lunes, 21 de marzo de 2016

Torturalmabestiaria

En bandada
con la notoriedad de la renuncia
y los gatos desperezándose encima de mi cama
con su rugido interno
decorando con canciones felinas una tristeza que lleva traje de domingo.

En una carrera veloz donde la torre de Himalaya
convertida, a base de plancha de días sin contacto, en una meseta de trozos fotográficos.

No hay momento que no piense en ti, sobre todo después
de que no haya en este país más luna
que el culo metálico de una olla,
y la caricia negra de pelo 
de animales que son mejores que algunas personas.

Me gustaría dibujar con esta salsa de tomate
paisajes de Marte lejano donde tú y yo
llegásemos a un entendimiento,
mientras la gotera del silencio
cae vertical, en una lamparilla
y cinco libros que quieres ser amados.

No entiendo tu desprecio, si hice lo que me habías prometido,
tú no me amabas más que como amiga
y era una tortura de veladuras en tronos de cera
escuchar la retórica continua
de que me fuera con otro hombre.

Y por una vez te obedecí.

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