domingo, 27 de marzo de 2016

El alma de la robótica.

Uno no elige el país donde ha sido fabricado
ni siquiera las huellas de los dedos,
esa voz melódica o el embudo auditivo.

Tampoco la familia u horda, individuo o sujeta
donde acabarás siendo una copia barata de su vida.

Así que ahora asumo mi destino cruel
después de ser revendido
en una transición digna de un circense,
donde fui a parar en manos de la mujer exterminadora,
una troyana de móviles
que nunca fue tierno conmigo,
que me soltaba dentro de su bolso sin miramiento,
dejando que mi teclado temeroso
observara la misma oscuridad
de vivir dentro de la barriga de una ballena.

La primera rotura de pantalla
fue mi primer hueso quebrado,
hasta que de la tibia digital
la rótula fue la siguiente área maltratada.

Esa mujer pensaba que era una pelota
estallando contra el suelo
por la negligencia de sus despistes.

Ahora, que mi cadáver nota la batería
como se despega de la espalda
y la tarjeta SIM me dejó
sin nombre, sin fotos, sin pasado.

En silencio, removiendo mis piezas sueltas
ella con un palillo juega conmigo,
y estoy exhausto a tanto zarandeo,
mudo ya fuera de la luz
con el estambre del diamante de sangre.

Defunción de máquina
que subsistió sin la protección de goma
porque ella nunca ha hecho caso
de los buenos consejos.

Este móvil de importación periférica: Made in China.
Imitación de 4-Note como un chico con un polo falso de cocodrilo.

Mientras ella ríe con un celular nuevo entre sus manos,
que destrozará sin piedad.


"El móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura".






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