitia, ruat caelum "

Y en el regocijo
de mi ojo,
entra el hombre de la bolsa de plástico,
que lleva la sonrisa del último pan de su madre
con el vientre vuelto en los bolsillos.

Ombligo hipérbole.
Ombligo repetición.
Om.
Om.
Om.

El hombre que vende un trozo de pierna,
la porción de un cuerpo que amanece
mientras niños descalzos
en los campos de minas
pintan zapatos con sus meñiques.


Fiat iustitia, pereat mundus.








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