domingo, 20 de marzo de 2016

La conjuntiva y su lente de contacto.

Todos nacemos con un secreto en la epidermis,
subterránea anaconda
que ya hará lo posible por encontrar
el camino.

En la cocina, allí, un mosquito con la sangre de Marlon Brando
volaba a tres respiraciones
y en una arrebato, el extractor
engullió el mantel junto a la rabia
que lanzó por los aires tazas y otros usos de mesa.

Has clavado el tablero en la pared de azulejos
y me has obligado ante su crucifixión
a decidir.

"Tienes treinta segundos
para ser de la piezas negras o blancas"

Aún no te he dicho que marcho,
que se hace difícil con tanta estaca
poder ser de algún sitio;
tengo un demonio que me observa
desde su patíbulo
y un mosquito saciado
que nos mira de reojo,
el punto más cálido
para aterrizar su hambre.

Cómo decir que eres bello,
hermoso, en tu mortificación insurrecta,
seré para ti un talismán
y comerás de mis besos las palabras
ocultas dentro de los azucareros.

La tele no funciona, y el suelo es una mina
de cristal, no me hagas escoger
el lado, soy un muro entre dos calles.

Tal vez veas una mujer fortificada
llena de caballos de roña,
con el escorpión que hace hueco entre la uña de mi pié
haciendo un nido en el páncreas.

No, aún atardece pronto
y quiero que sepas que
la poesía tiene un secreto:

mata.




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