sábado, 5 de marzo de 2016

Gata sin dueño.

Me ha despertado la humedad de hocico de gato
y un poema que mosquito
ha puesto su aguijón en vena,
estoy en un momento
que no hay botica posible
para remediar tanta vaina
en mi abdomen.

Por eso ahora que no puedo amaros,
voy a llenar de guijarros
este río que atraviesa
un comedor, con un sofá y cuatro sillas.

No me falla la numerología
ni la sentencia de mi madre,
ves con cuidado que hay mucho listo.
E impotente me siento vigilada
y todos los almendros
son capiteles dragos
de mi próximo viaje a Polonia.

Me dijo que era alérgico a los gatos
y no observó mi pelaje callejero
ni la cola de mi karma
moradora en descampados,
en campamentos con cubos
repletos de comida
mientras lamo al vacío,
la inexistencia de una persona
que me hizo sentir la primavera cósmica.

Por eso cuando se pierde un amigo
se gana una guerra,
por eso cuando el observar la sinceridad,
respeto y abandono.
Por eso
no quería amar de nuevo,
encariñarme,
dar caricia al dolor de  la muerte
que me acompaña
y se me queda negro un trozo de taza.

Una agonía semejante
a cuando tomé
un barco y proscrita
en ostracismo
me dejaron con todos los grifos
abiertos.

Voy a dormir
que mañana
el estudio acontece.

Me perdonarás alguna vega

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